El darwinismo y el origen de la vida

En una carta escrita en 1871, Darwin conjeturaba que la vida podría haberse originado a partir de reacciones químicas en un pequeño y tibio estanque. Con los rudimentarios microscopios de su época, la célula no parecía algo demasiado extraordinario y Darwin, como el resto de los naturalistas contemporáneos, creían que era un organismo simple, sin orden ni diseño. A finales del siglo XIX, se creía que las células eran solo minúsculos trozos de gelatina formados por elementos químicos sencillos. Sin embargo, el descubrimiento del microscopio electrónico, en la década de 1930, transformó completamente el conocimiento que se tenía de la célula.

Hoy sabemos que las células de los seres vivos son como minúsculas ciudades automatizadas. La literatura científica está repleta de comparaciones entre las células y la ingeniería moderna. Es más, casi todas las características de nuestros avances tecnológicos se encuentran ya en la célula. Los ejemplos van desde el transporte, las comunicaciones, el manejo de residuos y la defensa bioquímica. Teniendo en cuenta todo lo que se sabe hoy sobre la complejidad de la célula, no debería sorprendernos que las investigaciones naturalistas acerca del origen de la vida estén en un callejón sin salida.

Aunque los biólogos reconocen que el origen de la vida es uno de los misterios no resueltos todavía por la ciencia, proponen algunas posibilidades hipotéticas para explicar su origen sin necesidad de recurrir al diseño:

1. La evolución química¿Podría la vida haberse originado mediante reacciones químicas al azar? Se han realizado muchos experimentos con el propósito de simular las condiciones originales de la vida en la Tierra para determinar si ésta pudo surgir de forma natural. Si bien dichos experimentos generaron ciertos productos presentes en los seres vivos, como algunos aminoácidos (que son los constituyentes de las proteínas), ninguno logró producir jamás macromoléculas orgánicas fundamentales para la vida (mucho menos aún una célula procariota o una bacteria).

2. La autoorganización¿Posee la materia inerte la capacidad inherente de organizarse para convertirse en vida? Aunque los procesos naturales pueden producir estructuras específicas simples (como los copos de nieve, las ondas en la arena, o los cristales minerales), la naturaleza no puede generar estructuras que sean, a la vez, específicas y complejas (como por ejemplo, el mensaje: “María te amo”, o la información contenida en el ADN). El Dr. Dean Kenyon, uno de los bioquímicos impulsores de esta teoría de la aotoorganización, abandonó posteriormente esta posición a favor de la teoría del D. I.

3. La panspermia¿Podría la vida haberse originado en alguna otra parte del universo y luego viajar por el espacio y germinar en la Tierra? Algunos científicos creen que la vida llegó a la Tierra transportada por meteoritos (panspermia accidental); otros creen que hubo extraterrestres que sembraron la vida en la Tierra (panspermia dirigida). Estas propuestas solo se refieren a cómo pudo llegar la vida a la Tierra, pero no explican cómo fue el origen de la vida. Que haya científicos dispuestos a considerar seriamente la panspermia es un ejemplo más que evidente de que la explicación naturalista del origen de la vida está agotada.

 

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