Adoración
Otra actividad de la iglesia es la adoración. Mientras que la edificación se centra en los creyentes y les beneficia a ellos, la adoración se centra en el Señor. La iglesia primitiva se reunía para adorar de forma regular, una práctica ordenada y recomendada por el apóstol Pablo. Su recomendación a los corintios de que reservasen dinero el primer día de la semana (1 Co. 16:2) sugiere que se reunían con regularidad para adorar ese día. El escritor de Hebreos exhorta a sus lectores a no descuidar el reunirse todos juntos como era la costumbre de algunos (He. 10:25). Aunque la adoración pone el énfasis en Dios, también intenta beneficiar a los que la realizan. Podemos sacar esta conclusión de la advertencia que hace Pablo contra las oraciones, las canciones y las acciones de gracia que no son capaces de edificar porque no hay nadie presente que explique su significado a las personas que no lo entienden (1 Co. 14:15-17).
La alabanza, la adoración y la exaltación de Dios eran una práctica común en el Antiguo Testamento, como podemos ver en particular en el libro de los Salmos. En las imágenes del cielo del libro del Apocalipsis y en otras partes, al pueblo de Dios se le representa como reconociendo y declarando su grandeza. En este aspecto de su actividad, la iglesia centra su atención en quién y qué es Dios, no en sí misma. Trata de expresar adecuadamente la naturaleza de Dios, no de satisfacer sus propios sentimientos.
En este punto es importante señalar el lugar de varias funciones de la iglesia. En los tiempos bíblicos la iglesia se reunía para adorar e instruir. Después salió a evangelizar. En la adoración, los miembros se centraban en Dios; en la instrucción y la comunión, se centraban en sí mismos y en los demás cristianos; en la evangelización, volvían su atención hacia los que no eran cristianos. Es bueno para la iglesia mantener cierta separación entre estas actividades. Si esto no se hace, una o más pueden quedar arrinconadas. Como resultado la iglesia sufrirá porque todas estas actividades, al igual que los elementos de una dieta equilibrada, son esenciales para la salud espiritual y el bienestar del cuerpo. Por ejemplo, la adoración a Dios sufre si la reunión del cuerpo se centra principalmente en la interacción entre cristianos, o si el culto se dirige principalmente a evangelizar a los no creyentes que están presentes. Este no era el patrón de la iglesia en el libro de los Hechos. Más bien, los creyentes se reunían para alabar a Dios y edificarse; después salían para alcanzar a los perdidos.
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