Evangélicos

Cuando se discute el ecumenismo, a los evangélicos les preocupan varios temas en particular. Los evangélicos siempre han insistido en que la comunión es imposible si no se está de acuerdo en ciertas verdades básicas. Esta insistencia surge de la creencia en un Dios objetivo con el que los humanos se relacionan con fe. Nos podemos relacionar con él porque se nos ha revelado. Como esta revelación tiene al menos parcialmente forma proposicional, la fe es un asunto de confianza personal en Dios y de aceptación de las verdades que él nos ha revelado. En consecuencia, las experiencias emocionales similares y los esfuerzos comunes son fundamentos insuficientes para la unión. También debe haber acuerdo al menos en los puntos más básicos de la creencia.

Esta posición de los evangélicos se podría interpretar como una barrera lógica o natural al ecumenismo. En realidad, John Warwick Montgomery ha señalado que ha funcionado de la manera contraria; ha fomentado la actividad inter-denominacional. Debido a su preocupación por la verdad, los evangélicos se han inclinado a cooperar y a sentirse uno con los que piensan igual que ellos. De hecho, el fundamentalismo empezó históricamente con una serie de conferencias bíblicas a las que asistía gente que se sentía unida a otra gente porque compartía un conjunto de creencias distintivas denominadas “fundamentos de la fe.” Por tanto, el hecho mismo de la diversidad doctrinal dentro de las denominaciones grandes ha sido un estímulo para el ecumenismo.

Sin embargo, los evangélicos por su preocupación por la verdad, han sido en cierto modo precavidos en cuanto al grado en que quieren verse envueltos en el ecumenismo. Siempre surgen una serie de problemas cuando los evangélicos se ponen a discutir sobre el ecumenismo. William Estep los ha agrupado convenientemente en categorías. Aunque escribió desde la perspectiva de los bautistas y el ecumenismo, nosotros, con algunas adaptaciones, utilizaremos aquí su esquema.