La Conciencia

Otro fenómeno que no puede ser explicado sin Dios es la conciencia. Los seres humanos somos conscientes y, además, somos conscientes de que somos conscientes. Nadie puede negar esta realidad, aunque algunos lo intenten.

El filósofo ateo Daniel Dennett dice que ser conscientes es una cuestión que carece de interés y que no debería preocuparnos, ya que no se puede resolver. Según su opinión, las máquinas llegarán también a ser conscientes porque nosotros mismos solo somos máquinas conscientes con neuronas. El problema es que cuando observamos la naturaleza de las neuronas vemos que no tienen ningún parecido con nuestra vida consciente. Las propiedades físicas de estas células nerviosas no ofrecen ninguna razón para creer que sean capaces de producir conciencia.

Es verdad que la conciencia está asociada a ciertas regiones del cerebro, pero cuando las mismas neuronas están presentes en la médula espinal (o en el troco encefálico), no hay ninguna producción de conciencia.

Solo una fe ciega e infundada en la materia permite creer que ciertos trozos de ella pueden “crear” una nueva realidad, la conciencia, que no tiene el menor parecido con la materia.

Los ordenadores o las computadoras pueden resolver problemas pero no saben lo que están haciendo. Esta es la diferencia fundamental entre las máquinas y las personas. Decir que una computadora “entiende” lo que está haciendo es como decir que un cable alimentador puede meditar sobre la libertad humana, o que un reproductor de CD’s o un MP3 comprende y disfruta de la música que hace sonar. Sin embargo, los seres humanos somos conscientes de lo que hacemos y de por qué lo hacemos. ¡La mayor parte de los teóricos del Nuevo ateísmo reconoce que no poseen una explicación satisfactoria para el problema de la conciencia!