El modelo de trascendencia histórico o teología de la esperanza

Un avance teológico reciente que también amplía a nuestra forma de entender la trascendencia es la teología de la esperanza. En lugar de pensar en la relación de Dios con el mundo de una forma cosmológica, la teología de la esperanza utiliza un modelo histórico. La trascendencia de Dios es escatológica, no espacial. No sólo vive en el pasado y obra desde los hechos pasados. Ni es sólo inmanente en las situaciones presentes. Más bien, él aparece en la frontera de la vida con su apertura hacia el futuro. Aunque algunos aspectos de esta teología sugieren que Dios no es todavía tan completo como lo describe la Biblia, sin embargo aquí estamos ante un Dios trascendente en el sentido de vivir y actuar donde nosotros todavía no hemos estado. La diferencia entre Dios y los humanos no consiste en un cambio de lugar (de aquí a allí), sino en una diferencia de estado (de ahora a después, de presente a futuro). Aunque esta teología es correcta en cuanto al énfasis que pone en la trascendencia histórica de Dios, su trascendencia cosmológica o metafísica no debería ser ignorada.

La mayoría de las discusiones de la trascendencia divina se han centrado en la trascendencia de Dios en el espacio. Sin embargo, la física de Einstein ve la realidad no como las tres dimensiones espaciales más el tiempo, sino como un universo espacio–tiempo de cuatro dimensiones, en el que el tiempo y el espacio están relacionados conjuntamente. Si este es el caso, la relación de Dios con el tiempo, al menos tal como nosotros lo experimentamos, debería entenderse paralelamente a su relación con el espacio. Como Dios no está simplemente muy lejos dentro del espacio, sino en una dimensión de realidad totalmente distinta, se debería entender que está “fuera” del tiempo (evidentemente una metáfora espacial). Una objeción a este punto de vista es que un Dios que está fuera del tiempo no puede actuar dentro del tiempo, ni saber qué tiempo es (esto es, lo que está ocurriendo en este momento). No obstante, la trascendencia de Dios del espacio no evita que actúe dentro del espacio o que sepa dónde está sucediendo algo. Parece como si el paralelismo nos llevara a ver a Dios como atemporal ontológicamente hablando, pero influyendo dentro del tiempo.