La cristología funcional

No todas las modificaciones a la doctrina de la completa deidad de Jesús se encuentran en los primeros siglos de la historia de la iglesia. Una de las teorías cristológicas interesantes del siglo XX ha sido la “cristología funcional.” Con esto nos referimos al énfasis que se pone en lo que Jesús hizo más que en lo que Jesús era. Básicamente, la cristología funcional dice trabajar basándose en el Nuevo Testamento únicamente y no en categorías metafísicas o especulativas de un periodo de reflexión posterior, que tiene sus raíces en el pensamiento griego.

Un ejemplo claro de la cristología funcional es la obra de Oscar Cullmann "The Christology of the New Testament". Señala que las controversias cristológicas de los siglos IV y V se preocupaban de la persona o naturaleza de Cristo. Estas preocupaciones se centraban en dos temas: primero, la relación entre la naturaleza de Jesús y la de Dios; segundo, la relación entre las naturalezas divina y humana de Jesús. Sin embargo, estos no son los temas de los que se preocupa el Nuevo Testamento. Si no descartamos estos últimos temas de nuestro examen del Nuevo Testamento, tendremos una falsa perspectiva de la cristología desde el principio. Esto no quiere decir, según Cullmann, que la iglesia no necesitara tratar estos temas posteriormente o que su tratamiento de ellos fuera inadecuado. Pero debemos recordar que la iglesia del siglo IV y V estaba luchando con los problemas resultantes de “la helenización de la fe cristiana, el surgimiento de la doctrina gnóstica y los puntos de vista de Arrio, Nestorio, Eutiques y otros.” Estos problemas simplemente no surgieron en los tiempos del Nuevo Testamento.

Cullmann nos insta a preguntar: “¿cuál es la orientación y el interés del Nuevo Testamento con respecto a Cristo?” Su propia respuesta es que el Nuevo Testamento apenas habla de la persona de Cristo sin hablar al mismo tiempo de su obra. “Cuando en el Nuevo Testamento se pregunta: ‘¿quién es Cristo?’ la pregunta nunca se refiere exclusivamente, o incluso principalmente a ‘¿cuál es su naturaleza?’, sino ante todo a ‘¿cuál es su función?’”

Los padres de la iglesia enfocaron la persona y la obra de Cristo de una forma un tanto diferente. Tenían que combatir las ideas heréticas, relacionadas principalmente con la naturaleza de Cristo o su persona. Al hacerlo así, subordinaron la discusión de la obra de Jesús a la de su naturaleza. Aun reconociendo la necesidad que tenían los padres de la iglesia de estos esfuerzos, Cullmann nos advierte que estemos alerta al cambio: “Incluso si este cambio de énfasis fuera necesario contra ciertas ideas heréticas, la discusión de la ‘naturaleza’ sería un problema griego en el fondo, no judío o bíblico.”

El enfoque de Cullmann es utilizar la “historia de la salvación como un principio de organización para examinar varios títulos para Jesús en el Nuevo Testamento. Su cristología, pues, se centra en lo que Jesús ha hecho en la historia: “Es característico de la cristología del Nuevo Testamento, que Cristo esté conectado con la historia total de la revelación y la salvación, empezando por la creación. 

Hay dos maneras en las que los defensores de una cristología funcional interpretan su papel:

1. Una cristología funcional del Nuevo Testamento por oposición a una cristología ontológica es el auténtico punto de vista bíblico, pero se puede utilizar para construir una cristología más ontológica, ya que los conceptos ontológicos están implícitos dentro de los funcionales.

2. No es necesario ni deseable ir más allá del enfoque funcional tomado del Nuevo Testamento. La cristología del Nuevo Testamento es normativa para nuestra cristología.

Aunque Cullmann no dice claramente que apoye esta segunda posición, se podría extraer esa conclusión. Una conclusión similar se puede extraer de los que mantienen que la teología que necesita el ambiente actual tiene una afinidad mayor con el enfoque funcional que con la metafísica griega de los siglos IV y V.

El espacio no nos permite una exposición y evaluación completa y profunda de la cristología de Cullmann o de cualquier otra cristología funcional. Sin embargo, como respuesta es necesario hacer varias observaciones:

1. Es verdad que los escritores bíblicos estaban muy interesados en la obra de Cristo y que no se ocupaban en simples especulaciones sobre la naturaleza de Jesús. Sin embargo, su interés en su naturaleza no siempre se subordinaba a su interés por su obra. Observemos por ejemplo, cómo se refiere Juan a la humanidad de Jesús en su primera epístola: “En esto conoced el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios” (4:2-3a). Por supuesto, se podría decir que la venida de Jesús es su obra, pero la idea principal de este párrafo es que vino “en carne.” También deberíamos llamar la atención sobre el prólogo del evangelio de Juan. Cullmann replica que incluso aquí “El Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios” está conectado con “todas las cosas por medio de él fueron hechas.” Pero mientras que una cosa es presentar como evidencia que al preguntar: “¿Quién es Cristo?” el Nuevo Testamento nunca quiere decir de forma exclusiva “¿Cuál es su naturaleza?,” otra muy distinta es reclamar, como hace Cullmann, que el Nuevo Testamento nunca quiere decir que sea esta principalmente la pregunta. Según los pasajes de Juan 1:1 y 1 Juan 4:2-3a, es imposible mantener que en el Nuevo Testamento lo funcional siempre tenga prioridad sobre lo ontológico.

2. La suposición de que la discusión de las naturalezas es “al final un problema griego y no judío o bíblico,” refleja la suposición común del movimiento de teología bíblica de que hay una marcada diferencia entre el pensamiento griego y hebreo, y que el hebreo es la mentalidad bíblica. La obra monumental de James Barr "Semantics of Biblical Language" demuestra que este y otros conceptos mantenidos por el movimiento de la teología bíblica son insostenibles. Brevard Childs mantiene que la pérdida de credibilidad de estos conceptos supone “el agrietamiento de las paredes” del movimiento de teología bíblica. Aceptemos o no la evaluación de Barr, simplemente no es posible ignorar y repetir declaraciones no críticas sobre la mentalidad hebrea.

3. En consecuencia, la suposición de que la mentalidad de los hebreos era no ontológica o no teórica debe cuestionarse. George Ladd considera que el uso que Pablo hace de "mar" en 1 Corintios 16:22 es muy significativo: “Que Pablo utilice una expresión aramea en una carta a una iglesia de habla griega que no sabe arameo prueba que el uso de "mar" ('kyrios') para Jesucristo procede de la primitiva iglesia aramea y no es un producto de la comunidad helenística.” Este texto, así como Didache 10:9, “testifica un culto a Jesús como Señor en la comunidad de habla aramea que buscaba su venida y no la del Padre.” Queda claro, entonces, que había un elemento ontológico en el concepto hebreo de Cristo.

4. Hay un amplio acuerdo sobre que la cristología del siglo IV estaba muy influenciada por las presuposiciones griegas en lo que se refiere a las Escrituras. Sin duda creían que esas presuposiciones reflejaban lo que estaba en la mente de los cristianos hebreos. Pero uno busca en vano cualquier admisión por parte de Cullmann o de otros cristólogos funcionales de que ellos aportaran a su estudio del Nuevo Testamento presuposiciones influidas por el medio intelectual de su época. Y mucho menos indican conscientemente cuáles podrían ser esas presuposiciones. La suposición sobre la que trabajan todo el tiempo es que desde su privilegiado puesto del siglo veinte son capaces de entender mejor la mente de los escritores del siglo primero que los teólogos de los siglos IV y V. Se supone que la posesión de métodos históricos superiores les permite tener una perspectiva mejor. Pero ¿no puede ser que los teólogos calcedonianos, estando más cerca de la época del Nuevo Testamento, lo entendieran tan bien o mejor que los modernos teólogos?

En particular, se debería investigar el trabajo de los teólogos funcionales para ver si las categorías que se extraen del funcionalismo contemporáneo (por ejemplo del pragmatismo) no estarán influyendo en su interpretación de la Biblia. La conclusión de Barr y de otros de que la mentalidad de los hebreos no era tan no metafísica como a veces se piensa debería llevarnos al menos a considerar la posibilidad de que la exégesis de Cullmann se viera afectada por el funcionalismo contemporáneo.

5. Cullmann previno contra la distorsión de la perspectiva bíblica cuando se analiza bajo las categorías de un periodo posterior. Merece la pena tener en cuenta las pocas veces que ese concepto aparece tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Por supuesto el concepto está ahí, pero ¿lo explica tanto la Biblia como para justificar el utilizarlo como principio organizativo? Cullmann responde que sí y documenta su opinión apelando a su "Christ and Time", pero esa obra, también ha sido severamente criticada por Barr. Esto no quiere decir que el caso de Barr sea concluyente, pero nos debería advertir en contra de asumir de forma no crítica que Cullmann no utiliza ninguna categoría ajena al texto bíblico. En la práctica, Cullmann parece trabajar de forma circular. 

6. Incluso si concedemos que la primitiva iglesia cristiana estaba más preocupada por lo que Jesús había hecho que por la clase de persona que era, nosotros no podemos dejar ahí nuestra cristología. Cada vez que preguntamos cómo funciona algo, también preguntamos sobre las presuposiciones del funcionamiento, porque el funcionamiento no sucede en la abstracción. La función asume cierto tipo de forma. No ser capaz de ver esto y contentarnos con una cristología funcional es caer en una “cristología tipo gato de Cheshire.” Como el gato de Cheshire de Lewis Caroll, que desaparecía gradualmente hasta quedar sólo su sonrisa, la cristología funcional nos ofrece funciones sin forma. Dejando a un lado de momento la cuestión de si los primeros cristianos hacían preguntas ontológicas sobre Jesús, nosotros no podemos permitirnos no hacerlo, si queremos ser responsables y contemporáneos. Si no se hace eso, se cae en una de las categorías de Henry Cadbury de “arcaizarse”: sustituir la teología bíblica por teología. Simplemente no vivimos en el siglo primero. Debemos continuar, como sugiere Cullmann que hicieron adecuadamente los teólogos del siglo IV, planteando preguntas sobre la naturaleza de Jesús.

Resumiendo: como la cristología funcional pasa por alto alguna características del testimonio bíblico y distorsiona otras, no es una cristología adecuada para hoy. Es cuestionable si, como mantiene Cullmann, el Nuevo Testamento pone mayor énfasis en la función o la obra de Jesús que sobre su persona o naturaleza. Los conceptos ontológicos están implícitos si es que no están explícitos en el Nuevo Testamento. Cualquier cristología para ser completamente adecuada debe tratar e integrar asuntos ontológicos y funcionales.