La deidad de Jesús en el Nuevo Testamento
Cuando examinamos todo el Nuevo Testamento, encontramos que lo que sus escritores dicen sobre Jesús es totalmente coherente con lo que Jesús dice y reclama para sí mismo. El Evangelio de Juan es, por supuesto, reconocido por sus referencias a la deidad de Jesús. El prólogo en particular expresa esta idea: “En el principio era el Verbo, el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios.” Lo que Juan dice realmente es: “Divino [o Dios] era la Palabra” ('theos ēn ho logos'). Colocar 'theos' primero, en contraste con el orden de palabras de la frase anterior, hace que la frase tenga mayor fuerza. Identificó el Verbo como divino y distinguió el Verbo de Dios. No está describiendo un monoteísmo simple o un monarquianismo modalista. El resto del Evangelio apoya y amplía la idea central del prólogo.
La epístola de Hebreos es también muy enfática en lo referente a la divinidad de Jesús. En el capítulo de apertura el autor habla del Hijo como el resplandor de la gloria de Dios y la representación exacta de su naturaleza ('charakter tes hupostaseos autou', He. 1:3). Este Hijo, a través del cual Dios creó el mundo (v. 2), también mantiene (o sustenta) todas las cosas mediante la palabra de su poder (v. 3). En el versículo 8, que es una cita de Salmos 45:6, el Hijo es tratado como “Dios.” El argumento aquí es que el Hijo es superior a los ángeles (1:4-2:9), Moisés (3:1-6), y los sumos sacerdotes (4:14-5:10). Es superior porque no es sólo un ser humano o un ángel, sino algo más, concretamente, Dios.
Pablo con frecuencia da testimonio de la deidad de Jesús. En Colosenses 1:15-20 Pablo escribe que el Hijo es la imagen ('eikōn') del Dios invisible (v. 15); él es en quien, a través de quien y por quien todas las cosas subsisten (v. 17). En el versículo 19 Pablo lleva esta línea de argumentación a una conclusión: “porque al Padre agradó que en él habitara toda la plenitud ('plērōma').” En Colosenses 2:9 expone una idea muy similar: “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad.”
Pablo también confirma algunas de las afirmaciones que Jesús había hecho anteriormente. El Juicio en el Antiguo Testamento se le adjudica a Dios. En Génesis 18:25 Abraham se refiere a Dios como el “Juez de toda la tierra.” En Joel 3:12 Jehová proclama: “porque allí me sentaré para juzgar a todas las naciones de alrededor.” Ya hemos señalado que Jesús dijo que él mismo juzgaría a las naciones (Mt. 25:31-46). Pablo confirma esta afirmación. Aunque en ocasiones hace referencias al juicio de Dios (por ejemplo, Ro. 2:3), también habla de “Jesucristo que juzgará a los vivos y a los muertos” (2 Ti. 4:1) o del tribunal de Cristo (2 Co. 5:10).
Un pasaje paulino que trata del estatus de Jesús se ha convertido en tema de considerable controversia. A primera vista Filipenses 2:5-11 es una afirmación clara de la deidad de Jesucristo, ya que habla de él como siendo o existiendo en la “forma” ('morphē') de Dios. En el griego bíblico y clásico este término hace referencia a “todo el conjunto de características que hacen de algo lo que es.” Sin embargo, en estudios recientes este punto de vista sobre el pasaje ha sido cuestionado. Muchas interpretaciones modernas de Filipenses 2:5-11, parten de Ernst Lohmeyer, que propuso que lo que tenemos aquí es en realidad una cita de un himno litúrgico: el pasaje se puede dividir en dos estrofas, cada una de las cuales se compone de tres estancias de tres líneas. Además, según Lohmeyer, el himno no es helenístico, sino arameo en origen, esto es, se puede seguir su pista desde los primeros cristianos hebreos. Como prueba señala cuatro paralelismos con el Antiguo Testamento:
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“En forma de Dios” (RSV v. 6) – “a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Gn. 1:26).
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“Se despojó a sí mismo” (v. 7) – “derramó su vida” (Is. 53:12).
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La imagen de Jesús como siervo – Isaías 53.
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“Se hizo semejante a los hombres” (v. 7) – “como un hijo de hombre” (Dn. 7:13).
El principal punto para nuestros propósitos es que “en forma de Dios” se ha igualado con una referencia del Antiguo Testamento a la imagen y semejanza de Dios. Que la Septuaginta a veces utilice 'morphē' en el sentido de 'eikōn' se presenta como prueba de que “en forma de Dios” se tiene que entender como la imagen de Dios que se encuentra en todos los seres humanos. Según esto, algunos estudiosos tienen la hipótesis de que el antiguo himno cristiano que Pablo tomó no presentaba a Jesús como el Dios preexistente, sino simplemente como un segundo Adán. Interpretan que “[él] no consideraba la igualdad con Dios algo que debía alcanzarse” como el intento de Adán de convertirse en Dios. Al contrario que Adán, Jesús no intentaba igualarse a Dios. Hay numerosos problemas con la interpretación de Lohmeyer:
1. No hay acuerdo sobre la división específica del pasaje en estancias.
2. Incluso si el pasaje representa un himno, la forma no puede controlar la interpretación.
3. El origen de una porción de material no es el único factor que explica su significando. Proceder como si fuera así es cometer una falacia genética.
4. Interpretar 'morphē' como equivalente de 'eikōn' es como mucho insustancial. Basándose en unas escasas apariciones de 'morphē' en la Septuaginta, este argumento ignora el sentido clásico fundamental de la palabra: la sustancia, el significado genuino, de una cosa.
Concluimos, entonces que Filipenses 2:6 realmente enseña una preexistencia ontológica del Hijo. Y todo el pasaje, como mantiene Reginald Fuller, presenta un “patrón cristológico triple”: Jesús, siendo Dios, se vació a sí mismo, se convirtió en hombre, y después fue exaltado de nuevo al estatus de deidad o de igualdad con el Padre.
Por otro lado, hay un tipo de argumento más general para la deidad de Cristo. El Nuevo Testamento atribuye el término 'kurios' (“Señor”) a Jesús, en particular en su estado resucitado y ascendido. Aunque el término se puede utilizar sin ninguna gran connotación cristológica, hay varias consideraciones que argumentan que el término significa divinidad cuando se aplica a Jesús. Primero en la Septuaginta 'kurios' es la traducción normal del nombre "Jehová" y del reverencial 'Adonai' que a menudo se sustituía por él. Además varias referencias en el Nuevo Testamento a Jesús como “Señor” son citas de textos del Antiguo Testamento que emplean uno de los nombres hebreos para Dios (por ejemplo Hch 2:20-21 y Ro. 10:13 [cf. Jl. 2:31-32]; 1 P. 3:15 [cf. Is. 8:13]. Estas referencias dejan claro que los apóstoles querían dar a Jesús el título de Señor en el más amplio sentido. Finalmente 'kurios' se utiliza en el Nuevo Testamento para designar tanto a Dios Padre, el Dios soberano (por ejemplo, Mt. 1:20; 9:38; 11:25; Hch 17:24; Apoc. 4:11) como a Jesús (por ejemplo Lc. 2:11; Jn. 20:28; Hch 10:36; 1 Co. 2:8; Fil.2:11; Stgo. 2:1; Apoc. 19:16). William Childs Robinson comenta que Jesús: “es tratado como el Señor ensalzado, está tan identificado con Dios que hay ambigüedad en algunos pasajes sobre si se hace referencia al Padre o al Hijo (por ejemplo, Hch. 1:24; 2:47; 8:39; 9:31; 11:21; 13:10-12; 16:14; 20:19; 21:14; cf. 18:26; Ro. 14:11).” Para los judíos en particular el término 'kurios' sugería que Cristo era igual al Padre.
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