El significado de la expiación de Cristo
En la expiación, llegamos a un punto crucial de la fe cristiana, porque es el punto de transición, por así decirlo, de los aspectos objetivos a los subjetivos de la teología cristiana. Aquí cambiamos nuestro enfoque pasando de la naturaleza de Cristo a su papel activo a nuestro favor; aquí la teología sistemática tiene una implicación directa en nuestras vidas. La expiación ha hecho posible nuestra salvación. También es el fundamento de otras importantes doctrinas: la doctrina de la iglesia trata de los aspectos colectivos de la salvación, la doctrina de las últimas cosas de sus aspectos futuros.
La mayoría de los teólogos han reconocido de una manera o de otra la naturaleza esencial de la expiación o, haciendo un juego de palabras “lo crucial de la cruz.” Emil Brunner, por ejemplo, dice: “El que entiende la Cruz correctamente... entiende la Biblia, entiende a Jesucristo." Leon Morris escribió: “La expiación es la doctrina crucial de la fe. Si no somos correctos en esto importa poco, o al menos así me lo parece a mí, cómo seamos en cualquier otra cosa.” Dada la importancia de esta doctrina, debemos examinarla con mucha atención.
En la doctrina de la expiación vemos quizá la indicación más clara del carácter orgánico de la teología, esto es, vemos que las distintas doctrinas encajan de manera cohesionada. La posición tomada en cualquiera de ellas afecta o contribuye a la construcción de las demás. Aquí las doctrinas de Dios, la humanidad, el pecado y la persona de Cristo se unen para definir la necesidad humana y la provisión que se tuvo que hacer para esa necesidad. Y de nuestra manera de entender estos otros asuntos doctrinales procede nuestra forma de entender las distintas facetas de la salvación: que se nos considere justos a los ojos de Dios (justificación); recibir vitalidad espiritual y dirección a nuestras vidas (regeneración); el desarrollo de la santidad (santificación). La teología, cuando se hace de forma adecuada, posee una cualidad estética. Hay una destacada simetría o equilibrio entre las distintas facetas de la doctrina. Hay una interconexión que nos recuerda la belleza de una maquina que funciona perfectamente, o de una pintura en la cual los colores se complementan entre sí, y las líneas y formas están en proporción correcta y adecuada para el cuadro en su conjunto.
Nuestras doctrinas sobre Dios y sobre Cristo darán color a nuestra forma de entender la expiación. Porque si Dios es un ser muy santo, recto y exigente, entonces los humanos no podrán satisfacerle con facilidad, y es bastante probable que se tenga que hacer algo a favor de los humanos para satisfacer a Dios. Si, por otra parte, Dios es el Padre indulgente, permisivo que dice: “Vamos a dejar que los humanos se diviertan un poco de vez en cuando,” entonces puede que sea suficiente con darles un poco de ánimo e instrucción. Si Cristo es únicamente un ser humano, entonces la obra realizada por él sólo sirve de ejemplo; no fue capaz de ofrecer nada en nuestro favor más allá de su ejemplo perfecto de hacer todo lo que era necesario hacer, incluida la muerte en la cruz. Sin embargo, si es Dios, su obra por nosotros fue mucho más allá de lo que nosotros podemos hacer por nosotros mismos; él sirvió no sólo de ejemplo, sino también de sacrificio por nosotros. La doctrina de la humanidad, definida con amplitud para incluir la doctrina del pecado, también afecta al conjunto del cuadro. Si los humanos están básicamente intactos espiritualmente, probablemente podrán con un poco de esfuerzo, cumplir lo que Dios quiere de ellos. Así que la instrucción, la inspiración y la motivación constituyen lo que los humanos necesitan y por lo tanto la esencia de la expiación. Sin embargo, si la humanidad es completamente depravada y en consecuencia incapaz de hacer lo correcto, sin importar lo mucho que lo deseen o lo mucho que lo intenten, entonces es necesario hacer una obra más radical a su favor.
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