Cuatro puntos de vista conservadores sobre la edad de la raza humana

1. El tema no tiene importancia. O no podemos determinar la edad de la raza humana, o aunque pudiésemos no habría una diferencia importante. B. B. Warfield escribió una vez: “La cuestión de la antigüedad del hombre en sí misma no tiene importancia teológica. Para la teología, como tal, resulta totalmente indiferente saber cuánto hace que existe el hombre sobre la tierra.” Aunque es dudoso que Warfield aprobase el uso que a veces se ha hecho de esta declaración, no parece que le diese gran importancia al tema.

2. La fabricación de herramientas es la marca de la humanidad. La habilidad para concebir, dar forma y utilizar herramientas es lo que distingue a los humanos de las criaturas sub-humanas. Si este es el criterio, entonces el origen de la raza humana tiene que datarse bastante pronto, quizá hace unos 500.000 a 2 millones de años.

3. La práctica del enterramiento de los muertos es lo que separa a los humanos de las demás criaturas. Si este es el criterio, hay que identificar como el primer humano al hombre de Neandertal y data de hace unos 50.000 años.

4. El humano se distingue por la presencia y el uso de un simbolismo complejo o, más específicamente, del lenguaje. Aunque hacer herramientas y enterrar a los muertos indica un patrón de comportamiento bastante sofisticado, es el lenguaje lo que hace posible el tipo de relación con Dios que experimentaría un ser creado a imagen de Dios. Basándonos en esto, se puede relacionar el principio de la raza humana en todo el sentido bíblico con la evidencia de una gran explosión cultural hace entre 30.000 y 40.000 años. El primer humano no debe identificarse con el hombre de Neandertal, sino algo más tarde, probablemente con el hombre de Cromagnon.

El problema de la edad de la raza humana no se resuelve con facilidad. Una respuesta que a veces se da a la cuestión de dónde encaja Adán en los registros paleontológicos es: “Dime cómo era Adán y te diré dónde encaja dentro de esa cadena.” Por supuesto esta respuesta medio burlona no ataja el verdadero problema.

El primer punto de vista resumido anteriormente es insostenible. Importa cuándo fue creado Adán porque hay fenómenos en la descripción de sus descendientes inmediatos en Génesis 4 que son identificables como neolíticos. Cuando relacionamos los relatos bíblicos sobre Adán y sus descendientes con los datos de la antropología, surgen varios temas que deben tratarse con la disciplina de la apologética.

El segundo punto de vista que considera que el hacer herramientas es lo que distingue a la humanidad, tampoco parece muy satisfactorio. Su tesis básica ha sido cuestionada por varios descubrimientos. Por ejemplo, Jane Goodall observó que los chimpancés rompían ramas, les quitaban las hojas y las utilizaban para sondear nidos de termitas en busca de comida. Los chimpancés llevaban las ramas hasta un kilómetro de un nido a otro. Goodall concluyó: “Al hacer eso... el chimpancé ha alcanzado el primer inicio rudimentario de construcción de herramientas...Es improbable que este patrón de búsqueda de termitas sea un comportamiento innato.”

El tercer punto de vista teoriza sobre que el enterramiento de los muertos es un signo de la presencia de la imagen de Dios en el humano. Sin embargo, James Murk, argumenta que esta práctica evidencia sólo un miedo a lo desconocido, que a su vez presupone solamente que existe la imaginación. No se saca en conclusión que haya un sentido moral, y de hecho la religión y la ética se tratan de forma separada en la literatura antropológica, porque a menudo no coinciden.

Esto conduce al cuarto punto de vista, que parece tener menos dificultades. El crecimiento cultural desde hace unos treinta mil años se entiende mejor como resultado del comienzo por aquel tiempo del lenguaje. Eso ha sido afirmado por Bertram S. Kraus: “Parece más probable que el hombre no haya podido producir, sostener y alterar la cultura sin la habilidad de transmitir su experiencias y conocimientos a sus descendientes de una manera distinta a con el ejemplo.”

El relato bíblico parece indicar que Adán y Eva poseían lenguaje desde el principio. La comunicación entre ambos y con Dios presupone la posesión del lenguaje. (Nótese que aceptar este punto de vista lleva consigo la negación de que el enterramiento de los muertos sea un signo de sentido moral que forma parte de la imagen de Dios).

 

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