El ARN
Como se comprobó que la molécula de ADN no era una buena candidata para generar originalmente la vida, -puesto que requiere de las proteínas para duplicarse y éstas necesitan de la información del ADN para formarse-, se pensó en el ARN como posible candidato. Se propuso así la hipótesis de “el mundo del ARN”. Sin embargo, esta teoría presenta también numerosos inconvenientes. ¿Cómo pudieron formarse por primera vez las moléculas del azúcar ribosa, el ácido fosfórico y las bases nitrogenadas (adenina, citosina, uracilo y guanina) que constituyen el ARN? ¿Cómo han podido ordenarse los nucleótidos a sí mismos para lograr tales estructuras moleculares tridimensionales que determinan su funcionalidad? ¿Cómo a partir del ARN hubieran podido surgir las sofisticadas células actuales que requieren, casi exclusivamente, de las proteínas para funcionar adecuadamente?
La teoría del mundo de ARN no responde a nada de esto. Es más, incluso aunque se consiguiera alguna vez crear una molécula de ARN replicante en el laboratorio, lo que se demostraría en realidad es que se necesita un diseño inteligente previo para lograrlo. El azar por sí solo no es suficiente. En resumen, la hipótesis del mundo de ARN es un intento desesperado de salvar la teoría de la evolución química de la vida. Lo intenta, sí, pero no lo consigue.
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