Las enseñanzas del Antiguo Testamento sobre el plan de Dios

En la presentación del Antiguo Testamento, la obra planificadora y directiva de Dios está muy unida al pacto que el Señor hizo con su pueblo. Cuando leemos sobre todo lo que Dios hizo al escoger y cuidar personalmente de su pueblo, surgen dos verdades sobre él. Por una parte, Dios es supremamente poderoso, el creador y sustentador de todo lo que es. Por otra parte, está la naturaleza amorosa, afectuosa y personal del Señor. No es mero poder abstracto, también es una persona amorosa.

Para los escritores del Antiguo Testamento, era casi inconcebible que pudiera pasar cualquier cosa independientemente de la voluntad y la obra de Dios. Ellos le veían como el todopoderoso que determinaba que ocurrieran todas las cosas. No sólo es activo en todo lo que sucede, también lo ha planeado. Lo que está sucediendo ahora fue planeado hace mucho tiempo. Por ejemplo los mismos comentarios de Dios referentes a la destrucción provocada por el rey de Asiria: “¿No has oído decir que desde tiempos antiguos yo lo hice, que desde los días de la antigüedad lo tengo planeado? Pues ahora lo he hecho venir, y tu estás puesto para reducir las ciudades fortificadas a montones de escombros.” (Is. 37:26). Incluso algo tan aparentemente trivial como la construcción de pantanos se describe como algo planeado largo tiempo atrás (Is. 22:11). Se tiene la sensación de que todos los días han sido diseñados y ordenados por el Señor. Por tanto el salmista escribe: “Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas sin faltar ni una de ellas.” Un pensamiento similar lo expresó Job (14:5). En el plan de Dios hay una preocupación por el bienestar de la nación de Israel, y de cada uno de los hijos de Dios (Sal.27:10-11; 37; 65:3; 91; 121, 139:16; Dn. 12:1; Jonás 3:5). En Salmos 91 y 121 encontramos confianza en la bondad, provisión y protección que en muchos casos nos recuerda las enseñanzas de Jesús sobre los pájaros y las flores (Mt. 6:25-29).

El Antiguo Testamento también enuncia la creencia en la eficacia del plan de Dios. Lo que va a pasar ahora es porque es (y siempre ha sido) parte del plan de Dios. Con toda seguridad hará que ocurra todo lo que está en su plan. Isaías 46:10-11 lo dice de la siguiente manera: “que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: ‘Mi plan permanecerá y haré todo lo que quiero; que llamo desde el oriente al ave y de la tierra lejana al hombre de mi plan. Yo hablé, y lo haré venir; lo he pensado, y también lo llevaré a cabo.’” Frases similares las encontramos en Isaías 14:24- 27. Debido a la fidelidad de Dios a su propósito declarado es inútil oponerse a él: “Porque Jehová de los ejércitos lo ha determinado, ¿y quién lo impedirá? Y su mano extendida, ¿quién la hará retroceder?” (v. 27; cf. Job 42:2; Jer. 23:20; Zac. 1:6).

Es en particular en la literatura sapiencial y en los profetas donde la idea de un propósito divino totalmente inclusivo es más prominente. Dios desde el principio, desde toda la eternidad, ha tenido un plan inclusivo que abarca toda la realidad y se extiende incluso a los detalles más pequeños de la vida. “Todas las cosas ha hecho Jehová para sus propios fines, incluso al malvado, para el día malo.” (Prov. 16:4; cf. 3:19-20; Job 38, especialmente versículo 4; Is. 40:12; Jer. 10:12–13). Incluso lo que normalmente se considera una ocurrencia casual, como cuando algo se echa a suertes, es representado como algo hecho por el Señor (Prov. 16:33). Nada puede frenar o frustrar la consecución de su propósito. Proverbios 19:21 NVI dice: “el corazón humano genera muchos proyectos, pero al final prevalecen los designios del Señor.” (cf. 21:30-31; Jer. 10:23-24). Nosotros los humanos, como Job, puede que no entendamos siempre la forma de actuar de Dios para conseguir su propósito en nuestras vidas: “‘¿Quién es el que, falto de entendimiento, oscurece el consejo?’ Así hablaba yo, y nada entendía, eran cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía” (Job 42:3).

Por lo tanto, según el punto de vista del creyente del Antiguo Testamento, Dios había creado el mundo, y estaba dirigiendo la historia, que era el desarrollo de un plan preparado en la eternidad y relacionado con su intención de comunión con su pueblo. La creación en su vasta extensión y los detalles de las vidas individuales se incluyeron en este plan y sucederán sin duda tal como Dios los diseñó. Como resultado, los profetas podían hablar de eventos que estaban por venir con certeza.

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