Evolución naturalista

Hoy en día hay diversos puntos de vista sobre el origen de la especie humana. Difieren en el lugar que asignan a los datos bíblicos y a los científicos. Uno de estos puntos de vista es el de la evolución naturalista. Es un intento de explicar la especie humana, al igual que todas las otras formas de vida, sin apelar a una explicación sobrenatural. Los procesos inmanentes que hay dentro de la naturaleza han producido los seres humanos y todo lo demás que existe. No hay implicación de ninguna persona divina, ni al principio ni durante el proceso. Todo lo que se necesita, según la evolución naturalista, son átomos en movimiento. Una combinación de átomos, movimiento, tiempo y casualidad es lo que ha dado forma a lo que tenemos ahora. No se intenta explicar estos elementos: simplemente existen y son la base de todo.

Nuestro mundo es el resultado de la combinación casual o el azar de átomos. En los niveles superiores o posteriores del proceso, funciona algo llamado “selección natural”, así lo expresó Charles Darwin en su obra "El Origen de las Especies". La naturaleza es extremadamente prolífica. Produce más descendientes de las distintas especies de las que pueden sobrevivir. Debido a la escasez de recursos de la vida se produce la competición. El mejor, el más fuerte, el que mejor se adapta es el que sobrevive; los demás no. En consecuencia, se produce una mejora gradual en las especies. Además se producen las mutaciones. Hay variaciones repentinas, características nuevas que no había en las generaciones anteriores de una especie. De las muchas mutaciones que se producen, la mayoría son inútiles, e incluso van en detrimento de la especie, pero algunas son realmente útiles para la competición. Tras un largo proceso de selección natural y mutaciones útiles aparecieron en escena los humanos. Son organismos de gran complejidad y con habilidades superiores, no porque alguien lo planeara así o los hiciese de esa manera, sino porque estas características les permitieron sobrevivir.

Aunque la evolución naturalista no es necesariamente la mejor explicación de los datos científicos, al menos es compatible con ellos. Nada en el campo de la biología, antropología o paleontología parece contradecirla de forma absoluta; por otra parte, estas disciplinas tampoco ofrecen material que apoye todas sus ideas. En esos casos se hace necesario asumir algunas de las leyes de la naturaleza generalmente aceptadas, como la uniformidad. Pero la auténtica dificultad surge cuando intentamos reconciliar esta idea con la enseñanza bíblica. Seguramente, si hay algo que afirmen los primeros capítulos del Génesis, es el hecho de que un ser personal estaba implicado en el origen de los humanos.

 

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