Introducción al método cristológico

El estudio de la persona y la obra de Cristo están en el centro mismo de la teología cristiana. En la historia de la iglesia, el debate más acalorado en cristología ha sido el de cómo entender la persona y la obra de Jesucristo. Algunos teólogos recientes han determinado que Cristo no puede ser a la vez humano y Dios, y tratan de investigar históricamente la vida de Jesús utilizando esta forma de pensar. Ciertos investigadores, encabezados por Rudolf Bultmann, creen que la historia de Cristo está rodeada por el mito y que la clave para entender la cristiandad es reinterpretar el mito para saber cómo influyó Jesús en sus discípulos y en la gente que le rodeaba. Sin embargo, una perspectiva que utilice la fe para interpretar la historia de Jesús, encontrado a través de la razón, puede que proporcione la metodología cristológica más adecuada. Es importante que investiguemos y saquemos nuestras propias conclusiones en lo que se refiere a estos temas. Para entender el ambiente contemporáneo de la construcción cristológica, será necesario examinar su contexto histórico. Ya que los enfoques actuales de la forma de hacer cristología representan la culminación de un largo proceso que implica reacciones y contrarreacciones.

La deidad de Cristo

La deidad de Cristo se encuentra en la cumbre de la controversia y la creencia sobre la fe cristiana. Aunque algunos han sobredimensionado la deidad de Cristo, otros como los ebionitas y los arrianos han dibujado a Cristo como un humano único que no poseía ninguna naturaleza divina. Pasajes bíblicos relevantes indican claramente que este no es el caso. Más recientemente, se ha desarrollado la “cristología funcional,” que se centra en las acciones de Jesús más que en su naturaleza. Una vez más, la evidencia bíblica no apoya esta idea. La deidad de Cristo tiene auténtico valor para el creyente en cuanto al conocimiento de Dios, la nueva vida, la relación personal con Dios y la habilidad para alabar a Cristo por lo que es.

La humanidad de Cristo

Aunque la doctrina de la humanidad de Cristo es menos controvertida que la de su divinidad, ha habido varias antiguas herejías y teorías más modernas que niegan o disminuyen su humanidad. El hecho de que Jesús careciese de pecado plantea un problema especial. Algunos mantienen que Jesús no podía ser humano si no pecaba. Esta no tiene por qué ser necesariamente la conclusión. Hay varias implicaciones que se desprenden del hecho de aceptar la posición ortodoxa de la humanidad de Jesús.

La naturaleza de Cristo

La doctrina de la persona de Jesucristo no termina en el momento de describir sus naturalezas divina y humana. La unidad de estas dos naturalezas tiene implicaciones extensivas al entendimiento de la teología cristiana. Mediante el estudio de la antropología, los humanos han intentado descartar o sobrevalorar la idea de la unidad de Jesucristo. Sin embargo, el material bíblico e histórico apoya la idea de que Cristo tiene ambas naturalezas humana y divina unidas en una sola persona. Esto no procede directamente de una perspectiva humana, porque la humanidad no puede entender la unión de esas dos naturalezas.

El nacimiento virginal de Cristo

Después de la resurrección, el nacimiento virginal es el suceso más controvertido de la vida de Jesucristo. A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, el tema del nacimiento virginal se convirtió en un asunto que probaba la creencia de la gente en lo sobrenatural. Aunque la terminología “concepción virginal” resulta más adecuada para explicar el significado de una concepción que es sobrenatural que la de un “nacimiento virginal,” esta última se convirtió en la expresión más común para referirse a esta doctrina. Las dos referencias bíblicas, que discuten el nacimiento virginal, Mateo 1 y Lucas 1, satisfacen la coherencia de las Escrituras en cuanto a la creencia en el nacimiento virginal. Como un elemento clave de la cristología, creer en el nacimiento virginal es necesario para la teología cristiana.

La obra de Cristo

La obra de Cristo es especialmente conveniente para el papel que desempeña en la Trinidad. Tradicionalmente, la obra de Jesús se ha clasificado basándose en las tres funciones básicas que realiza: su papel revelador, su gobierno y su obra reconciliadora. En el tiempo, hay dos etapas principales en la obra de Cristo: la humillación y la exaltación. La obra de Cristo no se limita a estas áreas, pero estos títulos para la obra de Cristo nos ayudan a identificar y dar significado a lo que Cristo ha hecho por la humanidad.

La expiación de Cristo

El símbolo más reconocible del cristianismo es la cruz. Su importancia se fundamenta en la obra expiatoria de Cristo. Es la doctrina de la expiación la que se convierte en el punto de transición entre las doctrinas objetivas de Dios, la humanidad, el pecado y la persona de Cristo, y las doctrinas subjetivas. Esta transición es el elemento clave para equilibrar la teología cristiana y hacerla relevante para el creyente. Históricamente, el significado de la expiación ha sido controvertido. Diferentes teorías sobre la expiación se han ocupado de distintos elementos. Muchas de estas teorías no integran todos los elementos. Entre los elementos o verdades que ciertas teorías presentan están las siguientes: el ejemplo de Cristo, la demostración de la amplitud del amor de Dios, la severidad de la rectitud de Dios y la seriedad del pecado, la victoria sobre la muerte y la satisfacción por nuestros pecados. Estas verdades son evidentes en la expiación, y deberían incluirse en la explicación de la misma.