Trascendencia

Con trascendencia queremos decir que Dios está separado y es independiente de la naturaleza y la humanidad. Dios no está solo vinculado o implicado en su creación. También es superior a ella de varias maneras significativas. Varios pasajes de las Escrituras afirman el concepto de la trascendencia divina. Es un tema particular del libro de Isaías. En 55:8-9 leemos que los pensamientos de Dios trascienden los nuestros: “'Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos ni vuestros caminos mis caminos’, dice Jehová. ‘Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.’” En 6:1-5 el Señor es representado como “sentado en un trono, alto y sublime.” Los serafines decían: “Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos,” como indicación de su trascendencia, y añadían, “¡Toda la tierra está llena de su gloria!” como referencia a su inmanencia. Isaías responde con una expresión de su propia impureza. Por lo tanto, la trascendencia de Dios sobre nosotros debe verse no sólo en términos de su grandeza, su poder y conocimiento, sino también según su bondad, su santidad y pureza. Isaías 57:15 también expresa la trascendencia y la inmanencia de Dios: “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad y cuyo nombre es el Santo: ‘Yo habito en la altura y la santidad, pero habito también con el quebrantado y humilde de espíritu, para reavivar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los quebrantados.’”

Leemos sobre la trascendencia de Dios en otros libros de la Biblia también. Salmos 113:5-6 dice: “¿Quién como Jehová, nuestro Dios, que se sienta en las alturas, que se humilla a mirar en el cielo y en la tierra?” Se le describe como el que “habita en los cielos” en el Salmo 123:1. En Juan 8:23, Jesús traza una diferencia entre él y los que le escuchan: “Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.”