Definición de autoridad

Por autoridad entendemos el derecho a exigir que se crea y se actúe. El término tiene un gran número de aplicaciones. Podemos pensar en la autoridad como algo gubernamental, jurisdiccional. Aquí un ejemplo sería un rey o emperador que tiene derecho a hacer cumplir ciertos actos. Sin embargo, esto puede tener formas menos imperiales. El policía que dirige el tráfico o el propietario que exige que la gente se mantenga fuera de su propiedad están ejerciendo un poder que es suyo por derecho.

Lo que hemos descrito podría ser denominado autoridad imperial. Existe también lo que podríamos denominar “autoridad veraz.” Una persona debido a su conocimiento puede ser considerada por otras como una “autoridad” en un tema concreto. Su conocimiento en ese campo es superior al que tiene la mayoría de la gente. En consecuencia, él puede recomendar que se crea o actúe de forma adecuada. (Un documento también puede, en virtud de la información que contiene, ser capaz de hacer que se crea o actúe de cierta manera). Este tipo de autoridad no suele ejercerse. Se posee. Es reconocida y aceptada por los demás. Quizá sería más acertado decir que esa persona es un autoridad en lugar de decir que tiene autoridad. La autoridad veraz está en función del conocimiento que uno posee y por lo tanto es intrínseca, mientras que la autoridad imperial está en función de la posición que uno ocupa y por lo tanto es extrínseca.

No deberíamos confundir autoridad con fuerza. Aunque lo ideal es que el derecho a exigir y la habilidad para hacer respetar la creencia y la acción deberían coincidir, en la práctica esto no siempre sucede. Por ejemplo, el heredero por derecho a un trono o el oficial debidamente elegido pueden ser destituidos por un golpe de estado. Un impostor o un usurpador pueden ocupar su puesto. En el caso de la autoridad veraz, no existe realmente la fuerza, sino un ultimátum explícito: “Haz lo que te digo, y te conduciré a la verdad; no lo hagas y caerás en la confusión y el error.” El médico que prescribe un tratamiento a un paciente no tiene el poder de hacerle cumplir ese tratamiento. En realidad lo que le está diciendo es: “Si quieres ponerte bien, haz esto.”

En esta conexión, es importante mantener la distinción entre autoridad y autoritarismo. Una persona, un documento o una institución con autoridad es la que posee autoridad y por lo tanto tiene derecho a definir una creencia o a prescribir una práctica. Una persona autoritaria, por otra parte, es la que intenta introducir sus opiniones o hacer que se cumplan sus órdenes de forma enfática, dogmática o incluso intolerante. Los que todavía no se han iniciado o los impresionables suelen verse inducidos con facilidad a seguir a la persona autoritaria, a veces con más facilidad que la que se necesita para persuadirles a seguir a una persona con más autoridad.

Es también importante distinguir entre posesión de autoridad y reconocimiento de que se tiene autoridad. Si se asocian muy de cerca, o la primera se mide en función de la segunda, el tema de la autoridad se convierte en algo bastante subjetivo. Hay personas que no aceptan la autoridad auténtica, que no prestan atención a las leyes de tráfico, o que rechazan los puntos de vista de los expertos. Por la razón que sea, prefieren su propia opinión. Pero su negativa a reconocer la autoridad no hace que esta quede abrogada.

La autoridad puede ser ejercitada directamente por quien la posee. Sin embargo, también se puede delegar y con frecuencia se hace. A menudo el auténtico poseedor de la autoridad no puede ejercerla directamente. Por lo tanto es necesario delegar esa autoridad en una persona o una agencia que pueda ejercerla. Por ejemplo los ciudadanos de un país eligen personas que les representan y estas personas aprueban leyes y crean agencias que administran esas leyes. Las acciones de los empleados de esas agencias debidamente autorizados tienen el mismo peso y autoridad que los mismos ciudadanos. A lo mejor un experto no puede presentar sus ideas a todos los que están interesados en conocerlas. Sin embargo, puede poner su conocimiento en un libro. El contenido del libro, como contiene sus ideas, tendrá el mismo peso que si presentara sus ideas en persona.

La falta de eficacia o éxito a corto plazo no debería hacernos dudar de lo genuino de una autoridad. Con frecuencia las ideas, en particular si son nuevas, no son aceptadas rápidamente. Ni se puede probar inmediatamente su viabilidad. Sin embargo, a largo plazo, la autoridad auténtica se prueba a sí misma. Las ideas de Galileo en un principio resultaron chocantes e incluso peligrosas. La teoría de Einstein sobre la relatividad parecía extraña y su viabilidad cuestionable. Sin embargo, el tiempo ha probado el valor de ambas. Al principio, Jesús tenía relativamente pocos convertidos, los líderes de su época no le respetaban (las autoridades), y acabó siendo ejecutado. Sin embargo al final todas las rodillas se doblarán y todas las lenguas confesarán lo que es (Fil. 2:10-11).

 

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