Diseño Inteligente frente al darwinismo

El naturalismo se inculca a los adolescentes y jóvenes, directa o indirectamente, en la enseñanza primaria, en la secundaria y en la universidad. Por medio de la teoría de Darwin, los muchachos aprenden y asimilan que el orden y la complejidad del mundo son el resultado de procesos materiales ciegos y no de la decisión divina de crear. Por tanto, el darwinismo no es solo una teoría científica, sino que actúa como una ideología que explica el origen de la vida. La evolución darwinista se emplea para explicarlo casi todo: desde la psicología, la religión y la economía hasta las causas de las enfermedades e incluso los sentimientos o el amor entre las personas.

¿Por qué ha generado tanto revuelo el D.I.? Porque cuestiona al naturalismo imperante en el mundo occidental. Pone en tela de juicio la cosmovisión laicista y atea. El D.I. es polémico y genera controversia porque resalta los indicios de diseño existentes en los seres vivos. Según esta teoría, el diseño es evidente en muchos ámbitos de la vida, pero especialmente en los procesos que transmiten la información del ADN. Por supuesto, la pregunta fundamental es saber si el diseño es verdad o no. A pesar de lo que diga el darwinismo, el D.I. representa una alternativa interesante frente a la teoría de Darwin, porque además de explicar mejor los hechos, libera a la cultura occidental de las dificultades impuestas por el naturalismo.

 

¿Es científico el darwinismo?

El darwinismo afirma que la teoría de la evolución es ciencia auténtica, mientras que la teoría de D.I. sería solo religión disfrazada de ciencia. Pero es, más bien, al revés. En realidad, el D.I. es afín a las ciencias de la información y de la ingeniería, mientras que los exagerados planteamientos darwinistas sobre el poder de la selección natural son solo artículos de fe especulativa.

La selección natural es el núcleo central de la teoría de Darwin. Se cree que es el proceso mediante el cual la naturaleza selecciona los organismos más aptos (los más fuertes, los más rápidos y los más sanos) para que sobrevivan y se reproduzcan en un determinado ambiente. Si Darwin se hubiera limitado a proponer la selección natural para explicar cómo los organismos se adaptan a las condiciones cambiantes de su medio ambiente, no habría ningún problema. Los picos de los pinzones se endurecen y agrandan durante las sequías, cuando las semillas de que se alimentan están más duras y son más difíciles de romper. Los insectos desarrollan resistencia a los insecticidas cuando los agricultores usan sustancias tóxicas para erradicarlos. Asimismo, las bacterias desarrollan resistencia a los antibióticos.

Pero Darwin no sería tan famoso hoy, si su teoría solo explicara la variación del tamaño del pico de los pinzones, la tolerancia de las plagas a los insecticidas o la resistencia bacteriana a los antibióticos. La teoría de la selección natural pretende explicar también el origen del pico de los pinzones, y de los propios pinzones, así como el de los insectos y las bacterias. Si la teoría darwinista pudiera explicar científicamente todo esto, su fama estaría bien justificada. El problema es que no puede. No hay ninguna prueba del hipotético poder creador de la selección natural para producir nuevas formas biológicas. Si bien es posible demostrar que pueden darse cambios pequeños dentro del mismo organismo, no se puede demostrar que haya cambios radicales que transformen algo en otra cosa completamente diferente.

 

El darwinismo está agotado

Muchos científicos aceptan que el darwinismo está acabado pero no están dispuestos a aceptar la alternativa que supone la teoría del D.I. Tal como escribe el bioquímico de la Universidad de Chicago, Franklin Harold: Debemos rechazar, por una cuestión de principios, que el diseño inteligente sustituya a la interacción de la casualidad y la necesidad. (...) Pero debemos admitir que, en la actualidad, no hay ninguna demostración darwiniana detallada que explique la evolución de ningún sistema bioquímico; solo contamos con diversas especulaciones. (F. Harold, 2001, The Way of the Cell, Oxford University Press, p. 205).

La selección natural solo explica los cambios a pequeña escala, la llamada microevolución. Pequeñas variaciones apenas perceptibles, como las polillas que cambian de color o de tamaño. Pero decir que la selección natural puede dar cuenta también de los cambios evolutivos a gran escala (la macroevolución) es una extrapolación enorme y temeraria. Un acto de fe evolucionista. Porque esto implicaría cambios radicales y profundos, desde el punto de vista bioquímico y fisiológico, como que las bacterias se transformen en mariposas o en elefantes a lo largo del tiempo. 

Además, la teoría macroevolutiva fundamentada en la selección natural no está comprobada. Y no hay nada en las pocas pruebas disponibles para deducir que la macroevolución se deba a la selección natural. Hacer ciencia es aceptar las pruebas y dejarse guiar por ellas. No es cuestión de inventar hipótesis que no se puedan comprobar. La teoría darwinista que afirma que las estructuras biológicas complejas evolucionaron por selección natural es un planteamiento contrario a los principios científicos porque no se puede demostrar que sea cierta o falsa. La ausencia de pruebas para dichas afirmaciones es abrumadora.

¿Es ciencia el D.I. o simplemente un argumento religioso? Para el darwinismo, el D.I. no es científico, aunque no hay ninguna buena razón para negarle el estatus de científico. A fin de cuentas, el fundamento de muchas disciplinas que se consideran científicas (como por ejemplo, la arqueología, las ciencias forenses o la búsqueda de inteligencia extraterrestre) es precisamente detectar indicios concretos de inteligencia. Por ejemplo, cuando un arqueólogo encuentra una roca que presenta un determinado aspecto sospechoso de haber sido elaborada o manipulada, por lo general, tiene dos opciones:

(1) Considerar que es el resultado casual de la acción de fuerzas naturales (como el viento, la erosión, etc.).

(2) Suponer que fue diseñada por un ser inteligente. Los arqueólogos suelen ser capaces de determinar qué interpretación es la mejor basándose solo en las características físicas de tal roca.

Pues bien, los teóricos del D.I. aplican el mismo razonamiento científico al mundo natural. 

Algunos críticos invocan el naturalismo metodológico para rechazar el D.I. Se trata de un principio que limita la ciencia a las explicaciones exclusivamente materiales o naturales. Los científicos fieles al naturalismo metodológico no suponen necesariamente que la naturaleza sea lo único que existe; sin embargo, a efectos de la investigación científica, afirman que solo puede apelarse a causas no inteligentes, como el viento, la erosión y las fuerzas de la naturaleza. No obstante, ¿cómo podríamos saber que el mundo es exclusivamente el resultado de causas naturales? El naturalismo metodológico es una asunción previa no demostrada. ¿No sería lógico sospechar, por ejemplo, de un médico forense que empezara su investigación sobre un homicidio diciendo que solo tendrá en cuenta las causas exclusivamente naturales? La ciencia, si es que pretende ser objetiva, debería estar dispuesta a considerar tanto las causas naturales como las inteligentes, para poder así sacar sus conclusiones a partir de las pruebas.