La encarnación como mitología
Otro tema de importancia creciente en cristología es si la idea de la encarnación es mitológica. Según algunos, la idea de que Dios se hiciera humano y entrara en la historia humana, que es lo que la doctrina de la encarnación ha significado históricamente, no ha de ser tomada de forma literal. En realidad, según esta idea, no es necesario ni posible hacer eso. Una serie de factores han favorecido esta teoría.
Uno es el programa de desmitologización de Bultmann. Bultmann concluyó que mucho del Nuevo Testamento es mito, con lo cual quería decir que era un intento de los seres humanos de dar expresión a lo sobrenatural según el simbolismo extraído de lo natural. Estos conceptos no se tienen que entender como expresiones literales de la naturaleza de la realidad. Y no se tienen que considerar como algo en cierta manera especialmente revelado por Dios, ni su presentación en los escritos de los apóstoles y los profetas se tienen que considerar en cierto modo como inspirados divinamente. Son simplemente conceptos de la naturaleza de la realidad condicionados culturalmente. En muchos casos podemos identificar las fuentes de las cuales fueron tomadas: helenismo, judaísmo, gnosticismo. Bultmann insistía en que estos conceptos deben ser “desmitologizados,” no quiere decir que deban ser eliminados, sino que hay que reinterpretarlos. Los autores de las Escrituras utilizaron el mito para expresar lo que les había sucedido existencialmente. Tomemos como ejemplo la historia de Jesús caminando sobre las aguas (Mt. 14:22-23). Tomada literalmente pretende contarnos un hecho real, un suceso milagroso. Pero cuando se desmitologiza, se ve que nos quiere decir algo de lo que sucedió a los discípulos. Lo que sucediera realmente tiene poca importancia. El asunto es que Jesús había causado una gran impresión en los doce discípulos. Fuera quien fuese, era alguien realmente impactante. La manera que buscaron para expresar el hecho de que Jesús les había impresionado de una forma que no se podía comparar con nadie que hubiesen conocido fue contar este y otros “milagros” sobre él. Jesús era el tipo de persona del que uno diría: “Si alguien pudiese caminar sobre las aguas, ese sería Jesús.”
Una segunda influencia que contribuye a la opinión de que la encarnación es mitológica es el aumento de un punto de vista más generalizado sobre la relación de Dios con el mundo. Tradicionalmente la teología ortodoxa veía el contacto de Dios y su implicación con el mundo relacionado especialmente con la persona de Jesús durante un periodo de treinta años en Judea. Por contraste, movimientos como el de la efímera teología de la muerte de Dios proponían un proceso continuado mediante el cual el Dios primordial se ha hecho totalmente inmanente en el mundo. Esto ha sucedido en pasos o etapas, siendo el paso más completo Cristo. Desde ese momento en adelante, el proceso ha sido el de difusión desde Cristo hacia el resto de la raza humana, a medida que sus enseñanzas y prácticas se van adoptando. El Dios primordial ha dejado de existir; ahora es totalmente inmanente dentro de la raza humana.
Este concepto particular muestra una gran similitud con el pensamiento de Georg Hegel. Para Hegel, el evento de Cristo no es de gran importancia por sí mismo. Es sólo un símbolo de la verdad más abstracta de Dios extendiéndose por el mundo, representando una verdad más filosófica.
Hay muchas variaciones dentro de las cristologías que ven la encarnación como mitológica. A pesar de la variedad y la diversidad, hay varios puntos de acuerdo:
1. La idea de que Dios literalmente se hizo hombre es bastante increíble y lógicamente contradictoria.
2. La cristología del Nuevo Testamento representa la fe de los discípulos más que las enseñanzas de Jesús. Los discípulos buscaban dar expresión a la profunda impresión que Jesús les había causado. Al hacerlo, utilizaron títulos y conceptos comunes en aquellos tiempos, como la idea de Dios viniendo a la tierra. Estos títulos e ideas no fueron utilizados por Jesús mismo. Su mensaje era sobre el reino de Dios, no sobre sí mismo. Los discípulos estaban intentando expresar que habían encontrado en Jesús un hombre que vivía una vida modelo de confianza y fe en Dios. También estaban dando expresión a su sentimiento de que Dios estaba implicado con el mundo, con su dolor y tragedia. Los conceptos teológicos que se encontraron en los Evangelios, y especialmente en el cuarto evangelio, representan su meditación sobre la persona de Cristo, no sobre lo que enseñaba. El mensaje de Jesús y la fe primera, original de los discípulos no eran para nada ontológicos. En particular, no había una idea de un Hijo de Dios metafísico. Si hubiera habido alguna idea de ese tipo, hubiera sido la de que Dios había adoptado a Jesús.
3. El tipo tradicional de cristología no surgió del Nuevo Testamento, sino de la teologización de la iglesia, en particular en los siglos IV y V. Al hacer esto, la iglesia utilizó los conceptos filosóficos que estaban entonces de actualidad. Como resultado, las doctrinas formuladas se parecían a los dogmas filosóficos del momento. Las doctrinas, basadas como estaban en una filosofía que era contraria a la perspectiva bíblica, impedían que la iglesia entendiera correctamente el testimonio que el Nuevo Testamento daba de Cristo. Es más, muchas de estas formulaciones (por ejemplo, que Jesús tenía dos naturalezas, pero era una única persona) eran internamente contradictorias y en realidad carecían de contenido. Eran fórmulas vacías. La iglesia nunca explicó realmente lo que querían decir estas expresiones; cualquier intento de hacerlo se consideraba una herejía.
4. La idea de Jesús como encarnado no era tan especial como normalmente se ha supuesto. Por ejemplo, Gautama Buda también representa la venida de Dios para los humanos, evidenciando el deseo de Dios de implicarse con su creación, y la unidad esencial de Dios y la humanidad. Jesús no es, por tanto, la única expresión de esta verdad religiosa. Pensar que Jesús es el único camino, y que sólo los que creen lo que la iglesia enseña sobre él se salvarán es como poco provinciano y como mucho aborrecible. Esto es decir que la gran mayoría de los que han vivido no se salvaron, es más, no tuvieron oportunidad de salvarse. En su lugar, debemos darnos cuenta de que la afirmación cristiana básica –que Dios ama al mundo y desea reconciliarse con él– también se cree y se expresa de formas diferentes en otras religiones. Dios está presente en otras religiones también, pero allí el nombre de su presencia no es Jesús. “Jesús” es el término cristiano distintivo para la presencia de Dios.
5. La encarnación se puede entender en un sentido restringido y amplio. En el sentido restringido, es la creencia de que en un momento del tiempo y el espacio Dios entró en el mundo, en la persona de Jesucristo, como nunca lo había hecho antes, y no lo ha hecho desde entonces. En el sentido amplio, la encarnación significa la inmanencia de Dios en el mundo. Por tanto, los medios por los cuales la humanidad tiene que aproximarse a Dios están en el mundo físico, no en escaparse de él. El mundo físico es un transmisor de valor espiritual. Este sentido amplio no es especial en el cristianismo, también se puede encontrar en el judaísmo. Relacionada no sólo con la cristología, sino también con las doctrinas de la creación y la providencia, la doctrina de la encarnación significa que Dios está en el mundo y está obrando en él.
Estos dos sentidos, la inmanencia de Dios en el mundo y la individualidad absoluta del Dios–hombre, Jesucristo, no son inseparables. Mientras que el segundo sentido de la encarnación ha sido utilizado por la iglesia durante gran parte de su historia para comunicar el primero, el primero se puede mantener sin el segundo. Esto es análogo a la habilidad de la iglesia para mantener la eucaristía sin creer en la transubstanciación y mantener la autoridad de la Biblia sin creer en la inerrancia.
Es necesario elaborar una respuesta a la opinión de que la encarnación es mítica. En otras secciones se elaborarán el auténtico significado de la encarnación. No obstante, se tienen que ofrecer algunas sugerencias en este momento:
1. La idea de la encarnación de Dios no es inherentemente contradictoria. Brian Hebblethwaite ha argumentado que la idea de creer que la encarnación implica una contradicción surge de tomar la encarnación demasiado antropomórficamente. Seguramente, aquí hay una paradoja, un concepto que es muy difícil de asimilar intelectualmente. La función de una paradoja, como ha mostrado Ian Ramsey, es forzar nuestras mentes más allá de lo natural hacia lo sobrenatural. En este caso, no estamos predicando la divinidad de la humanidad de Jesús, o sugiriendo que Dios se convirtió en una clase de Dios completamente diferente, o que una única persona era a la vez limitada e ilimitada respecto a la misma cosa. Más bien estamos diciendo que Dios voluntariamente asumió ciertas limitaciones sobre el ejercicio de su infinidad. Había limitado de forma similar sus opciones cuando creó a los humanos.
2. Hay evidencia histórica de que la cristología del Nuevo Testamento surge de Jesús mismo y no sólo de la fe de los discípulos. Aquí hay una serie de consideraciones. Por una parte, la teoría de que los discípulos podrían haber tomado prestada la idea de la venida del Dios encarnado de otros mitos es dudosa. Que tuvieran acceso a tales tipos de mitos se ha demostrado como poco muy cuestionable. Además, las congregaciones helenísticas pre-paulinas que se ha dicho que fusionaban las ideas helenísticas con la historia de Cristo ahora se sabe que no han existido. Finalmente, hay indicación de una cristología “alta” en los primeros escritos del Nuevo Testamento.
3. La sugerencia de que la encarnación de Dios en Jesús es análoga a las enseñanzas de otras religiones no se puede sostener. La doctrina de la encarnación es radicalmente diferente a la doctrina de la inmanencia divina. Es más, es inconcebible que, si Dios es uno, más de una persona pueda ser Dios encarnado. Cuando se entiende por completo el sentido bíblico de la doctrina de la encarnación, la encarnación de Dios en Jesús sencillamente no se puede comparar con, por ejemplo, la visión que el Budismo tiene de Buda.
La doctrina de la encarnación requiere un desarrollo mucho más amplio. En las secciones siguientes continuaremos investigando con la seguridad de que esta tarea que emprendemos no es imposible.
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