Los cinco grandes problemas de la Teoría de la Evolución
La teoría de la evolución, cuyo origen se debe a Charles Darwin, ha arraigado plenamente en la sociedad occidental. Es una teoría que ha logrado fundamentar gran parte de las ideologías actuales y que se ha venido enseñado durante muchos años en las universidades y centros de educación secundaria e incluso en la escuela elemental. Sin embargo, a finales del año 2016 se celebró en Londres, en la Royal Sociaty, un encuentro mundial de biólogos evolutivos con el fin de tratar acerca de los importantes problemas científicos que todavía sigue planteando dicha teoría. En dicho encuentro participaron investigadores de primera línea como: James Saphiro, Gerarg Muller, Elis Nobel y Eva Jablonka, a quienes se les pidió que tratasen acerca de las principales lagunas de conocimiento que tiene actualmente el neodarwinismo.
Se debatieron diversos aspectos y se puso de manifiesto, en primer lugar, la gran distancia que existe entre las opiniones de los eruditos y las del resto de la sociedad. Es decir, los divulgadores y la gente común continúan creyendo y enseñando principios, por medio de los libros de texto, que fueron descartados hace ya tiempo por los expertos en evolución. En resumen, se concluyó que la teoría de la evolución se enfrenta hoy a los siguientes cinco problemas fundamentales que aún no han sido convenientemente explicados por lo evolucionismo.
La teoría neodarwinista de la evolución y la teología cristiana
El neodarwinismo afirma que todos los seres vivos de este planeta evolucionaron a partir de un primer antepasado común. El principal hecho en el que se fundamenta dicha creencia es que casi todos los organismos presentan ADN en el núcleo de sus células, así como el mismo código genético. Es cierto que algunas formas microscópicas tienen ARN en vez de ADN pero el código sigue siendo parecido. Desde luego, se podría pensar que Dios usó el mismo plan básico de diseño o las mismas biomoléculas fundamentales para crear a todos los seres vivos. Aunque, desde la perspectiva científica, resulte más lógico creer que semejante parecido genético se deba a que todos descenderíamos del mismo antepasado común que ya poseía dicha macromolécula fundamental de ADN.
No obstante, cuando se estudia la evidencia fósil se descubre que esta no corrobora en absoluto la doctrina del antepasado común. Ya el propio padre de la teoría de la evolución, el naturalista Charles Darwin, se dio cuenta en su tiempo de que no había fósiles suficientes, a medio camino entre las distintas especies, como para respaldar su teoría gradualista y achacó dicha pobreza a las pocas prospecciones realizadas. Sin embargo, abrigaba la esperanza de que tales fósiles aparecerían en el futuro. En "El origen de las especies" escribió: “si mi teoría es cierta, tienen que haber existido indudablemente innumerables variedades intermedias que enlacen estrechamente todas las especies del mismo grupo; (...) En consecuencia, solo pueden encontrarse pruebas de su existencia pasada entre los restos fósiles, los cuales se han conservado, (...) en un archivo sumamente imperfecto e intermitente”. Por desgracia para su teoría, las variedades intermedias fósiles, o los llamados eslabones perdidos siguen todavía perdidos, después de miles de prospecciones y de haber hallado más de 300.000 especies fósiles distintas. Ya no se puede decir que no se ha excavado lo suficiente. El registro fósil que existe hoy es abundante y no corrobora el gradualismo imaginado por Darwin. Esto lo admiten hasta los más grandes defensores del evolucionismo.
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