¿Descendemos de los simios o de Adán y Eva?

Los simios carecen de cola (chimpancés, bonobos, gorilas, orangutanes, etc.) mientras que los monos, en cambio, poseen dicho apéndice más o menos pronunciado (papiones, monos araña, aulladores, etc.). La mayoría de las personas conoce desde su infancia la teoría evolucionista. No solo se explica como un hecho confirmado por la ciencia en escuelas, institutos (high school) y universidades sino que también se enseña en muchos seminarios cristianos. Lo que no conoce, la mayor parte de la gente, es la cantidad de problemas científicos importantes que presenta este modelo evolutivo, ni el hecho de que muchos investigadores lo acepten también por fe, a pesar de las muchas evidencias que lo contradicen.

Pocas personas son conscientes de que hay hechos científicos que respaldan la realidad de un primer Adán y una primera Eva literales. Los últimos descubrimientos de la ciencia, especialmente de la genética, libres de prejuicios e interpretaciones darwinistas, apoyan como veremos la perspectiva bíblica de varias maneras. Hace aproximadamente una década, muchos teólogos cristianos, sobre todo en los Estados Unidos, empezaron a rechazar la historicidad de Adán y Eva, en base a evidencias genéticas que parecían convincentes entonces, pero que hoy resultan indefendibles.

Actualmente se dispone de varios argumentos genéticos que refutan la idea de los orígenes humanos y de los simios a partir de antepasados comunes, a la vez que sustentan la visión bíblica tradicional. ¿Qué deducciones fundamentales pueden hacerse a partir de las investigaciones genéticas realizadas durante los últimos diez años y publicadas en las propias revistas científicas evolucionistas?