Cristología "desde abajo" (enfoque histórico)

Con la publicación del libro de Bultmann "Jesus and the Word", la cristología desde arriba alcanzó su cenit. Aquí en efecto estaba una declaración de que la fe en el Cristo kerigmático no se puede conectar con certeza con la verdadera vida terrenal de Jesús de Nazaret. Según el punto de vista de Bultmann esto en realidad no importa. La corriente de reacción negativa que se produjo ante la idea de Bultmann se transformó en el enunciado de una metodología. Probablemente de las primeras reacciones, la más significativa fue la de Ernst Käsemann “El problema del Jesús histórico,” publicada originalmente en 1954. Käsemann afirmaba la necesidad de formar nuestra creencia en Jesús basándonos en una investigación histórica de quién era y lo que hizo. Aunque esto no era una resurrección de la investigación del siglo XIX, se le denominó “la nueva búsqueda del Jesús histórico.”

Se puede decir que las búsquedas del siglo XIX para nada eran auténticas cristologías. Sería mejor denominarlas “Jesusologías.” El Jesús que surgió de aquellos estudios fue un ser humano y poco más. Para algunos de la “nueva búsqueda” esto parece haber sido el resultado de tendencias antisobrenaturales que había dentro del método mismo; en otras palabras, la metodología era inadecuada. En la nueva búsqueda del Jesús histórico, existe la posibilidad de una cristología genuina. Esto es, es posible que la investigación histórica pueda llevar a creer en la deidad de Jesucristo, como conclusión, no como presuposición de la investigación histórica.

El ejemplo más instructivo para nosotros de una “cristología desde abajo” contemporánea es sin duda la de Wolfhart Pannenberg. En "Jesus—God and Man" Pannenberg ha realizado un tratamiento cristológico amplio, como indica el título. Ha examinado a fondo y criticado las presuposiciones de la metodología cristológica para asegurar la apertura y objetividad. Aunque reconociendo ciertos beneficios en el enfoque de la cristología desde arriba, indica tres razones básicas por las que no puede emplear este método:

1. La tarea de la cristología es ofrecer apoyo racional para creer en la divinidad de Jesús, porque esto es lo que se discute en el mundo hoy. La cristología desde arriba es inaceptable porque presupone la divinidad de Jesús.

2. La cristología desde arriba tiende a descuidar la importancia de las características históricas distintivas del Jesús de Nazaret. En particular, su relación con el judaísmo de su tiempo, que es esencial para entender su vida y su mensaje, casi carece de importancia en este enfoque.

3. Hablando de forma estricta, una cristología desde arriba solo es posible desde la posición del mismo Dios, y no desde la nuestra. Como seres humanos limitados y ligados a la tierra, debemos empezar y realizar nuestras investigaciones desde la perspectiva humana.

Pannenberg construye desde la vida del hombre Jesús de Nazaret una cristología completa, incluyendo su deidad. Las características positivas del enfoque de Pannenberg dejan claro el contorno básico de la cristología desde abajo en contraste con la cristología desde arriba:

1. La investigación histórica tras el kerygma del Nuevo Testamento es a la vez posible y teológicamente necesaria. La crítica de las formas ha demostrado que no se puede construir una secuencia cronológica exacta de la vida de Jesús. No obstante, es posible descubrir por el testimonio de los apóstoles las principales características de Jesús. Tal conocimiento de Jesús es necesario. Si nuestra fe se apoya sólo en el kerygma, sin tener en cuenta también los hechos históricos de la vida de Jesús, no podemos escapar de la sospecha y el temor de que nuestra fe no está colocada en el sitio adecuado. Pannenberg diría que podríamos estar creyendo en Lucas, Mateo, Pablo o cualquier otro en vez de en Jesús. Otra complicación más que conlleva apoyar nuestra fe sólo en el kerygma es que estos testimonios del Nuevo Testamento no nos dan unidad, sino diversidad, y a veces incluso antítesis. Debemos penetrar más allá de los distintos testimonios para discernir cual es el Jesús único al que todos se refieren. A juicio de Pannenberg, es extremadamente importante acercarse a la tarea de la investigación histórica con una mente abierta. El problema con muchas investigaciones del siglo XIX y con la desmitologización de Bultmann está en ciertas concepciones bastante estrechas de lo que es históricamente posible y lo que no. Por ejemplo, la resurrección de Jesús a menudo se excluía de la creencia antes de empezar la investigación. Sin embargo, es muy importante, acercarse a los horizontes de los tiempos bíblicos sin nuestros prejuicios modernos. Sólo cuando las presuposiciones naturalistas o antisobrenaturalistas se dejan a un lado se puede construir adecuadamente una cristología desde abajo.

2. La historia es unitaria, no dualista. La vida, las enseñanzas y el ministerio de Jesús, incluyendo su muerte y resurrección, no forman parte de un único tipo de historia distinto de la historia en general. No hay un espacio especial para la redención o para la historia sagrada. Para Pannenberg, la historia de Cristo es una con el resto de la historia del mundo. No se puede separar o aislar de la historia en general. En consecuencia, no es necesario acercarse a ella con un método diferente al que se usa para conocer la historia general. El mismo método histórico que se utilizó en la investigación de las guerras napoleónicas es el que hay que usar en la cristología.

3. Es obvio que la cristología desde abajo nos puede dar un Jesús completamente humano. Sin embargo, ¿puede establecer la deidad de Jesús? La evidencia que aduce más comúnmente la cristología desde abajo al tratar de establecer la unidad de Jesús con Dios es su reclamo pre-pascual de autoridad mediante la declaración y la acción. Hay una considerable coincidencia en este punto por un gran número de teólogos. Werner Elert observa que Jesús reivindicó ser el Hijo de Dios. Cuando habló de su Padre, Jesús se refirió a él como “mi Padre.” Cuando tenía en mente la relación de los discípulos con el Padre, utilizaba la frase “vuestro Padre.” Nunca igualó su relación con el Padre con la relación de los discípulos con el Padre utilizando la expresión “nuestro Padre.” Paul Althaus señala de forma similar que la autoridad reclamada por Jesús presupone una cercanía con Dios que no tiene ninguna otra persona. “Lo que Jesús hace es una blasfemia a menos que proceda de una autoridad especial. Reclama esta autoridad para sí mismo.” A su manera, Friedrich Gogarten, Hermann Diem, Gunther Bornkamn y Hans Conzelmann dicen esencialmente lo mismo. Pannenberg comenta: “El acuerdo básico es sorprendente. La dogmática parece en este caso haber precedido a la investigación histórica.”

Este esfuerzo por demostrar la divinidad de Jesús mediante su reclamación de autoridad antes de la Pascua, sin embargo, debe fracasar inevitablemente porque esta reclamación de autoridad se relaciona con una futura verificación de su mensaje que no se producirá hasta el juicio final. “Más bien,” dice Pannenberg, “todo depende de la conexión entre la reclamación de Jesús y su confirmación por Dios.”

Esta confirmación hay que encontrarla en la resurrección de Jesús. Pannenberg cree que la resurrección es un hecho histórico. Habiendo examinado de forma separada las evidencias –la tumba vacía y las apariciones del Señor resucitado– Pannenberg concluye que los relatos del Evangelio sobre las apariciones de Jesús son tan legendarios en carácter que apenas si se puede encontrar en ellos un gramo de historia. En consecuencia, acude al resumen de Pablo en 1 Corintios 15:1-11 y concluye:

"Por tanto la resurrección de Jesús se podría considerar como suceso histórico en este sentido: si la aparición del primitivo cristianismo, que, a parte de otras tradiciones la establece Pablo con las apariciones del Jesús resucitado, se puede entender a pesar de todos los exámenes críticos de la tradición sólo si se examina a la luz de la esperanza escatológica de la resurrección de la muerte, entonces lo que se designa así es un evento histórico, incluso aunque sepamos nada más en particular sobre ello".

Pannenberg atribuye de forma similar validez a los relatos sobre la tumba vacía. Si esta tradición y la tradición de las apariciones del Señor sucedieron de forma independiente una de las otras, entonces, “al complementarse entre sí dejan que la afirmación de la resurrección de Jesús, en el sentido que se explicó anteriormente, parezca históricamente muy probable, y eso siempre significa en la investigación histórica que se debe dar por supuesto hasta que aparezca una prueba de lo contrario.”

Si el evento mismo fuera el todo de la resurrección, sólo tendríamos hechos sin más. Su significado e interpretación sería una cuestión abierta sujeta a debate; quizá sería sólo una cuestión de fe. Muchos significados posibles podrían ir unidos al hecho de la resurrección. Sin embargo, desde la perspectiva de Pannenberg esto no es así. Dado el lugar que tenía en la historia de la tradición y de las expectativas culturales, la resurrección llevaba consigo un significado definido. El evento no se puede evaluar o entender aislado de la tradición y las expectativas de los judíos. La idea de que la resurrección ocurriera sin la voluntad y la participación de Dios era impensable para los judíos. La resurrección de Jesús significa, pues, que Dios dio su aprobación a las reclamaciones de Jesús y que estas reclamaciones, que serían blasfemas a menos que Jesús realmente fuera el Hijo del hombre, eran verdad. Por tanto, no sólo se ha establecido el hecho histórico de la resurrección de Jesús, también la verdad teológica de su deidad.