La persona y la obra de Cristo

Otra cuestión metodológica importante es la de la relación entre el estudio de la persona y la obra de Cristo. ¿Se deben separar? Y si es así, ¿cuál es el orden lógico de la cristología? ¿Se debería desarrollar primero la forma de entender la persona de Cristo, su naturaleza y después aplicarla para poder entender la obra de Cristo? ¿o deberíamos empezar con la obra de Cristo y deducir de ahí qué tipo de persona es?

En la historia temprana de la iglesia, las dos se mantuvieron juntas con una conexión bastante cercana. No obstante, este enfoque cambió durante el periodo medieval. La teología escolástica separó la doctrina de la persona de Cristo (su divinidad, su humanidad y la unidad de las dos) de la de los oficios y las obras de Cristo. Como resultado, la cristología dejó de ser relevante para la mayoría de los creyentes. Los debates sobre la deidad de Jesús, la extensión de su conocimiento y que careciese de pecado así como cuestiones del tipo si tenía una voluntad o dos, eran bastante abstractas. Al cristiano medio le resultaba difícil ver qué efectos, si es que los había, tenían tales temas en sus vidas.
 
En los siglos XIX y XX se desarrolló una tendencia opuesta basada en una famosa frase de Felipe Melanchton: “Conocer a Cristo es conocer sus beneficios.” Esto a su vez está ligado a la reacción de Lutero contra la concentración escolástica sobre el ser de Cristo. Lutero en su lugar pone el énfasis en la actividad salvadora de Cristo para nosotros. Este énfasis en la obra de Cristo se lleva a cabo explícitamente en la cristología de Friedrich Schleiermacher más de dos siglos después. Schleiermacher empieza su discusión de cada doctrina con la experiencia cristiana. Esto está en consonancia con su tesis general de que la religión (o piedad) no es un asunto de dogma o actividad ética, sino de sentimiento. Así que para Schleiermacher lo principal de la cristología es nuestra experiencia de lo que Cristo hace en nosotros. Sin embargo, en teoría, la persona de Cristo y su obra son inseparables, y la cristología se puede enfocar desde ambos ángulos.
 

Esta correlación de las dos consideraciones, pero con prioridad sobre la obra de Cristo, ha sido tomada por Bultmann y quizá incluso de forma más explícita por Paul Tillich, quien afirmó que: “La cristología es una función de la soteriología. El problema de la soteriología crea la cuestión cristológica y ofrece una dirección a la respuesta cristológica.” En el método de la correlación de Tillich, la respuesta teológica se relaciona con la cuestión existencial. En consecuencia, deberíamos concentrarnos en el simbolismo de los materiales bíblicos, ya que resalta el significado universal del suceso de Cristo. Los acontecimientos históricos y legendarios tienen que usarse sólo como corroboración.

Debería señalarse que hay dos razones principales para acercarse a la persona de Cristo a través de la obra de Cristo. Una es el deseo de una mayor coherencia entre cristología y soteriología. Es posible tratar la primera de forma aislada de la segunda. Pero no es posible hablar de lo que Cristo hace en nuestras vidas sin relacionar esa obra con la naturaleza de Cristo, la cual presupone. La segunda razón es el deseo de demostrar la relevancia de la doctrina de Cristo. Es difícil para la mayoría de las personas interesarse en la discusión de ciertos temas sobre la naturaleza de Cristo a menos que vean cómo les afectan.

Sin embargo, surgen ciertas dificultades en este enfoque. Una es que cuando se pone el énfasis en la obra que Cristo hace por la humanidad, la autopercepción humana de la necesidad suele dictar o planificar la elaboración de la forma de entender la persona o naturaleza de Cristo. Por tanto, hay un dilema: o se considera primero la obra de Cristo y después se aplican los descubrimientos a la situación humana, o se examina primero la situación y después se vuelve a los materiales bíblicos sobre la obra de Cristo. En el primer caso, todavía existe el peligro de la posible irrelevancia; en el segundo caso, de hacer un entendimiento de la obra de Cristo a medida de la percepción humana de la necesidad.

Un problema con la preocupación por la relevancia es que asume que la persona está haciendo las preguntas correctas. Pero esta suposición ¿es siempre válida? Hay preguntas que no se hacen que tal vez deberían hacerse. Análoga a esta situación es la diferencia entre contarle al doctor ciertos síntomas y realizar un examen físico completo. El análisis físico puede revelar algunos factores de los cuales el paciente no es consciente, pero que no obstante son importantes. De la misma manera, puede que no se traten nunca algunos temas importantes de la cristología si se programan las cosas según nuestra percepción subjetiva de la necesidad. Otro problema es que una conclusión particular en soteriología puede dejar abierta más de una posición posible sobre la naturaleza de Cristo. Por tanto, basar la cristología en las “necesidades sentidas” resultará inadecuado.

A pesar de estas dificultades, hay una manera aceptable de empezar la cristología con la obra de Cristo. Aunque no se puede permitir que establezca el programa de actuación, se puede utilizar como punto de contacto para discusiones más elaboradas de su naturaleza. Estas discusiones a su vez darán respuesta en el área de su obra. Deberíamos ser conscientes de que si vamos a elaborar una cristología completa, debemos examinar consideraciones en un área para encontrar respuestas a cuestiones en la otra.

 

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