Las funciones u oficios de Cristo
Históricamente, se acostumbra a catalogar la obra de Cristo según tres “oficios”: profeta, sacerdote y rey. Aunque algunos padres de la iglesia hablan de los oficios de Cristo, fue Juan Calvino el que prestó especial atención a este concepto. El concepto de oficios se empezó a emplear popularmente para tratar la obra de Cristo.
No obstante, muchos tratamientos recientes de cristología no describen la obra multifacética de Jesús como la de un profeta, un sacerdote y un rey. En parte esto se debe a que algunas teologías modernas tienen una perspectiva diferente sobre uno o más de los tipos de obras así caracterizados. Mantengamos o no los títulos exactos, es importante mantener las verdades de que Jesús revela a Dios a la humanidad, reconcilia a Dios y a la humanidad y que reina y reinará sobre toda la creación, incluyendo la humanidad.
Hay varias razonas para esta indecisión a utilizar el término “oficios de Cristo” en la teología reciente. Una razón es la tendencia, en particular en el escolasticismo protestante, a ver los oficios claramente distinguidos o diferenciados unos de otros. A veces, como señala G. C. Berkouwer, ha habido objeciones al concepto de oficios basándose en que cualquier clase de distinción es artificial y escolástica. Otra razón para la indecisión es que ocasionalmente la idea de oficio se ha tomado de forma demasiado formal. Esto procede de unas connotaciones particulares que el término oficio transmite fuera de las Escrituras. El resultado es un oscurecimiento del carácter dinámico y personal de la obra de Cristo.
Tras el concepto de oficios de Cristo está la idea básica de que a Jesús se le encomendó una tarea. Las dimensiones de esta tarea (profética, sacerdotal, real) son bíblicas, no una imposición sobre el material bíblico de un conjunto de categorías ajenas. Para preservar una visión unificada de la obra de Cristo, Berkouwer se ha referido a oficio (singular) de Cristo. Dale Moody se refiere a los oficios, utilizando los términos profeta, sacerdote y potentado. Al hacer esto, amplía el oficio de rey, aunque retiene la idea general.
Nosotros hemos escogido hablar de las tres funciones de Cristo: reveladora, reinante y reconciliadora. Es apropiado pensar en estos aspectos de la obra de Cristo como su comisión porque Jesús era el Mesías, el ungido. En el Antiguo Testamento, a la gente se le ungía para ciertos papeles (por ejemplo, sacerdote o rey). Así cuando hablamos de Jesús como el Cristo, o el ungido, debemos preguntar para qué papel estaba ungido. Será importante mantener los tres aspectos de su obra, ni resaltar uno de manera que los otros queden disminuidos, ni diferenciarlos demasiado unos de otros como si fueran acciones separadas de Cristo.
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