Posesión demoníaca
A los incidentes de posesiones demoníacas se les ha prestado especial atención en los relatos bíblicos. La expresión técnica es “tener un demonio” ('daimonion echō) o “estar endemoniado” ('daimonizomai'). A veces encontramos expresiones como “espíritus impuros” (Hch. 8:7; 19:12).
Las manifestaciones de la posesión demoníaca son variadas. Ya hemos señalado algunas de las dolencias físicas que los demonios infligen. Las personas poseídas pueden tener una fuerza inusual (Mr. 5:2-4), pueden actuar de forma extraña como por ejemplo no llevar ropa o vivir entre tumbas en lugar de vivir en una casa (Lc. 8:27), o pueden tener un comportamiento autodestructivo (Mt. 17:15; Mr. 5:5). Evidentemente hay grados de aflicción, ya que Jesús habló del espíritu maligno que “toma consigo otros siete espíritus peores que él” (Mt. 12:45). En todos estos casos el elemento común es que la persona implicada está siendo destruida, ya sea física, emocional o espiritualmente. Parece que los demonios eran capaces de hablar, seguramente utilizando el aparato vocal de la persona poseída (e.g. Mt. 8:29, 31; Mr. 1:24, 26, 34; 5:7, 9, 10; Lc. 4:41; 8:28, 30). Parece que los demonios también podían introducirse dentro de los animales (ver los relatos paralelos del incidente con los cerdos – Mt.8; Mr. 5; Lc. 8).
Es destacable que los escritores bíblicos no atribuyeran todas las enfermedades a la posesión demoníaca. Lucas cuenta que Jesús distinguía entre dos tipos de curaciones: “Echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana” (Lc. 13:32). Una distinción similar se hace en Mateo 10:8; Marcos 1:34; 6:13; Lucas 4:40-41; 9:1. No se confundió la epilepsia con la posesión demoníaca. Leemos en Mateo 17:15-18 que Jesús expulsó un demonio de un epiléptico, pero en Mateo 4:24 los epilépticos (al igual que los paralíticos) se diferencian de los endemoniados. En muchas curaciones no se hace referencia a los demonios. En Mateo, por ejemplo, no se hace referencia al exorcismo de demonios cuando se cura al criado del centurión (8:5-13), la mujer con flujo de sangre de doce años de duración (9:19-20), los dos hombres ciegos (9:27-30), el hombre con la mano seca (12:9-14) y los que tocaban el borde del manto de Jesús (14:35-36). En particular, la lepra no parece que se atribuya nunca a los demonios.
Jesús expulsaba los demonios sin pronunciar fórmulas elaboradas. Sencillamente les ordenaba salir (Mr. 1:25; 9:25). Atribuía el exorcismo al Espíritu de Dios (Mt. 12:28) o al dedo de Dios (Lc. 11:20). Jesús invistió a sus discípulos con la autoridad de expulsar demonios (Mt. 10:1). Pero los discípulos necesitaban fe para tener éxito en la tarea (Mt. 17:19-20). También se menciona la oración como requisito para el exorcismo (Mr. 9:29). A veces era necesaria la fe de una tercera persona (Mr. 9:23-24; cf. Mr. 6:5-6). Otras veces los demonios eran expulsados de personas que no mostraban ningún deseo de ser curados.
No hay razón para creer que las posesiones demoníacas estén restringidas al pasado. Se dan casos, especialmente aunque no de forma exclusiva, en culturas poco desarrolladas, que sólo parecen poderse explicar de esta manera. El cristiano debería estar alerta ante la posibilidad de que suceda la posesión demoníaca hoy en día. Al mismo tiempo, no se deberían atribuir con demasiada rapidez fenómenos físicos o psíquicos aberrantes a posesiones demoníacas. Así como Jesús y los escritores bíblicos distinguían casos de posesión de otro tipo de enfermedades, lo mismo deberíamos hacer nosotros, “probar los espíritus.”
En los últimos años ha habido un estallido de interés hacia el fenómeno de la posesión demoníaca. Como consecuencia de ello, algunos cristianos pueden considerar esto como la principal manifestación de las fuerzas del mal. En realidad, Satanás, el gran engañador, puede estar fomentando el interés en las posesiones demoníacas para que los cristianos descuiden otros tipos de influencias más sutiles de los poderes del mal.
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