La evidencia de la resurrección

Para algunos el enfoque que hemos tomado en nuestro esfuerzo de demostrar la deidad de Jesús puede que no parezca crítica en su naturaleza, por utilizar la Biblia sin tomar en consideración los descubrimientos de los métodos más radicales de la investigación bíblica. Sin embargo, hay otra manera de establecer la deidad de Jesús, una manera que no nos enreda en discutir temas críticos punto por punto. En secciones anteriores mencionamos la metodología conocida como “Cristología desde abajo.” Ahora volvemos de nuevo a la cristología de Wolfhart Pannenberg, especialmente tal como la desarrolla en su libro "Jesus—God and Man". Algunos teólogos contemporáneos han buscado elaborar una cristología basada en los conceptos que Jesús tiene de sí mismo antes de la resurrección; entre ellos están Werner Elert, Paul Altaus, Ernst Käsemann y Gunther Bornkamm. Sin embargo, este no es el curso que escogió seguir Pannenberg. Su cristología se basa ampliamente en la resurrección de Jesús.

Pannenberg ve una dimensión muy escatológica en el ministerio de Jesús. Junto con Bornkamm, Rudolf Bultmann, Heinz Eduard Tödt y otros, mantiene que el estrato más antiguo de los dichos del Nuevo Testamento sobre el Hijo del hombre, que vendrá de los cielos para juzgar a los hombres, es de Jesús mismo; no son formulaciones de la primera comunidad cristiana. Todo el ministerio de Jesús tenía un carácter anticipatorio. Como las declaraciones proféticas del contexto apocalíptico, sus afirmaciones requerían una confirmación futura. Por lo tanto, no respondía a las demandas de los fariseos de una inmediata “señal de los cielos.” Y aunque en respuesta a los discípulos de Juan el Bautista, Jesús señaló que las obras salvadoras del fin de los tiempos estaban sucediendo en su ministerio, estableciendo su identidad, la auténtica verificación todavía tendría lugar en el futuro.

El argumento de Pannenberg sólo se puede entender bajo su punto de vista de la revelación y la historia. Para Pannenberg, la historia en su conjunto es revelador. Por tanto, se puede decir que la revelación ha sucedido completamente sólo cuando la historia ha seguido su curso, porque sólo entonces podemos ver dónde ha llegado. Se podría esperar, por tanto, que la historia no tuviera valor revelador para nosotros ya que nosotros sólo tenemos partes incompletas, como las piezas de un puzzle. Sin embargo, la resurrección, como es el fin de la historia, al haber sucedido de forma anticipatoria, nos ofrece revelación, incluso dentro del tiempo.

Pannenberg mantiene que la resurrección se debe entender desde el punto de vista de la tradición histórica de la que forma parte. Aunque se ha hecho bastante común considerar un evento como una constante y su interpretación como una variable que cambia con el tiempo, él une ambas. El significado de un evento es el significado que le adjuntan las personas en cuya historia entra. Pannenberg señala lo que el hecho de la resurrección de Jesús habría significado para los judíos de aquellos tiempos:

1. Para un judío de aquellos tiempos la resurrección de Jesús habría significado que había empezado el fin del mundo. Pablo esperaba que la resurrección de toda la gente, y en especial de los creyentes, siguiera rápidamente a la de Jesús. Por tanto habló de Jesús como “primicias de los que murieron”(1 Co. 15:20) y “el primogénito de entre los muertos” (Col. 1:18).

2. La resurrección habría sido evidencia de que el mismo Dios confirmaba la actividad pre-pascual de Jesús. Para los judíos, el reclamo de autoridad de Jesús, poniéndose a sí mismo en el lugar de Dios era una blasfemia. Sin embargo, si fue resucitado de entre los muertos, tuvo que ser el Dios de Israel, el Dios al que supuestamente había blasfemado, el que le resucitó. Por lo tanto, los judíos de aquel tiempo, habrían considerado la resurrección como la confirmación de Dios de que Jesús realmente era lo que decía ser.

3. La resurrección habría establecido que el Hijo del hombre no era otro que el hombre Jesús. Antes de la Pascua, se tenía a Jesús por un hombre que caminaba visiblemente sobre la tierra; el Hijo del hombre era un ser celestial que vendría en un futuro del cielo. Sin embargo, tras la Pascua, los dos fueron considerados idénticos.

4. La resurrección habría significado que Dios al final se había revelado en Jesús. Sólo al final de los tiempos se puede revelar plenamente Dios en su divinidad. El fin del mundo ya está presente en la resurrección de Jesús; por lo tanto Dios se revela en él. En Jesús, Dios ya ha aparecido en la tierra. Aunque este concepto carece de la precisión que encontramos en la cristología ortodoxa posterior, “la divinidad de Jesús ya queda implicada en cierta manera en el concepto de la aparición de Dios en él.”

Habiendo visto esto, que para los judíos de los tiempos de Jesús su resurrección habría significado divinidad, debemos preguntar por la evidencia de ello. Pannenberg señala la aparición del cristianismo, que Pablo remonta a las apariciones de Cristo resucitado. Si la aparición del cristianismo se puede entender “sólo si se examina a la luz de la esperanza escatológica de la resurrección de la muerte, entonces lo que se designa así es un evento histórico, incluso aunque no conozcamos nada más en particular sobre ello.”

Pannenberg está de acuerdo con Paul Althaus en que la proclamación de la resurrección en Jerusalén tan poco después de la muerte de Jesús es muy significativa. Dentro de la primitiva comunidad cristiana debe haber habido un testimonio fiable sobre la tumba vacía. Pannenberg también señala que en la polémica judía contra el mensaje cristiano de la resurrección de Jesús no hay ninguna afirmación de que la tumba de Jesús no estuviese vacía.

Según Pannenberg, la evidencia de 1 Corintios 15 es realmente más significativa que la de los Evangelios. Concede que algunos elementos de leyenda se pueden haber filtrado en los relatos de los evangelios. Un ejemplo es el de Jesús comiendo pescado después de su resurrección. Sin embargo, en su mayor parte, tenemos evidencias adecuadas para establecer la historicidad de la resurrección, que es en sí misma una prueba de la deidad de Jesús.

 

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