Azar
Durante bastante tiempo, los estudiosos del origen de la vida en la Tierra creyeron que éste debió ser un acontecimiento extraordinariamente improbable que ocurrió una sola vez como consecuencia del azar. En este sentido, el premio Nobel de Fisiología y Medicina, Jacques Monod, escribió en 1970 aquella famosa frase: "El Universo no estaba preñado de vida, ni la biosfera del hombre. Nuestro número salió en el juego de Montecarlo. ¿Qué hay de extraño en que, igual que quien acaba de ganar mil millones, sintamos la rareza de nuestra condición?".
Hoy, sin embargo, la mayor parte de los estudiosos del origen de la vida creen que resulta matemáticamente imposible que ésta se originara exclusivamente como consecuencia de la casualidad. Ya que, si se tiene en cuenta que hay 20 aminoácidos distintos en las proteínas, la probabilidad de obtener por azar una proteína funcional pequeña de cien aminoácidos sería de una entre diez elevado a ciento treinta. Semejante cantidad se convierte en una imposibilidad real cuando se compara con el número total de átomos que posee nuestra galaxia, la Vía Láctea, que, según estimaciones cosmológicas, es aproximadamente de diez elevado a sesenta y cinco.
Obtener una pequeña proteína natural por casualidad sería el doble de difícil que hallar un minúsculo átomo de hidrógeno, teñido de rojo, en un imaginario bombo de la lotería, constituido por todos los átomos materiales que hay en la galaxia. Algo completamente absurdo. Por eso, la mayor parte de los científicos especializados en el tema abandonaron el azar como explicación para el origen de la información biológica.
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