Trasfondo

Hacia 1900, los críticos de las fuentes habían llegado a cierto consenso en lo que se refiere a los Evangelios. Se creía que el primero que se había escrito era Marcos y que Mateo y Lucas se habían escrito basándose en Marcos y en otra fuente a la que llamaban “Q” (de la palabra alemana Quelle, que significa fuente), y que se creía que estaba compuesto principalmente por los dichos de Jesús. Además se pensaba que tanto Mateo como Lucas tenían otras fuentes particulares a las que inicialmente se denominaron “especial Mateo” y “especial Lucas.” Estas fuentes independientes supuestamente contenían el material especial que tienen cada uno de estos evangelios. Especial Lucas, por ejemplo, se consideraba la fuente de la que surgieron las parábolas del buen samaritano y del hijo pródigo.

Sin embargo, había una convicción cada vez mayor de que tras estos documentos escritos estaban las tradiciones orales. La crítica de las formas representó un intento por llegar a esas formas orales e intentar trazar el curso histórico de su desarrollo. Por lo tanto, esta metodología se ha denominado Formgeschichte o “historia de las formas.” La presuposición subyacente era que el conocimiento obtenido estudiando los patrones de formas diferentes en otras literaturas se podía aplicar a los Evangelios. La observación de las leyes del desarrollo de las formas orales en otras culturas podría llevarnos a entender el desarrollo de las formas que hay tras la Biblia.