El "Adán cromosómico"

La genética sustenta también la enseñanza bíblica de que Adán fue el padre de toda la humanidadUna buena manera de contrastar los resultados obtenidos con el ADN de la Eva mitocondrial, sería estudiar también la variabilidad de alguna parte del ADN del núcleo celular, que se transmitiera solo por vía paterna y tampoco experimentara recombinación. El candidato perfecto para ello fue el cromosoma Y masculino que solo lo heredan los varones. Estudios de la genética de poblaciones sobre el mismo han puesto de manifiesto otra verdad bíblica fundamental: Adán es el padre de toda la humanidad. De la misma manera que en el caso de Eva, muchos evolucionistas lamentan ahora haber acuñado este nombre, “Adán cromosómico” (o Adán cromosomal-Y), y actualmente tienden a evitarlo. Sin embargo, todos están de acuerdo en que existió este ser humano –homólogo de la Eva mitocondrial– y que correspondería al ancestro común que poseía el citado cromosoma Y del que descienden todos los demás cromosomas Y masculinos de la población humana actual.

Cuando se realizó la secuenciación del cromosoma Y del chimpancé se vio que era radicalmente diferente al cromosoma Y del ser humano. Su tamaño alcanza solo la mitad del que posee el cromosoma del hombre. En un primer momento, se dijo que ambos cromosomas diferían en más de un 30% pero estudios posteriores aumentan esta cantidad hasta casi el 40%. El problema para la tesis evolucionista es que conseguir semejante divergencia entre simios y humanos en tan solo 6 millones de años -como requiere el evolucionismo- supondría una tasa de mutación increíblemente alta para este cromosoma Y de los machos. A pesar de todo, como suele ocurrir habitualmente ante los datos incómodos que no encajan con la teoría, se supuso que el cromosoma Y humano habría evolucionado muy rápidamente, adquiriendo numerosos genes en poco tiempo, mientras que el de los chimpancés habría degenerado mucho, perdiendo hasta el 40% de sus genes originales. El inconveniente para el evolucionismo es que, si las secuencias del cromosoma Y mutan muy rápidamente, ¿cómo es posible que todos los varones actuales posean cromosomas Y casi idénticos y éstos sean tan similares al del Adán cromosómico? Incluso si se asume una tasa de mutación normal para el cromosoma Y (de aproximadamente una mutación por cromosoma y por generación), solo se necesitarían unas 300 generaciones (alrededor de 6.000 años) para obtener las 300 mutaciones que nos separan del Adán cromosómico.

Es evidente que esto concuerda perfectamente con la perspectiva bíblica. Sin embargo, desde el evolucionismo los números no encajan. Si el antepasado varón de todos los hombres actuales vivió hace entre 100.000 y 200.000 años -como propone la teoría-, se deberían hallar más de cien mil mutaciones entre los hombres modernos y el cromosoma Y de Adán. Sobre un 333% más de lo que realmente se ha observado. Se mire como se mire, el cromosoma Y masculino constituye un grave problema para la teoría de la evolución, pero coincide con lo que dice la Biblia.

 

El Adán cromosómico y la Eva mitocondrial vivieron esencialmente al mismo tiempo, en un pasado no tan remoto

Al principio, el evolucionismo creía que el Adán cromosómico y la Eva mitocondrial vivieron en un pasado muy lejano y no se conocieron. No fueron contemporáneos sino que habrían estado separados por más de 100.000 años. Las dataciones de los relojes moleculares suelen modificarse cada vez que se analizan nuevas secuencias de ADN. La antigüedad propuesta para el Adán cromosómico ha venido variando desde los 50.000 años iniciales hasta los 581.000 años atrás. Semejante grado de variabilidad indica lo poco precisos que resultan tales cálculos y, a la vez, ponen de manifiesto la reducida certeza científica que aportan. A pesar de todo, un equipo de investigación de la Universidad de Stanford en California, después de secuenciar el cromosoma Y de 69 varones de todo el mundo, descubrió en 2013 cerca de 9.000 variaciones desconocidas de dicha secuencia de ADN. Emplearon dichas secuencias para crear un reloj molecular, como se suele hacer habitualmente, y llegaron a la conclusión de que la Eva mitocondrial y el Adán cromosómico habían sido contemporáneos y no estuvieron separados por cientos de miles de años. Esta es la última conclusión a la que llegaron.

La genética moderna no es enemiga de Adán y Eva, como algunos creen, sino todo lo contrario. Los últimos descubrimientos, libres de interpretaciones evolucionistas, corroboran aquellas antiguas palabras de la Escritura: "Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó" (Gn. 1: 26-27). Este es nuestro verdadero origen: venimos de Dios y vamos a Dios.

 

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