El gobierno de Cristo
Los evangelios representan a Jesús como un rey, el gobernador del universo. Isaías había anticipado que habría un futuro gobernador que se sentaría en el trono de David (Is. 9:7). El escritor de Hebreos aplica el Salmo 45:6-7 al Hijo de Dios: “Tu trono, Dios, por los siglos de los siglos. Cetro de equidad es el cetro de tu Reino” (He. 1:8). El mismo Jesús dijo que en el nuevo mundo el Hijo del hombre se sentaría en el trono de su gloria (Mt. 19:28). Reclamó que el reino de los cielos era suyo (Mt. 13:41).
Aquí surge un problema. Al igual que hay tendencia a pensar que la obra de revelación de Jesús es algo del pasado, del mismo modo también se suele pensar que su gobierno es algo casi exclusivamente futuro. Porque cuando miramos en nuestro entorno, no vemos a Jesús gobernando de forma muy activa. Es verdad que la Biblia dice que es rey, y la multitud de Jerusalén así lo aclamaba en lo que hoy en día denominamos Domingo de ramos. Es como si la puerta de los cielos se hubiese abierto un poco para que durante un breve momento de tiempo se pudiese ver su verdadera posición. A pesar de esto, en la actualidad parece haber poca evidencia empírica de que nuestro Señor gobierne sobre toda la creación y en particular sobre la raza humana.
En primer lugar, tenemos que señalar que, al contrario, sí que hay evidencia del gobierno de Cristo hoy en día. En particular, el universo natural le obedece. Como Cristo es a través de quien todas las cosas fueron hechas (Jn. 1:3) y a través de quien todas continúan (Col. 1:17), tiene el control de todo el universo natural. Por tanto, era adecuado que dijera que si la gente hubiera permanecido callada el día del Domingo de ramos, las piedras hubieran gritado; esta no es más que otra forma de la verdad expresada en la afirmación del salmista de que los cielos cuentan la gloria de Dios (Sal. 19:1).
Pero ¿hay evidencias de un reinado de Cristo en los humanos del mundo moderno? Por supuesto que sí. El reino de Dios, sobre el que Cristo reina, está presente en la iglesia. Es la cabeza del cuerpo, la iglesia (Col. 1:18). Cuando estaba en la tierra, su reino estaba presente en los corazones de sus discípulos. Y dondequiera que los cristianos de hoy estén siguiendo el señorío de Cristo, el Salvador estará ejerciendo su función gobernadora.
Según lo anterior, podemos ver que el gobierno de Jesucristo no se trata únicamente de su exaltación final, como algunos han creído. Es en conexión con el paso final de su exaltación, al regresar con todo su poder, cuando su gobierno se completa. El himno de Filipenses 2 resalta que a Cristo se le ha dado “un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (vv. 9-11). Llegará un tiempo en que el reinado de Cristo será completo; entonces todos estaremos bajo su gobierno, ya sea deseándolo y esperándolo ansiosamente, o sin desearlo y siendo reacios a ello.
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