Apolinarismo

El Docetismo era una negativa de la realidad de la humanidad de Jesús. En contraste, en el apolinarianismo es una versión truncada de la humanidad de Jesús. Jesús asumió una humanidad genuina, pero no toda la naturaleza humana.

El apolinarianismo es un ejemplo de cómo algo bueno se puede llevar demasiado lejos. Apolinar era un buen amigo y colaborador de Atanasio, el líder de la cristología ortodoxa en contra del Arrianismo en el Concilio de Nicea. Sin embargo, como suele suceder a menudo, la reacción contra la herejía se convirtió en una reacción exagerada. Apolinar se preocupó demasiado por mantener la unidad del Hijo, Jesucristo. Si Jesús tenía dos naturalezas completamente diferentes, razonaba Apolinar, tenía que haber tenido una 'nous' (alma, mente, razón) humana y una divina. Apolinar creía que esta dualidad era absurda. Así que construyó una cristología basada en una lectura extremadamente estrecha de Juan 1:14 (“el Verbo se hizo carne,” esto es, la carne era el único aspecto de la naturaleza humana que estaba implicado). Según Apolinar, Jesús era una unidad compuesta, parte de la composición (algunos elementos de Jesús) era humana, el resto era divina. Lo que él (el Verbo) tomó no fue toda la humanidad, sino sólo la carne, esto es, el cuerpo. Sin embargo, esta parte no se podía animar por sí sola. Tenía que haber una “chispa de vida” que la animara. Esta era el Logos divino; tomó el lugar del alma humana. Por tanto, Jesús era humano físicamente, pero no psicológicamente. Tenía un cuerpo humano, pero no un alma humana. Su alma era divina.

Por lo tanto, Jesús aunque era humano, era un poco distinto a los demás humanos, ya que él carecía de algo que los otros tenían (una 'nous' humana). Por tanto en él no había posibilidad de contradicción entre lo divino y lo humano. Sólo había un único centro de conciencia, y era divino. Jesús no tenía voluntad humana. En consecuencia, no podía pecar, porque su persona estaba totalmente controlada por su alma divina. Loraine Boettner planteó la analogía de una mente humana implantada en el cuerpo de un león; el ser resultante es gobernado, no por la psicología del león o del animal, sino por la psicología humana. Este es un paralelismo aproximado al punto de vista que Apolinar tenía sobre la persona de Jesús.

Apolinar y sus seguidores creyeron que habían encontrado la solución ideal al punto de vista ortodoxo sobre Jesús, que les parecía tan grotesca. Tal como Apolinar interpretaba la cristología ortodoxa, Jesús estaba formado por dos partes de humanidad (un cuerpo y un alma [esto es una gran simplificación ] y una parte de deidad (un alma). Pero 2+1=3, como todo el mundo sabe. Por tanto, como persona con dos almas, Jesús habría sido un bicho raro, ya que nosotros sólo tenemos un alma y un cuerpo (1+1=2). Según veía Apolinar su propio punto de vista, Jesús estaba compuesto por una parte humana (un cuerpo) y una parte divina (un alma). Como 1+1=2, no había ya nada extraño en él. El alma divina lo único que hacía era tomar el lugar que ocupaba el alma humana en los seres humanos normales. Sin embargo, tal como la ortodoxia veía su propia cristología, Jesús en realidad estaba formado por dos partes de humanidad (un cuerpo y un alma) y una parte de deidad (un alma), pero el resultado de la fórmula era 2+1=2. Esto por supuesto es una paradoja, pero una que la ortodoxia se sentía obligada a aceptar como verdad divina más allá de su capacidad de entendimiento. La idea subyacente es que a Jesús no le faltaba nada de humanidad, lo que significa que tenía un alma humana y un alma divina, pero ese hecho no le hacía tener una personalidad doble o dividida.

El apolinarianismo resultó ser una solución ingeniosa aunque no aceptable al problema. Porque como el elemento divino en Jesús no sólo era ontológicamente superior al humano, sino que también constituía la parte más importante de su persona (el alma antes que el cuerpo), la divina era doblemente superior.

La Escritura afirma claramente que el Logos asumió todo lo que es humano (1 Timoteo 3:16; Filipenses 2:7-8; Hebreos 2:14), excepto el pecado (Hebreos 4:15, 9:28). Jesús sintió dolor, alegría, tristeza, etc. todas son propiedades del alma racional. Cristo no sería hombre si no tuviera un alma racional; las conjeturas de Apolinar no pueden ser el modelo para la vida cristiana.

Por tanto la dual naturaleza de Jesús tendía a convertirse en la práctica en una sola naturaleza, la divina absorbía la humana. La iglesia concluyó que aunque no era una completa negación de la humanidad de Jesús como el Docetismo, el apolinarianismo tenía los mismos efectos prácticos. Los teólogos de la iglesia cuestionaron la suposición de que las entidades humana y divina, como entidades completas, no pudieran combinarse de tal manera que pudieran formar una unidad real. Señalaron que, si como afirmaba Apolinar, Cristo carecía de la parte más característica de la humanidad (voluntad, razón, mente humana), parece casi incorrecto denominarle humano. Y específicamente, concluyeron que el rechazo de Apolinar a creer que Jesús tomó los componentes psicológicos de la naturaleza humana choca con los relatos de los evangelios. En consecuencia, la doctrina de Apolinar fue condenada por el Concilio de Constantinopla en 381.