¿Hay motivos para preocuparse por el Nuevo ateísmo?
En mi opinión, no y sí. Me explico. Si hacemos caso a los especialistas, sobre todo, a los filósofos y teólogos de prestigio, toda la propaganda que realizan estos predicadores del ateísmo se apoya en unos argumentos sumamente endebles. La calidad de sus razonamientos, cuando hablan de Dios, es bastante elemental. Desde semejante perspectiva, no habría por qué preocuparse ya que las razones que ofrecen, hace ya bastante tiempo que fueron bien replicadas y superadas por el pensamiento filosófico- teológico.
No obstante, como la cultura contemporánea valora más la cantidad que la calidad, lo divulgativo sobre lo académico, pienso que sí hay motivos para la preocupación. Muchas de estas publicaciones ateas han hecho que algunos creyentes, jóvenes y no tan jóvenes, pierdan su fe. Al sobreestimar la insistencia y la elocuencia de algunos de estos paladines del nuevo ateísmo por encima de la veracidad y la lógica de sus proposiciones, un cierto sector de la población actual sucumbe a los cantos de sirena del cientifismo descreído. Sobre todo los jóvenes universitarios. Y esto, sí me parece preocupante. Incluso los jóvenes cristianos, cuando llegan a universidades que no profesan la fe cristiana, y son enfrentados con las ideas ateas, muchos empiezan a dudar y pierden la fe, porque no tienen respuestas satisfactorias. Ni sus profesores, ni sus padres, ni algunos pastores aciertan a responder sus dudas, porque no están preparados y, por desgracia, muchos abandonan las iglesias.
Creo que en estos momentos todo esfuerzo argumentativo por parte de los creyentes, en defensa de la fe cristiana, resulta absolutamente necesario para paliar esta situación que se está viviendo en el mundo intelectual de Occidente. Hoy, como siempre, estamos obligados a seguir realizando una apologética de calidad, una defensa de la fe que sea capaz de contrarrestar la perniciosa visión del mundo que se desprende del ateísmo.
Algunos agnósticos y ateos se quedan impresionados cuando un creyente común es capaz de identificar fallos en la lógica atea. La gente escucha al que emplea argumentos serios y, sobre todo, al que vive su fe con sinceridad. El cristiano que actúa así, pronto conseguirá mucha más credibilidad con sus interlocutores y por consiguiente, resultará más fácil abrir el camino para la predicación del Evangelio. No se trata de promover batallas dialécticas, ni personalismos publicitarios, sino de defender con amor, respeto y mansedumbre la verdad del Evangelio.
Premisas fundamentales del Nuevo ateísmo
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No existe Dios, ni alma, ni vida después de la muerte.
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La naturaleza se ha hecho a sí misma.
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El universo carece de finalidad, propósito o sentido.
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La ciencia puede explicar todo lo que existe por medio de la selección natural del darwinismo.
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La fe en Dios es la causa de los principales males del mundo.
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Las personas se comportan mejor sin fe que con ella.
Por todo esto, se propone que los gobiernos deberían acabar cuanto antes con cualquier religión y prohibirlas todas. Además habría que impedir a los padres que enseñaran valores y convicciones religiosas a sus hijos pues esto se consideraría maltrato infantil.
Sin embargo, el cristianismo tiene la obligación de pensar y reflexionar las cosas del Espíritu. Debemos leer, escudriñar y madurar en nuestra fe para poder ayudar a otros, a todos aquellos que "demanden razón de la fe que profesamos" (1 Pedro 3:15). Porque tenemos la obligación de mostrar a nuestra generación que el ateísmo es una vía muerta, un camino equivocado.
1. El ateísmo no satisface las necesidades más profundas del ser humano. Se podría decir que es existencialmente frustrante porque implica reconocer que la vida humana carece de sentido. Únicamente en Dios el hombre y la mujer pueden encontrar el verdadero sentido de su existencia. Tal como dice Pablo: "nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación" (Rom. 5:11). Solo la fe en Dios reconcilia completamente al ser humano y le proporciona verdadera paz.
2. El ateísmo no responde a los grandes enigmas del alma humana: ¿quién soy? ¿qué es la vida? ¿por qué estoy aquí? ¿qué hay después? Sin Dios, como dijo el Predicador; "vanidad de vanidades, todo es vanidad" (Ecl. 1:2). En el ateísmo la vida es un sinsentido porque no podemos saber quiénes somos, ni cuál es el sentido de nuestra existencia ya que todo termina con la muerte. Se impone la antropología materialista: solo somos “monos desnudos”, genes y células. Nada más.
¿Por qué está aumentado hoy el número de suicidios en el mundo? Porque la gente ha dejado de creer en Dios y ya no tiene ningún tipo de esperanza trascendente. La esperanza es a la existencia humana como el oxígeno a los pulmones. La asfixia existencial que provoca el cáncer del ateísmo está debilitando y acabando con nuestra generación en Europa y otros lugares de Occidente.
3. El ateísmo convierte al ser humano en un dios. Es moralmente egocéntrico. Si Dios no existe, entonces todo me está permitido porque yo soy dios. El narcisismo se apodera de las personas que se creen el centro del mundo. Enamoradas de sí mismas. Endiosadas. ¿Quién dijo a la primera pareja humana, en Génesis: ¿Seréis como Dios? El diablo simbolizado por la serpiente. Y ¿qué había que hacer para convertirse en Dios? Desobedecerle. Esta manera de entender la vida humana, dando prioridad absoluta solo a lo propio, lo inmediato, lo cotidiano, repercute negativamente sobre la creencia en el más allá. No solamente se rechazan los compromisos estables sino también cualquier referencia a los valores permanentes, y desde luego, a la trascendencia. ¿Cómo amar al prójimo cuando el amor se agota en uno mismo? ¿Cómo preocuparse por los otros cuando el interés del “yo” lo acapara todo? No existe una filosofía de vida más opuesta al cristianismo que la del narcisismo contemporáneo.
4. El ateísmo genera fragilidad en las relaciones humanas. El narcisismo conduce inevitablemente al individualismo y al egoísmo. Para el Dr. en biología, Antonio Cruz: "La cultura del placer es la responsable de este individualismo postmoderno. (...). Hoy cada cual busca su propio bienestar sin pensar demasiado en el de los demás. (...). Se mitifica lo privado y se destruye lo público".
Hoy, el egoísmo, la corrupción, la evasión de impuestos, los paraísos fiscales, la deslealtad, las crisis conyugales y familiares, etc., etc., han incrementado el individualismo hasta extremos insospechados. Y con frecuencia oímos decir: “Yo no necesito a Dios”, como si la fe dependiera de las necesidades o las apetencias de la persona. Pero resulta que la existencia de Dios no depende de los apetitos humanos. Hoy vemos ejemplos de fragilidad en las relaciones humanas por todas partes: crisis de fidelidad (matrimoniales, profesionales, sociales, eclesiales, espirituales, etc.); inestabilidad social; rechazo de los compromisos estables o duraderos. Alguien ha dicho que “Hoy, lo único que existe a largo plazo son las hipotecas”. Y esta fragilidad en las relaciones humanas genera agresividad, violencia, corrupción, furor y afán destructivo.
Una de las imágenes más famosas de nuestra época, que fue tomada en 1990 por la sonda espacial Voyager, mientras viajaba por el Sistema Solar exterior, fue la de la Tierra. Se veía muy pequeña, como un “punto azul pálido”. El conocido astrónomo Carl Sagan comentó que aquella solitaria mota en la gran oscuridad cósmica lo ponía todo en su debida perspectiva. Lo que quería decir, en realidad, es que somos insignificantes comparados con la inmensidad del espacio y que estamos solos en el universo. Por tanto, no deberíamos esperar que desde ningún lugar del mismo viniera nadie para salvarnos. Yo creo, cuando contemplo esa misma imagen, que Sagan estaba equivocado, mientras que el salmista estaba en lo cierto: "Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria?" (Salmo 8:3-4).
Los seres humanos somos parte de la creación de Dios y hemos sido amados por Él desde la eternidad. Nuestras vidas están diseñadas y ungidas por la trascendencia. No estamos solos en el cosmos sino que tenemos un Padre misericordioso que, como escribió el salmista, sustenta nuestra suerte (Sal 16:5). Y esto significa también que cada uno de nosotros podemos ser relevantes en los planes del Creador.
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