Términos difíciles respecto a los ángeles
Hay dos términos difíciles que merecen una atención especial: “hijos de Dios” y “ángel del Señor.” En Génesis 6:2 leemos que los hijos de Dios tomaron como esposas a las “hijas de los hombres.” Algunos eruditos han llegado a concluir que estos hijos de Dios eran en realidad ángeles que se unieron a las mujeres humanas para crear una raza de hombres poderosos. Entre los argumentos que se presentan a favor de esta interpretación está el hecho de que los ángeles son denominados hijos de Dios en otras partes de las Escrituras (Job 1:6; 2:1; 38:7) y que aparentemente había una raza de superhombres sobre la tierra en aquella época (v. 4). Por otra parte, el hecho de que hubiera también grandes maldades que disgustaron tanto a Dios como para enviar el diluvio ha llevado a sugerir que los hijos de Dios en realidad eran ángeles caídos. Pero la sugerencia de que los ángeles (buenos o caídos) se uniesen a las mujeres humanas y tuvieran hijos va en contra de lo que Jesús enseña sobre los ángeles (Mt. 22:30). Según esto, la interpretación de que “los hijos de Dios” de Génesis 6:2 son hijos de Set que se unieron con descendientes paganos de Caín, parece presentar menos problemas que la de que los “hijos de Dios” sean ángeles, aunque ninguna de las dos teorías se puede mantener de forma dogmática. Es necesario concluir que sencillamente no hay evidencias suficientes para justificar el uso de este pasaje como fuente de información sobre los ángeles. Esto no se debería considerar un caso de “desmitologización evangélica,” como ha sugerido el autor Willem A.Van Gemeren de una defensa de la interpretación tradicional de que los “hijos de Dios” de la Biblia en Génesis 6:2 eran ángeles. Se trata simplemente de permanecer escéptico ante la falta de evidencias suficientes.
También tenemos el problema de la identidad del “ángel del Señor.” En el Antiguo Testamento hay numerosas referencias al ángel del Señor o al “ángel de Dios” (Gn. 16:7-14; 18; 22:11, 14-15; 24:7, 40; 32:24-30; 48:15-16; Éx. 3:2; 14:19; 23:20-23; 32:34-33:17; Jue. 2:1, 4; 5:23; 6:11-24; 13:3, etc.). El problema está en que aunque hay numerosos pasajes donde el ángel del Señor se identifica con Dios, hay muchos otros pasajes en los que los dos se distinguen. Ejemplos de pasajes en los que se igualan son Génesis 31:11 y 13, donde el ángel del Señor dice: “Yo soy el Dios de Bet-el,” y Éxodo 3:2 y 6, donde el ángel del Señor le dice a Moisés: “Yo soy el Dios de tu padre.” Ejemplos de pasajes en los que los dos se distinguen son Génesis 16:11, donde el ángel del Señor le dice a Hagar: “porque Jehová ha oído tu aflicción,” y Éxodo 23:20 donde el Señor le dice al pueblo de Israel: “Yo envío mi ángel delante de ti.” Hay tres interpretaciones principales sobre “el ángel del Señor”:
(1) Es únicamente un ángel con una misión especial.
(2) Es Dios mismo temporalmente visible con forma humana.
(3) Es el Logos, una preencarnación temporal de la segunda persona de la Trinidad.
Aunque ninguna de estas interpretaciones es plenamente satisfactoria, por la claridad de identificación de estas frases tanto la segunda como la tercera opción parecen más adecuadas que la primera. Donde hay una distinción aparente entre Dios y el ángel del Señor, Dios hace referencia a sí mismo en tercera persona. Por tanto, no es posible sacar de la naturaleza del ángel de Dios conclusiones que se puedan aplicar a todos los ángeles.
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