Período científico (Siglos XX y XXI)
En este período se producirán dos descubrimientos científicos decisivos: la teoría de la relatividad de Albert Einstein y la teoría del Big Bang de George Gamow. Según el primero, la masa y la energía son equivalentes y tuvieron un principio. Todo en el universo es relativo. El cosmos no es eterno ya que la materia fue creada a partir de la nada. Su famosa frase es muy significativa de su pensamiento: "La ciencia cojea sin la religión; la religión es ciega sin la ciencia". Por su parte, George Gamow, con su famosa teoría del Big Bang (o Gran Explosión) explicó en 1948 que el universo tuvo un origen en el tiempo. Antes que él, otros científicos fueron construyendo el camino para llegar a esta conclusión, como Alexander Friedman en 1922 y Georges Lemaître en 1927, que se basaron en la teoría de la relatividad de Einstein para demostrar que el universo estaba en movimiento. Dos años después, el astrónomo Edwin Hubble descubrió que, en efecto, las galaxias se alejaban unas de otras como si el cosmos estuviera permanentemente en expansión.
De manera que el universo se habría creado en mucho menos tiempo de lo que se pensaba y, por tanto, la Biblia recupera vigencia y credibilidad científica. Todo parece apuntar hacia un diseño inteligente. De la misma manera, las células de los seres vivos son como universos en miniatura perfectamente diseñados y los mecanismos ciegos o aleatorios propuestos por la teoría de la evolución plantean cada vez mayores problemas. Tal sería el escenario que se vislumbra hoy. Estamos ante una situación insólita que no se había dado desde que Copérnico sentó las bases del supuesto divorcio entre ciencia y teología. En el siglo XXI, el mundo científico está atónito ante la complejidad de la materia, la magnitud del Universo, la gran cantidad de información que contiene el ADN de los seres vivos, y, como consecuencia, está cambiando algunas de sus concepciones anteriores, abriendo indirectamente la puerta a la posibilidad de un Dios creador.
En el mundo protestante, la apologética ha experimentado un reciente e importante auge de la mano de autores como William A. Dembski, Michael J. Behe, Hugh Ross, Wolfhart Pannenberg, Richard Swinburne, Antony Flew, Norman Geisler, R. C. Sproul, Gary R. Habermas, Alvin Plantinga, William Lane Craig, Alister McGrath, etc. El número de científicos y pensadores creyentes no disminuye, como pretendían ciertos augurios, sino que continúa creciendo en el siglo XXI.
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