El origen de la información biológica

¿Cómo se han podido formar las estructuras primaria, secundaria y terciaria que evidencian los ácidos nucleicos (el ácido desoxirribonucleico o ADN y el ácido ribonucleico o ARN? El secreto de tales ácidos nucleicos son las cuatro bases nitrogenadas y lo que se ha observado es que aquello que cambia en las distintas especies es precisamente la proporción entre enlaces adenina-timina (A-T) y citosina-guanina (C-G). Tal divergencia de enlaces sería lo que define las características distintivas de las especies biológicas.

Esto es algo muy interesante porque cuando se compara el ADN de una especie con el de otra se observa que existen muchos parecidos. A veces se dice, por ejemplo, que los chimpancés y los humanos tenemos un 98% de ADN común, y esto se interpreta en el sentido de que ambas especies descenderíamos de un antepasado común que supuestamente habría vivido hace unos seis millones de años. El problema es que por mucho que nos parezcamos genéticamente, semejante parecido se desvanece cuando se analizan las proteínas de ambos grupos biológicos. En efecto, las semejanzas del genoma no se dan también en el proteoma (o conjunto de proteínas de una especie). Resulta que ese gran parecido del 98% del ADN entre simios y personas disminuye notablemente a tan solo un 20% de parecido proteico. Conviene recordar que las proteínas son en realidad las moléculas encargadas de realizar casi todas las funciones biológicas celulares. Esto significa que la información del ADN se expresa de distinta manera según la especie que la posea y el ambiente en que ésta viva (epigenética). Hoy por hoy, el evolucionismo carece de una explicación adecuada para semejante cuestión.

El ADN haploide contiene entre 3000 y 3200 millones de pares de bases nitrogenadas. Lo cual representa una información similar a la que podrían contener 860 libros distintos del tamaño de la Biblia. Tal información es capaz de hacer especies tan diferentes como una bacteria microscópica o una enorme ballena azul. Una sola copia de ADN en el núcleo de la célula actúa como plantilla para crear muchas copias de ácido ribonucleico mensajero (ARNm), que saldrán del núcleo por los poros de su doble membrana y formarán numerosas proteínas en el citoplasma.

¿Qué tamaño tiene una molécula de ADN? Veamos la siguiente analogía. Si pudiésemos realizar una maqueta a escala de tal molécula, en la que cada peldaño formado por las bases (A-T y G-C) estuviese separado del siguiente por unos 25 cm, la maqueta de la molécula de ADN que resultaría sería como escalera de caracol de unos 75 millones de kilómetros de longitud. Aproximadamente la distancia que separa la Tierra de Marte. En realidad, el tamaño real del ADN es de un metro y medio de longitud. Pero lo verdaderamente misterioso no es solo su longitud sino cómo se repliega y organiza para caber en el reducido espacio del núcleo microscópico de una célula. Todavía no se comprende muy bien la biología de dicho super-enrollamiento. ¿Pudo originarse esta estructura, así como la información que contiene el ADN por puro azar? Esta es la cuestión que sigue preocupando hoy a muchos científicos y que está en el fondo del debate entre el evolucionismo y el Diseño Inteligente.

A lo largo de la historia se han dado diversas explicaciones a esta cuestión. El premio Nobel, Jacques Monod, decía a principios de los 70: “Nuestro número salió en el juego de Montecarlo”. Con esto quería decir que la vida en la Tierra apareció por casualidad, igual que el ADN. El problema es que, cuando se hacen los cálculos pertinentes, la probabilidad de que apareciera por azar una única proteína funcional pequeña de tan solo unos 100 aminoácidos es de 10 elevado a 130. Lo cual es imposible de imaginar ya que el número total de átomos que posee nuestra galaxia, la Vía Láctea, es aproximadamente la mitad de esta cantidad, es decir de 10 elevado a 65. De manera que la posibilidad de que se formara dicha proteína al azar equivale a cero. Los estudios estadísticos han contribuido a que se abandone la idea de que la vida surgió por casualidad.

El código genético traduce un lenguaje de cuatro letras a otro de veinte, la única diferencia entre el ADN y el ARN es que el primero es bicatenario, en cambio el ARN tiene una sola cadena. La información que contiene el ADN se transcribe al ARN y éste la traduce al lenguaje de las proteínas, que está constituido por 20 aminoácidos diferentes. ¿Cómo se realiza esta traducción? La maquinaria celular que constituye el código genético traductor está compuesta por más de 50 moléculas proteicas que están ellas mismas codificadas en el ADN. Es decir que la molécula de ADN, con toda la información que contiene, requiere de esta cincuentena de proteínas para traducirse al lenguaje de las proteínas, pero resulta que esta máquina traductora necesaria está a su vez codificada en la información que contiene el propio ADN. Esto plantea la siguiente cuestión: ¿qué fue primero el ADN o las proteínas? Los procesos ciegos del darwinismo no pueden explicar cómo la complejidad e información del ADN habrían podido surgir de la materia inerte. En realidad, lo que dice la teoría de la evolución es que a partir de la materia muerta (o inorgánica), después de muchos millones de años, fue creciendo la complejidad y aparecieron cosas tan sofisticadas como el cerebro humano o la conciencia. Esto es lo que la actualmente cree la ciencia sin haberlo demostrado convenientemente. Sin embargo, ¿acaso no se parece esto a un gran acto de fe?

En el 2004, el destacado filósofo ateo Antony Flew impactó al mundo académico al anunciar que había cambiado de idea sobre la existencia de Dios. Dijo que el contenido de la información del ADN fue una de las razones principales que le llevaron a dicho cambio. También los partidarios de la teoría del D.I. afirman que la molécula de ADN es uno de los mejores argumentos a favor de la existencia de un creador sabio.

Mediante el descubrimiento de la estructura del ADN, en 1953, los científicos averiguaron que la información para la síntesis de las proteínas está en el orden y la proporción en que aparecen en el ADN los enlaces entre las cuatros bases nitrogenadas: guanina (G), adenina (A), timina (T) y citosina (C). Estas cuatro bases funcionan como si fueran letras de un alfabeto, razón por la cual los biólogos se refieren al ADN, al ARN y a las proteínas como moléculas portadoras de información.

La capacidad de almacenamiento de información que posee el ADN supera con creces a la de cualquier tecnología humana. El biólogo molecular, Michael Denton, escribe: "La información necesaria para especificar el diseño de todas las especies de organismos que han existido en el planeta, (...), cabría en una cucharadita y aún quedaría espacio para la información de todos los libros escritos". El ADN además de almacenar la información, la procesa ya que es como un programa informático pero infinitamente superior a los inventados por el hombre. El gran desafío para quienes investigan el origen de la vida es explicar cómo la información (la complejidad específica) de los seres vivos pudo surgir sin una causa inteligente que la generara. En la actualidad, el naturalismo no puede explicar el origen de la vida ya que las fuerzas naturales son incapaces de generar información por sí solas.

Por el contrario, el D.I. ofrece una solución que permite explicar el origen la información contenida en el ADN. La experiencia corriente nos enseña que tal información, como la que contiene un libro o un programa de ordenador, surge siempre de una mente, como la de un escritor o de un programador informático. Las palabras de un libro nos indican que hubo una mente que deliberadamente las dispuso para que formaran una secuencia con sentido. Así como la información de un libro es indicio de un autor y el código informático es indicio de un programador, la información contenida en los organismos es indicio también de un diseñador inteligente.

Veamos la siguiente ilustración: imaginemos que encontramos un refugio abandonado en una alta montaña. A medida que nos acercamos a él, y entramos en su interior, descubrimos algo extraño. El fuego está encendido y la temperatura interior es de unos 20 grados centígrados. Nuestra comida favorita está recién hecha en el horno, la TV está conectada en nuestro programa preferido; además, todos los libros que más nos gustan, así como los DVD’s y juegos de video están sobre la mesa. ¿A qué conclusión podríamos llegar? La mejor explicación sería creer que alguien nos estaba esperando y lo habría preparado todo para nuestro bienestar. Pues bien, hace poco los cosmólogos comprendieron que el universo se parece mucho a este refugio imaginario, concebido especialmente para nosotros y que... alguien nos está esperando.