Significado teológico del nacimiento virginal de Cristo
Examinadas las evidencias a favor y en contra del nacimiento virginal en los apartados anteriores y habiendo concluido que hay base adecuada para el mantenimiento de esta doctrina, ahora debemos preguntar qué significa. ¿Por qué es importante?
A cierto nivel, por supuesto, el nacimiento virginal es importante simplemente porque se nos dice que sucedió. Aunque nosotros podemos ver necesario o no el nacimiento virginal, si la Biblia nos dice que sucedió, es importante creerlo porque no hacerlo es repudiar de forma tácita la autoridad de la Biblia. Si no mantenemos el nacimiento virginal a pesar de que la Biblia nos lo confirma, entonces estamos comprometiendo la autoridad de la Biblia y en principio no existe razón para aceptar sus otras enseñanzas. Por tanto, rechazar el nacimiento virginal tiene implicaciones que van mucho más allá de la doctrina misma.
Pero debemos preguntar ¿el nacimiento virginal no es importante de una forma más específica? Algunos han argumentado que la doctrina es indispensable para la encarnación. Sin el nacimiento virginal no habría unión entre Dios y el hombre. Si Jesús hubiera sido simplemente el producto de una unión sexual normal entre un hombre y una mujer, sólo habría sido un ser humano, no un Dios–hombre. ¿Pero es esto realmente cierto? ¿No podría haber sido Dios y hombre si hubiera tenido dos padres humanos, o ninguno? Al igual que Adán fue creado directamente por Dios, Jesús podría haber sido una creación directa especial. Y según esto, debería haber sido posible que Jesús tuviera dos padres humanos y no obstante ser completamente el Dios–hombre. Insistir en que tener un padre humano excluye la posibilidad de su deidad recuerda al Apolinarismo, según el cual el Logos divino tomó el lugar de los componentes normales de la naturaleza humana (el alma). Pero Jesús era completamente humano, incluyendo todas las cosas con las que contribuyen normalmente un padre y una madre humanos. Además, había en él el elemento de deidad. Lo que hizo Dios fue suministrar, mediante creación especial, tanto el componente humano con el que normalmente contribuye el varón (y por eso tenemos el nacimiento virginal) como el factor divino (por eso tenemos la encarnación). El nacimiento virginal requiere únicamente que la existencia de un ser humano se produzca sin la participación de un padre humano. Esto podría haber sucedido sin encarnación, y podría haber habido encarnación sin nacimiento virginal. Algunos han denominado a este segundo concepto “adopcionismo instantáneo,” ya que supuestamente el humano implicado habría existido por sí mismo aparte de la adición de la naturaleza divina. El asunto aquí, sin embargo, es que con la encarnación sucediendo en el momento de la concepción o el nacimiento, nunca habría habido un momento en el que Jesús no hubiera sido completamente humano y completamente divino. En otras palabras, ser divino y humano no depende del nacimiento virginal.
Una segunda sugerencia que se hace con frecuencia es que el nacimiento virginal era indispensable para que Jesús careciese de pecado. Si hubiera poseído aquello con lo que la madre contribuye y con lo que el padre suele contribuir, habría tenido una naturaleza depravada y por tanto pecaminosa, como el resto de nosotros. Pero este argumento parece sugerir que nosotros también careceríamos de pecado si no tuviéramos un padre varón. Y esto a su vez podría significar una de estas dos cosas:
(1) O bien que el padre, y no la madre, es la fuente de la depravación, una noción que en efecto implica que la mujer no tiene una naturaleza depravada (o que si la tiene, no la transmite).
(2) Que la depravación no procede de la naturaleza de nuestros padres, sino del acto sexual mediante el cual se produce la reproducción. Pero no existe nada en las Escrituras que apoye esta última alternativa. La declaración en Salmos 51:5: “En maldad he sido formado y en pecado me concibió mi madre,” sencillamente significa que el salmista era pecador desde el mismo principio de la vida. No significa que el acto de la concepción sea pecaminoso en sí mismo.
Nos queda entonces la primera alternativa, o sea, que la transmisión del pecado va relacionada con el padre. Pero esto tampoco tiene apoyo ninguno en las Escrituras. Aunque se podría encontrar algún apoyo en la frase de Pablo de que fue el pecado de Adán (Ro. 5:12) el que hizo pecadores a los hombres, Pablo también indica que Eva, y no Adán, “siendo engañada, incurrió en transgresión” (1 Ti. 2:14). No hay señales de que haya más pecaminosidad en el hombre que en la mujer.
Surge la cuestión de si toda la raza humana está mancillada por el pecado original, ¿María no habría aportado a Jesús algunas de sus consecuencias? Se ha argumentado que Jesús sí tenía una naturaleza depravada, pero que no cometió realmente ningún pecado. En respuesta señalaremos que el ángel le dijo a María: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que va a nacer será llamado Hijo de Dios” (Lc. 1:35). Parece probable que la influencia del Espíritu Santo tuviera un efecto tan poderoso y santificador que no se produjera ninguna transferencia de la depravación o la culpabilidad de María sobre Jesús. Sin esa influencia santificadora especial, hubiera poseído esa misma naturaleza depravada que nosotros tenemos. Pero si el Espíritu Santo evitó que la corrupción pasase de María a Jesús, ¿no podría haber evitado que pasase también la de José? Concluimos que la carencia de pecado de Jesús no depende de la concepción virginal.
Ya señalamos anteriormente que el nacimiento virginal no se menciona en los sermones evangelísticos del libro de los Hechos. Puede que no fuera una de las doctrinas de primer nivel (o sea, indispensable para la salvación). Es una doctrina subsidiaria o de apoyo; ayuda a crear o sustentar la creencia en las doctrinas indispensables, o reforzar las verdades encontradas en otras doctrinas. Como la resurrección, es a la vez un suceso histórico, una doctrina y una evidencia, es bastante posible no ser consciente o ignorar el nacimiento virginal y sin embargo ser salvos. Desde luego, es evidente que a un amplio número de personas les ocurrió. Pero entonces ¿cuál es la importancia de esta enseñanza?
1. La doctrina del nacimiento virginal es un recordatorio de que nuestra salvación es sobrenatural. Jesús, cuando le habló a Nicodemo sobre la necesidad de un nuevo nacimiento, dijo: “el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne, carne es; y lo que nace del Espíritu, espíritu es” (Jn. 3:5b-6). Juan declaró que los que creen y reciben la autoridad para ser hijos de Dios: “no nacieron de sangre, ni por voluntad de carne, ni por voluntad de varón, sino de Dios” (Jn. 1:13). El énfasis se pone en que la salvación no procede del esfuerzo humano, ni es un logro humano. Así que también el nacimiento virginal señala incluso la incapacidad de los humanos para dar incluso el primer paso en el proceso. La humanidad no es sólo incapaz de asegurar su propia salvación, sino que no podría ni siquiera introducir al Salvador en la sociedad humana.
El nacimiento virginal es, o al menos debería ser, un freno a nuestra tendencia humana natural hacia el orgullo. Aunque María fue la que dio a luz al Salvador, nunca habría podido hacerlo, ni siquiera con la ayuda de José, si el Espíritu Santo no hubiera estado presente y obrando. El nacimiento virginal es una prueba de la actividad del Espíritu Santo. Pablo escribió en otra ocasión: “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros,” (2 Corintios 4:7). El nacimiento virginal es un recordatorio de que nuestra salvación, aunque vino a través de la humanidad, es totalmente de Dios.
2. El nacimiento virginal es también un recordatorio de que la salvación de Dios es totalmente un don de gracia. No había nada en particular en María que la hiciese merecedora de dar a luz al Hijo de Dios. Probablemente muchas jóvenes judías podían haber servido para ello. Desde luego María manifestaba cualidades, tales como la fe y la dedicación, que Dios podía utilizar (Lc. 1:38, 46-55). Pero no tenía nada especial que ofrecer, ni siquiera un marido. Que alguien aparentemente incapaz de tener un hijo fuese escogida para llevar al Hijo de Dios es un recordatorio de que la salvación no es un logro humano, sino un don de Dios, y un don que no merecemos.
3. El nacimiento virginal es evidencia de lo especial que era Jesús el Salvador. Aunque podía haber habido una encarnación sin un nacimiento virginal, la naturaleza milagrosa del nacimiento (o al menos de la concepción) sirve para mostrar que Jesús era, cuando menos, un hombre muy fuera de lo común escogido por Dios de manera particular.
4. Aquí hay una nueva evidencia del poder y la soberanía de Dios sobre la naturaleza. En varias ocasiones (por ejemplo en el nacimiento de Isaac, Samuel y Juan el Bautista) Dios había proporcionado un hijo a una madre estéril o que ya había pasado la edad de ser madre. Sin duda estos fueron nacimientos milagrosos. Sin embargo, este nacimiento fue incluso más sorprendente. Dios había dado muestras de su tremendo poder cuando, al prometerle un hijo a Abraham y a Sara, él había dicho retóricamente: “¿Acaso hay alguna cosa difícil para Dios? Al tiempo señalado volveré a ti, y para entonces Sara tendrá un hijo” (Gn. 18:14). Dios es todopoderoso, capaz de alterar y sobrepasar el camino de la naturaleza para conseguir sus propósitos. Que Dios era capaz de obrar lo que parecía imposible en el tema del nacimiento virginal simboliza su habilidad para cumplir la aparentemente imposible tarea de ofrecer un nacimiento nuevo a los pecadores. Como el mismo Jesús dijo sobre la salvación “Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible” (Mt. 19:26).
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