La importancia del nacimiento virginal de Cristo
Junto con la crucifixión y la resurrección, quizá el suceso de la vida de Cristo que ha recibido mayor atención es el de su nacimiento virginal. Desde luego, junto con la resurrección es el más debatido y controvertido.
A finales del siglo XIX y principios del XX, el nacimiento virginal estaba en pleno debate entre los fundamentalistas y los modernistas. Los fundamentalistas insistían en que la doctrina era una creencia esencial. Los modernistas o la rechazaban por no ser esencial o por ser insostenible, o la reinterpretaban de una manera no literal. Para los primeros era una garantía de que Cristo era especial y de que era Dios, mientras que para los segundos parecía desviar la atención de la realidad espiritual al tema biológico.
Una razón para poner tanto énfasis en esta enseñanza que se menciona sólo dos veces en las Escrituras es que en otras doctrinas había más variedad de interpretaciones. Los liberales tendían a redefinir las doctrinas sin cambiar la terminología, como observó John Herman Randall Jr. Como resultado, la adscripción a estas doctrinas ya no era una prueba positiva de ortodoxia. Por tanto ya no era posible asumir que lo que un teólogo quiere decir con “divinidad” y “deidad” de Cristo era una singularidad cualitativa que le distingue de otros humanos. Se comenta que W. Robertson Smith, un teólogo escocés del siglo XIX, cuando le acusaron de negar la divinidad de Cristo, dijo: “¿Cómo pueden acusarme de eso? Nunca he negado la divinidad de ningún hombre, ¡menos aún la de Jesús!” A la vista de tales ideas, la aprobación de la doctrina de la deidad de Jesús no incluye necesariamente el significado tradicional: que Jesús era divino en el mismo sentido y grado que el Padre, y de una manera que no es cierta para ninguna otra persona que haya vivido. Por tanto, no es sorprendente que la deidad de Cristo no aparezca en algunas listas de los fundamentos de la ortodoxia. Sin embargo, la resurrección del cuerpo y el nacimiento virginal sí se encuentran allí. Los fundamentalistas razonaron que alguien que puede aceptar el nacimiento virginal probablemente podía aceptar otras evidencias de la deidad de Jesús, ya que estas por lo general son menos difíciles de aceptar que el nacimiento virginal. Por eso a los candidatos a la ordenación se les pedía que expresasen una posición ante el nacimiento virginal, porque era una manera relativamente fácil y eficiente de determinar si mantenían que Cristo era sobrenatural. En tiempos más recientes, el teólogo asiático Choan-Seng Song ha interpretado la encarnación de Cristo como que Dios obra en todas las situaciones en las que hay sufrimiento. Por tanto, el nacimiento virginal sigue siendo importante para lo especial de la encarnación de Cristo en un momento concreto de tiempo.
Sin embargo, había un asunto incluso más grande aquí. Porque el nacimiento virginal era una prueba sobre la posición que se tenía hacia lo milagroso. Cualquiera que aceptase el nacimiento virginal podría aceptar los demás milagros que relata la Biblia. Por tanto, esto se convirtió en una manera conveniente de determinar la actitud que uno tenía hacia lo sobrenatural en general. Pero incluso más allá de eso, era una manera de comprobar la cosmovisión que se tenía del mundo y, específicamente, de la relación de Dios con el mundo.
Uno de los puntos de desacuerdo entre los conservadores y los liberales tenía que ver con la relación de Dios con el mundo. Hablando en general, los liberales o modernistas resaltaban la inmanencia de Dios. Se consideraba que Dios estaba presente y activo en todas partes. Se creía que obraba para cumplir sus propósitos a través de las leyes naturales y los procesos diarios y no de forma directa y especial. Los conservadores o fundamentalistas, por otro lado, resaltaban la trascendencia de Dios. Según esta idea, Dios está fuera del mundo, pero interviene milagrosamente de vez en cuando para realizar una obra especial. El fundamentalista veía el nacimiento virginal como signo de la obra milagrosa de Dios, mientras que el liberal veía cada nacimiento como un milagro. El nacimiento virginal era, por tanto, un destacado campo de batalla ente los puntos de vista sobrenaturalistas y naturalistas de la relación de Dios con el mundo.
El nacimiento virginal significa cosas diferentes para diferentes teólogos. De lo que estamos hablando aquí realmente es de la “concepción virginal.” Con esto queremos decir que la concepción de Jesús en el vientre de María no fue resultado de una relación sexual. María era virgen en el momento de la concepción de Jesús y continuó siéndolo hasta el momento de su nacimiento, porque las Escrituras indican que José no tuvo relaciones sexuales con ella hasta después del nacimiento (Mt. 1:25). María se quedó embarazada mediante una influencia sobrenatural que el Espíritu Santo tuvo sobre ella, pero esto no significa que Jesús fuera el resultado de la relación sexual entre Dios y María. Tampoco implica que no se produjera un nacimiento normal. Algunos teólogos, en particular católicos, interpretan el nacimiento virginal como que Jesús no nació de forma normal. Según su punto de vista, simplemente pasó por la pared del útero de María en lugar de por el canal de nacimiento normal, de manera que el himen de María no se rompió. Por tanto, hubo una especie de cesárea milagrosa. Según la doctrina católica de la perpetua virginidad de María, ella en ningún momento tuvo relaciones sexuales, así que no hubo hijos naturales nacidos de José y María. Algunos teólogos, por ejemplo Dale Moody, para distinguir su interpretación del nacimiento virginal de la del catolicismo tradicional, han propuesto que se utilice la expresión “concepción virginal” o “concepción milagrosa” en lugar de “nacimiento virginal.” Sin embargo, debido al uso común de la expresión “nacimiento virginal,” lo emplearemos aquí, pero entendiéndose que nuestra interpretación difiere del dogma tradicional católico romano.
También hay desacuerdos en lo que se refiere a la importancia del nacimiento virginal, incluso entre los que insisten que se debe mantener la creencia en esta doctrina. Algunos han argumentado que el nacimiento virginal era esencial para la encarnación. Si hubiera habido una madre y un padre humanos, Jesús habría sido sólo humano. Otros creen que el nacimiento virginal era indispensable para que Cristo careciese de pecado. Si hubiera habido dos padres humanos, Jesús habría heredado una naturaleza humana depravada o corrupta plena; no habría habido posibilidad de estar libre de pecado. Sin embargo, otros creen que el nacimiento virginal no era esencial para ninguna de estas consideraciones, pero que tenía gran valor por simbolizar la realidad de la encarnación. Es un factor indicativo, muy similar al modo en que otros milagros, y particularmente la resurrección, funcionan para certificar que Cristo es sobrenatural. Sobre esta base, el nacimiento virginal no es necesario desde un punto de vista ontológico, o sea, que no es necesario que Jesús naciese de una virgen para ser Dios. Sin embargo, es necesario epistemológicamente, esto es, para que nosotros sepamos que es Dios.
Por otra parte, algunos han sostenido que la doctrina del nacimiento virginal es prescindible. Se puede omitir sin que se produzcan problemas en el significado esencial del cristianismo. Aunque pocos evangélicos toman esta posición de forma activa, es interesante constatar que algunos textos de teología sistemática evangélica hacen escasa o nula referencia al nacimiento virginal en su tratamiento sobre la cristología. De hecho, muchas de las discusiones sobre el nacimiento virginal se han realizado en obras separadas que tratan detalladamente el tema.
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