Monarquismo modalista de la Trinidad
El monarquismo modalista fue una enseñanza bastante popular y extendida. Mientras que el monarquismo dinámico parecía negar la doctrina de la Trinidad, el modalismo parecía confirmarla. Las dos variantes del monarquismo deseaban preservar la doctrina de la unidad de Dios. Sin embargo, el modalismo estaba también muy comprometido con la deidad total de Jesús. Como el término Padre se consideraba generalmente como la expresión de la Divinidad misma, cualquier sugerencia de que la Palabra o el Hijo fueran de alguna manera distintos al Padre molestaba a los modalistas. Les parecía un caso de biteísmo.
Entre los nombres que se asociaban al modalismo están Noetus de Esmirna, que estuvo activo en la última parte del siglo II; Praxeas (este en realidad puede ser un apodo que significaba “fisgón” de un hombre de iglesia no identificado), a quien Tertuliano combatió a principios del siglo tercero; y Sabelio, que escribió y enseñó a principios del siglo III. Fue Sabelio quien desarrolló este concepto doctrinal en su forma más completa y sofisticada.
La idea esencial de esta escuela de pensamiento es que hay una Divinidad que se puede designar con nombres distintos: Padre, Hijo o Espíritu. Los términos no representan distinciones reales, sino que son simplemente nombres apropiados y aplicables en diferentes momentos. Padre, Hijo y Espíritu Santo son idénticos: son revelaciones sucesivas de la misma persona. La solución modalista a la paradoja de las tres personas y la unidad era la de que había una sola persona, no tres, con tres nombres, actividades o roles distintos.
Otra idea básica expresada por el modalismo fue que el Padre sufrió con Cristo, ya que estaba realmente presente en él y era personalmente idéntico al Hijo. Esa idea etiquetada con el nombre de “patripasianismo,” fue considerada herejía y fue uno de los factores que llevó al rechazo del modalismo. (Puede ser que la razón principal por la que se repudió el patripasianismo no fuera su conflicto con la revelación bíblica, sino con la concepción filosófica de la impasibilidad).
El monarquismo modalista fue una creación genuinamente singular, original y creativa, y de alguna manera un brillante avance. Se preservaba tanto la unidad de la Divinidad como la deidad de las tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Sin embargo, la iglesia al evaluar esta teología consideró que le faltaban cosas en ciertos aspectos significativos. En particular, el hecho de que las tres aparezcan ocasionalmente de forma simultánea en la revelación bíblica es un importante impedimento para este punto de vista. Algunos de los textos trinitarios resultaron problemáticos. La escena del bautismo, cuando el Padre habla al Hijo, y el Espíritu desciende sobre el Hijo, es un ejemplo, junto con los pasajes donde Jesús habla de la venida del Espíritu, o habla del Padre o con Él. Si se acepta el modalismo, las palabras y las acciones de Jesús en estos pasajes deben considerarse engañosos. En consecuencia, la iglesia, aunque alguno de sus representantes oficiales e incluso los papas Ceferino y Calixto I trabajaron con estas ideas durante algún tiempo, acabaron rechazándolas por ser insuficientes para recoger toda la variedad de datos bíblicos.
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