Principios para una teología posmoderna positiva
¿Cómo vamos a aprender de las perspectivas del posmodernismo? Tomemos de momento la conocida historia de los cinco hombres ciegos y el elefante. Uno, tocando una pata, concluyó que el elefante era un árbol; otro tocando uno de los lados, razonó que el elefante era un muro, etc. Los defensores del pluralismo dirían que la verdad en este caso es plural. La verdad para el primer hombre es que el elefante es como un árbol; para el segundo, la verdad es que el elefante es como un muro; etc. Sin embargo, los objetivistas perspectivales dirían que todas estas perspectivas, todas correctas según su propia perspectiva, son parciales y por lo tanto incompletas. Lo que debemos hacer es utilizar las perspectivas de todos ellos. La verdad es que el elefante es como un conjunto de todos esos fragmentos parciales de conocimiento. En realidad, un elefante es como un árbol, una cuerda, una manguera, un muro, etc. Aunque puede que no lleguemos a la verdad en su conjunto combinando las distintas perspectivas, podemos acercarnos más a la verdad que si lo hacemos de la otra manera.
La alternativa es el verdadero relativismo, el pluralismo e incluso el subjetivismo. Tendríamos que decir: “Que el elefante es como un árbol es la verdad para ti, pero para mí la verdad es que un elefante es como una cuerda.” En teoría, cada uno tiene su propia verdad y no se puede discutir eso. Sin embargo, en la práctica esto no siempre sucede. En teoría, en una universidad moderna que cree en el relativismo, cada punto de vista sería considerado verdad para la persona que lo mantiene, y no hay manera de probar que uno de ellos es más verdadero o correcto que otro. Aunque la “corrección política” y otras formas de ortodoxia académica contradicen esta idea. No hay nada nuevo en la corrección política.
Un intento de tratar esta aparente subjetividad ha sido introducido a través de la idea de comunidad. Por ejemplo, en la reciente crítica de la respuesta del lector de Stanley Fish, se apela a la idea de comunidad interpretativa como un control del subjetivismo de la interpretación individual. Las normas del grupo se convierten en el estándar del significado. Sin embargo, el problema realmente no se resuelve en este ámbito porque ¿cómo se arbitra entre dos comunidades, que pueden tener interpretaciones divergentes? El problema simplemente es proyectado hacia una escala más amplia, pero todavía sigue allí. En su lugar, lo que se necesita es una metanarrativa, algo que unifique las distintas narraciones pequeñas.
Esto sugiere que cierto grado de humildad es necesario en nuestra manera de realizar la teología. También debemos tener en mente las limitaciones de nuestra propia perspectiva, y reconocer la necesidad de corrección cuando esas limitaciones distorsionan nuestro entendimiento. También significa que se necesitan la globalización y el multiculturalismo. Es importante también que consultemos a personas de otros países, razas, culturas y sexos. Esto no quiere decir que lo que es verdadera teología para los americanos es distinto a lo que es verdadera teología para los cristianos africanos, o que la teología masculina sea diferente a la femenina. Quiere decir que uno de estos grupos puede ver con más claridad que los otros cierto aspecto de la verdad, simplemente gracias a su perspectiva. Es necesario tomar en cuenta todas estas perspectivas, como los testimonios de todos los hombres ciegos, para formular una teología que sea verdadera para todos los cristianos. Una teología evangélica posmoderna no se limitará a los escritos de los teólogos masculinos, blancos y occidentales.
Esto no quiere decir que una teología especialmente preparada por un subgrupo de cristianos no enfatizará algunos aspectos de la imagen total más que otros. Esto es lo que implica la contextualización del evangelio. Por ejemplo en el contexto del cristianismo africano, con la magia rodeándoles, el énfasis de la expiación en el triunfo de Cristo sobre los poderes del mal puede llevar un peso especial, pero todavía sigue siendo uno de los temas en la amplia doctrina de la expiación.
Hemos apuntado anteriormente que el apelar a la comunidad no garantiza por sí mismo la objetividad de lo que se mantiene y dice. Esta declaración ahora necesita ser calificada hasta cierto punto. A la luz de las limitaciones de nuestra propia posición y perspectiva, es importante que interactuemos con una comunidad de personas lo más amplia posible. Esto significa que tenemos que aprender de las personas en las tres dimensiones de nuestra proposición en la discusión de la contextualización: longitud, anchura y altura. Es necesario que interactuemos con los creyentes de otros periodos históricos distintos al nuestro. Aquí es donde la teología histórica nos puede ser de especial ayuda. Es más, querremos, horizontalmente, conversar con personas de diferentes tradiciones eclesiásticas y filosóficas y de culturas diferentes. Finalmente, conseguiremos sacar provecho del diálogo con los que trabajan a un nivel teórico más avanzado o abstracto que el nuestro, pero también los que están en una escala más baja. Algunos de las perspectivas más útiles que he conseguido han surgido de discutir sobre teología con personas no profesionales, y formulando la expresión de la doctrina en relación con las cuestiones que presentan. El posmodernismo tiene razón al criticar el modelo del estudioso aislado formulando la verdad de una forma independiente. El individuo necesita las perspectivas, los complementos y las correcciones que sólo surgen de interactuar con los demás.
Parte de la diferencia que ser posmoderno trae a nuestra teología será la manera en que la teología se presenta a los no creyentes, en otras palabras, en el papel evangelístico o apologético en lugar de en la dimensión dogmática o constructiva. El rechazo al fundacionalismo, por ejemplo, puede significar que en lugar de los enfoques fundacionalistas o evidencialistas que se dieron a menudo en el pasado, se necesita un enfoque más presuposicional. Esto implica invitar al compañero de diálogo a compartir provisionalmente las suposiciones que estamos haciendo, y ver los datos relevantes desde esa perspectiva. Al contrario, requerirá que nos pongamos los “zapatos” de la otra persona, intentando ver la realidad como ella, desde su propia perspectiva.
El modo de presentación también tomará en cuenta las características perceptivas de la audiencia. Tenemos que entender, como apuntaremos con más amplitud, que el lugar de autoridad en la Palabra escrita de Dios es la proposición (la verdad que se está expresando) y no la frase (la forma en que se expresa). Así, por ejemplo, en ciertos contextos posmodernos, el uso de la narrativa como medio de comunicación puede resultar especialmente útil. Un adjunto dijo en la clase de teología de un seminario que nunca había visto a nadie utilizar más metáforas que a ese profesor, y un estudiante de la clase, que antes había ejercido como abogado, familiarizado con la enseñanza a través del método de estudio de los casos, definió el estilo del profesor como enseñanza a través de parábolas. Sin embargo, obsérvese que éste es el uso de la narrativa como herramienta de comunicación, como un medio de expresar o transmitir una verdad. Esto contrasta con la narrativa como medio hermenéutico, en el cual las porciones narrativas de las Escrituras son tratadas como la clave para entender el todo. Es también bastante diferente a utilizar la narrativa como un medio heurístico, en el cual se descubren nuevas verdades contando historias, incluso biografías contemporáneas.
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