El pensamiento simbólico

Más allá de la conciencia, se encuentra el fenómeno del pensamiento, de la comprensión, de la captación de significado. Detrás de nuestros pensamientos, de nuestra capacidad de comunicarnos, de nuestro uso del lenguaje, hay un poder milagroso. Es el poder de darnos cuenta de las diferencias y de las semejanzas; el poder de generalizar y universalizar: lo que los filósofos llaman “elaborar conceptos universales”. Por ejemplo, yo sé en qué consiste ese sentimiento concreto que siento hacia mi esposa, (amor conyugal) pero también puedo pensar en el concepto de “amor” en abstracto, sin relacionarlo con ninguna persona concreta. Y esto es algo connatural a los seres humanos y desconcertante.

¿Cómo es que desde niños somos capaces de pensar en el color rojo sin necesidad de pensar en una cosa roja concreta? El color rojo no existe por sí mismo, independientemente de los objetos rojos. Estamos empleando continuamente el pensamiento abstracto sin darnos cuenta. Pensamos cosas que no son físicas, como la idea de libertad, de verdad, de perdón, o la misericordia de Dios, y no le damos importancia. Pero esta capacidad humana de pensar por medio de conceptos abstractos, es algo que trasciende la materia. Podríamos decir que nuestras neuronas, o nuestro propio cerebro, no entienden nada. Y que somos nosotros quienes entendemos. Es nuestra “conciencia” quien comprende, no nuestras neuronas. ¿Por qué las neuronas de la médula espinal no generan conciencia? El acto de comprender es un proceso físico en su ejecución (porque depende de las neuronas del cerebro), pero espiritual en su esencia. Y este acto es indivisible en la persona humana. No se puede descomponer en partes para explicarlo.

 

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