La mayoría de las mutaciones que experimenta la humanidad son degenerativas

Con cada división celular aparecen nuevas mutaciones o errores en el ADN. Estos errores se van acumulando en el libro de instrucciones de los seres vivos (genoma). La inmensa mayoría de tales errores son perjudiciales porque estropean o destruyen sistemáticamente la información biológica, produciendo enfermedades y taras genéticas. Pero la evolución exige que todas estas mutaciones malas sean eliminadas poco a poco para que los organismos puedan evolucionar positivamente. El problema es que las malas mutaciones (deletéreas) se están acumulando en el ADN de la humanidad mucho más rápidamente de lo que están siendo eliminadas por la selección natural. El genoma humano (o ADN) ha estado degenerando durante la mayor parte de la historia registrada.

Actualmente podemos decir que el genoma humano no está progresando sino degenerando y que semejante fenómeno es mucho peor de lo que generalmente se reconoce. Esto lo analiza en profundidad el genetista estadounidense, John C. Sanford, quien fue uno de los primeros biólogos en hablar de “entropía genética”, es decir, del grado de desorden que se acumula lentamente en el ADN humano. Sus trabajos mediante simulaciones numéricas evidencian que más del 90% de las mutaciones perjudiciales no pueden ser eliminadas por la selección natural. Este declive genético que se detecta hoy en la humanidad, contradice el modelo evolucionista y supone una corroboración del relato bíblico de los orígenes del ser humano. Según la Escritura, el hombre fue creado con unas condiciones óptimas y, desde entonces, habría estado degenerando continuamente. La hipótesis del simio a la persona resulta poco convincente porque el cambio en nuestro genoma ha sido siempre descendente, nunca ascendente. A veces, puede parecer que mejoramos (porque vivimos más años que el hombre medieval, somos más altos, o superamos muchas enfermedades, etc.) pero no debemos confundir la evolución cultural con la biológica.

Nuestro progreso cultural, científico y tecnológico nos ha permitido una buena alimentación, medicina y salud, pero esto no nos ha hecho genéticamente mejores que nuestros antepasados. Sin embargo, lo cierto es que nuestra genética ha empeorado. Y esta degeneración genética es notablemente consistente con la perspectiva bíblica de una pareja creada perfecta, una Caída literal, una población humana en decadencia y un mundo que envejece como una vestidura (He. 1:11).

La teoría de la evolución supone que cualquier población grande de seres vivos irá acumulando mutaciones poco a poco, a lo largo de millones de años, y que esto generará lógicamente una enorme cantidad de diversidad genética en las especies. El problema con los humanos actuales es que los estudios genéticos muestran todo lo contrario. Es decir, hoy está claro que la humanidad es muy homogénea o parecida entre las diversas étnias y que presenta una limitadísima variación genética. Si bien esta evidencia supone un grave problema para la perspectiva evolutiva, es exactamente lo que cabría esperar si todos los seres humanos descendiéramos de una sola pareja original, tal como afirma la Biblia.