La enseñanza bíblica sobre la deidad de Cristo

Una de los temas más controvertidos y no obstante más cruciales de la teología cristiana es el de la deidad de Cristo. Se encuentra en el centro de nuestra fe. Ya que nuestra fe reside en que Jesús sea realmente Dios hombre, y no simplemente un hombre extraordinario, incluso aunque sea la persona más excepcional que haya vivido nunca.

Empezamos nuestra investigación en el punto en el que toda nuestra construcción doctrinal debe empezar: el testimonio de las Escrituras. Aquí encontramos una amplia variedad de material y de énfasis, pero no divergencia de opinión. Aunque no es posible investigar todas las referencias que tratan sobre esta consideración, al menos podemos entrar en contacto con los datos.

Hay varias implicaciones importantes de la doctrina de la deidad de Cristo:

1. Podemos tener un conocimiento real de Dios. Jesús dijo: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn. 14:9). Mientras que los profetas llevaban un mensaje de Dios, Jesús era Dios. Si queremos saber cómo es el amor, la santidad, el poder de Dios, sólo tenemos que mirar a Cristo.

2. La redención está a nuestra disposición. La muerte de Cristo es suficiente para todos los pecadores que han vivido nunca, porque no era sólo un humano finito, sino un Dios infinito el que murió. Él, la Vida, el Dador y Sustentador de vida, que no tenía que morir, murió.

3. Dios y la humanidad se han reunido. No fue un ángel, o un humano el que vino de Dios a la raza humana, sino que Dios mismo cruzó el abismo creado por el pecado.

4. Alabar a Cristo es apropiado. No sólo es la más alta de las criaturas, sino que es Dios en el mismo sentido y en el mismo grado que el Padre. Merece nuestra alabanza, adoración y obediencia como la merece el Padre.