La Teología como ciencia

¿La teología tiene derecho a ser denominada ciencia? Y si es así, ¿de qué es ciencia? Otra manera de plantear esta pregunta es preguntar si la teología trata sobre el conocimiento y si es así, en qué sentido.

Hasta el siglo XIII, el término ciencia no se aplicaba a la teología. Agustín prefería el término sapientia (sabiduría) al scientia (conocimiento). Las ciencias tratan de temas temporales; la sabiduría se refiere a temas eternos, específicamente a Dios como bien supremo. La ciencia y el conocimiento pueden conducir a la sabiduría. Para que esto suceda, sin embargo, las verdades adquiridas por las ciencias específicas tendrían que ser ordenadas en relación con el bien supremo. Así pues la sabiduría, incluyendo la filosofía y la teología, puede servir como un principio de organización para el conocimiento.

Tomás de Aquino pensaba en la teología como reina de las ciencias. Mantenía que era un derivado de la ciencia, porque procede de los principios revelados por Dios. Es más noble que otras ciencias. La ciencia es en parte especulativa y en parte práctica. La teología sobrepasa a otras ciencias especulativas por su mayor certeza, basándose en la luz del divino conocimiento, que no puede inducir a error, mientras que otras ciencias derivan de la luz natural de la razón humana, que puede errar. Su objeto de conocimiento –las cosas que trascienden a la razón humana– es superior al de otras ciencias especulativas, que tratan de temas que están al alcance del ser humano. Es superior a las ciencias prácticas porque está destinada a la dicha eterna, que es el fin último al que toda ciencia se puede dirigir. A medida que lo que llamamos ciencia natural empezó a adquirir importancia, el concepto de ciencia se fue limitando de forma gradual; una disciplina tenía que cumplir criterios más rígidos para poder ser denominada ciencia. En particular, la ciencia ahora está restringida a los objetos que se pueden experimentar a través de los sentidos, que deben verificarse mediante el “método científico,” que emplea la observación y la experimentación, siguiendo estrictos procedimientos de lógica inductiva. Según esto la teología obviamente no es una ciencia, ya que trata objetos que no son perceptibles. Esto mismo les sucede a muchas otras disciplinas intelectuales. La teoría psicoanalítica de Sigmund Freud sobre la personalidad no es científica porque nadie puede ver, medir o probar entidades como el ello, el yo, y el superyó. Para poder ser considerada una ciencia, las disciplinas que tratan de las humanidades tienden a convertirse en behavioristas, basando su método, objetos y conclusiones en lo que se puede observar, medir y comprobar, en lugar de en lo que se puede conocer introspectivamente. Se espera que todas las disciplinas intelectuales se ajusten a estas características.

La teología, por lo tanto, se ve ante un dilema. O debe redefinirse para cumplir los criterios de la ciencia o debe demostrar que es algo que no cumple con las normas científicas, y así abandonar la pretensión de ser una ciencia, y también abandonar la pretensión de ser un conocimiento en el sentido de constar de proposiciones verdaderas sobre realidades objetivas (esto es, realidades que existen a pesar de que se las conozca o no).

Karl Barth ha reclamado vigorosamente la autonomía de la teología. Comenta sobre los seis criterios de Heinrich Scholz que la teología debe cumplir si quiere ser considerada ciencia:

1. La teología debe estar libre de contradicciones internas.

2. Debe haber unidad o coherencia en sus proposiciones.

3. Sus afirmaciones deben poder ser comprobadas.

4. No se debe hacer ninguna aseveración que sea física o biológicamente imposible.

5. Debe estar libre de prejuicios.

6. Sus proposiciones deberían poder dividirse en axiomas y teoremas y poder ser probadas según esto.

Barth acepta el primero sólo parcialmente y rechaza los demás. “No se puede ceder ni un ápice aquí sin traicionar a la teología,” escribe. No obstante, debe llamarse “ciencia” porque como todas las otras ciencias:

1. Es un esfuerzo humano ante un objeto de conocimiento definido.

2. Sigue un camino definido, coherente hacia el conocimiento.

3. Todo el que sea capaz de esforzarse por este objeto y seguir ese camino puede realizar un seguimiento del mismo.

Entonces, ¿qué podemos decir sobre la teología como ciencia?

Primero, se debe apuntar que la definición que virtualmente restringe la ciencia a las ciencias naturales y después tiende a restringir el conocimiento a la ciencia es demasiado estrecha. 

Segundo, si aceptamos los criterios tradicionales de conocimiento, la teología debe considerarse científica:

(1) La teología tiene un objeto de estudio definido, principalmente lo que Dios ha revelado sobre sí mismo.

(2) La teología trata de temas objetivos. No se limita a dar expresión a los sentimientos subjetivos del teólogo o del cristiano.

(3) Tiene una metodología definida para investigar su objeto de estudio.

(4) Tiene un método para verificar sus proposiciones.

(5) Las proposiciones sobre su objeto de estudio son coherentes.

Tercero, hasta cierto punto la teología ocupa el mismo terreno que otras ciencias:

(1) La teología está sujeta a ciertos principios básicos o axiomas. En particular, debe responder a los mismos cánones de lógica que otras disciplinas.

(2) Implica comunicabilidad. Lo que dice un teólogo puede ser entendido, observado e investigado por los demás también.

(3) La teología emplea, al menos hasta cierto punto, métodos utilizados por otras disciplinas específicas. Muestra una afinidad particular con la metodología de la historia, ya que hace afirmaciones basándose en momentos históricos, y con la metodología de la filosofía porque expone afirmaciones metafísicas.

(4) Comparte algunos temas con otras disciplinas. Por tanto es posible que algunas de sus proposiciones puedan ser confirmadas o rechazadas por las ciencias naturales, las ciencias del comportamiento o la historia.

Al mismo tiempo, la teología tiene su propio y especial estatus. Trata de objetos especiales o de objetos comunes de una forma especial. Comparte con muchas otras ciencias la humanidad como objeto de estudio, sin embargo lo hace bajo una luz diferente. Toma en consideración lo que Dios ha revelado sobre la humanidad; así proporciona algunos datos propios. Y toma en consideración a los seres humanos en su relación con Dios; así trata a los seres humanos dentro de un marco de referencia que no examinan las demás disciplinas.

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