El estado civil: los no casados
En muchas sociedades existe una tendencia a considerar el matrimonio como el estado normal de un ser humano. Aunque ha habido un declive en la popularidad del matrimonio, habiendo cada vez más personas que eligen no casarse o que posponen el matrimonio, nuestra cultura todavía considera el matrimonio el estado civil más deseable y natural. Y dentro de la iglesia, la persona no casada a menudo no encaja. Los programas de la iglesia con frecuencia están diseñados para familias. A las personas solteras se las deja de lado o pueden sentir que se las deja de lado. La idea de que una persona está realmente realizada sólo dentro del matrimonio puede estar presente, ya sea de forma abierta o tácitamente. Algunas veces la idea se lleva incluso un poco más lejos. El mandamiento de Dios a la primera pareja humana: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sometedla” (Gn. 1:28) se lleva hasta el punto de significar que las personas sólo son realmente humanas cuando se reproducen, y eso presupone el matrimonio.
Sin embargo, la Biblia no considera la soltería como una condición de segunda clase. Es más, la vida de soltero se honra y se recomienda mediante el ejemplo personal y la enseñanza. Jesús nunca se casó, aunque algunos han intentado ofrecer reconstrucciones de la historia para decir que sí lo hizo. Además, tenemos el ejemplo personal de Pablo y la enseñanza directa recomendando el estado de soltero. Desea que todos fueran como él (1 Co. 7:7). Aconseja a los solteros y a los viudos que permanezcan solteros como él (v. 8). Aunque reconoce que no tiene mandamiento del Señor sobre el tema, no obstante mantiene que da su “parecer como quien ha alcanzado misericordia del Señor para ser digno de confianza” (v. 25). Algunos han interpretado esta frase como una admisión por parte de Pablo de que lo que está recomendando aquí es una opinión meramente humana; no es una palabra inspirada por Dios. Sin embargo, parece más probable que Pablo esté diciendo que el Señor está hablando (o escribiendo) a través suyo aun cuando la tradición no ha conservado ninguna de las palabras que el Señor dijo sobre ese tema durante su ministerio en la tierra. Esta es la explicación de “como quien ha alcanzado misericordia del Señor para ser digno de confianza.”
Pablo anima a sus lectores a que a la vista de las inminentes (o actuales) dificultades en las que se encuentran se queden como están (v. 26). Los que estén casados, deberían seguir casados; los solteros deberían permanecer solteros (v. 27). Aunque desde luego está permitido que una viuda se vuelva a casar, según Pablo es mejor que siga sin casarse (vv. 39-40). El consejo de Pablo se basa en ciertas consideraciones prácticas. La persona casada debe preocuparse en complacer a su esposo además de al Señor, mientras que el soltero puede dedicarse totalmente a complacer al Señor (vv. 32-35).
Puede ser que la recomendación de Pablo de permanecer soltero estuviera ligada a una situación cultural definida de su tiempo. La referencia a la “crisis presente” presta apoyo a esta hipótesis. Si Pablo tuviera en mente una situación en especial, la preferencia del estado de no casado no se podría generalizar a todas las situaciones. Sin embargo, se debería observar que al menos en esta situación no hay nada malo en estar soltero. Por tanto, el estado de soltería no puede ser inherentemente inferior al de casado. La iglesia debería tener esto en cuenta en su ministerio para con los que nunca se han casado o para los que han estado casados anteriormente.
Una consideración que a veces se plantea en contra del estado de soltería es el consejo que dio Pablo sobre que los obispos (1 Ti. 3:2), los ancianos (Tit. 1:6) y los diáconos (1 Ti. 3:12) deberían ser “maridos de una sola mujer.” Esto para algunos excluye a las personas que no están casadas de estos oficios. Sin embargo, la frase griega 'mias gunaikos andra' no debería considerarse como una recomendación de que un responsable de la iglesia tendría que ser un hombre casado, sino que tendría que ser un hombre del tipo “una sola mujer.” Esto es, Pablo no está recomendando que haya un mínimo de una mujer, sino un máximo. Según esto, en algunas traducciones se lee “casado solo una vez”, o algo similar. Por lo tanto no debería excluirse de estos oficios a nadie por el único hecho de no estar casado.
Hemos señalado que la marca distintiva de la humanidad, que se designa con la expresión “la imagen de Dios” es de largo alcance, se extiende a todos los humanos. A los ojos de Dios, todos los humanos somos iguales. Las distinciones de raza, estado civil y sexo no tienen importancia alguna para él (Gá. 3:28). La salvación, la vida eterna y la comunión con Dios están a disposición de todos. Y como esto es así, los cristianos deberían mostrar el mismo interés imparcial y la misma preocupación por los humanos, sin importar las circunstancias secundarias de sus vidas (Stgo. 2:9).
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