Un ser libre

El enfoque que enfatiza la libertad humana ve la voluntad humana como la esencia de la personalidad. Este enfoque básico a menudo se evidencia en las ideas políticas y sociales conservadoras. Aquí la libertad es el tema más importante, ya que permite que los humanos desarrollen su naturaleza esencial. El papel del gobierno únicamente es el de asegurar un ambiente estable en el que se pueda ejercer esta libertad. Más allá de ello, se sigue la idea del dejar hacer. Se evita la excesiva regulación, al igual que un paternalismo que proporcione todas las necesidades y excluya la posibilidad de fracasar. Es mejor fracasar en libertad que estar libre de necesidad, pero sin que haya una auténtica elección.

Según los defensores de esta idea, la necesidad humana básica es la información que haga posible una elección inteligente. De los tres requisitos para la acción: saber lo que se debe hacer, deseo de hacer lo que se sabe que debe hacerse y la habilidad para hacer lo que uno desea hacer, el único problema real está en el primer factor. Porque una vez que uno tiene suficiente información para hacer una elección inteligente sobre lo que se debería hacer (que, por supuesto, tiene en cuenta objetivos y habilidades personales), no hay nada interno, ni externo, si el gobierno se asegura de que haya un ambiente adecuado, que evite que la persona actúe.

Este punto de vista mantiene no sólo que los humanos tienen la habilidad de escoger, sino que deben hacerlo. Para ser una persona completa, uno debe aceptar la responsabilidad de la autodeterminación. Todos los intentos de rechazar esta responsabilidad para uno mismo son impropios. Una excusa común es el condicionamiento genético: “No puedo controlar mi comportamiento. Está en mis genes. Lo heredé de mi padre.” Otra es el condicionamiento psicológico: “Me educaron de esta manera. No puedo evitar ser como soy.” O el condicionamiento social: “Cuando crecí no tuve otra opción. No había oportunidad de acceder a la educación.” Todas estas excusas son ejemplos de lo que el existencialismo llama “existencia no auténtica,” no desear aceptar la responsabilidad hacia uno mismo. Esta incapacidad para ejercitar la libertad que se tiene es una negación de la dimensión fundamental de la naturaleza humana, y por tanto una negación de la humanidad que uno posee. De forma parecida, es erróneo cualquier esfuerzo por privar a los demás de su libertad de elección, ya sea a través de la esclavitud, de un gobierno totalitarista, de una democracia excesivamente reguladora o de un estilo social manipulador. El poema de William Ernest Henley “Invictus” expresa muy bien esta filosofía de que un humano es en esencia un ser libre:

"En la noche que me cubre,

Negra como el insondable abismo,

Agradezco a los dioses que pudiera haber

Por mi alma inconquistable...

no importa lo estrecha que sea la puerta,

ni lo numerosos que sean los castigos,

soy el dueño de mi destino;

soy el capitán de mi alma".

 

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