Espiritualidad
Dios es espíritu; esto es, no está compuesto de materia y no posee una naturaleza física. Esto queda muy claro en las palabras dichas por Jesús en Juan 4:24: “Dios es espíritu, y los que lo adoran, en espíritu y en verdad es necesario que lo adoren,” también queda implícito en varias referencias a su invisibilidad (Jn. 1:18; 1 Ti. 1:17; 6:15-16).
Una consecuencia de la espiritualidad de Dios es que no tiene las limitaciones inherentes a un cuerpo físico. Por una parte, no está limitado a un espacio geográfico o espacial especial. Esto queda implícito en la frase de Jesús: “la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre” (Jn. 4:21). Pensemos también en las palabras de Pablo en Hechos 17:24: “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas.” Es más no es destructible, como lo es la naturaleza material.
Por supuesto, hay muchos pasajes que sugieren que Dios tiene características físicas como manos o pies. Parece más útil tratar estas como antropomorfismos, intentos de expresar la verdad sobre Dios mediante analogías humanas. También hay ocasiones en las que Dios aparece en forma humana, particularmente en el Antiguo Testamento, en teofanías o automanifestaciones temporales de Dios. Parece mejor tomar las declaraciones sobre la espiritualidad e invisibilidad de Dios en su valor nominal e interpretar los antropomorfismos y teofanías a la luz de los mismos. De hecho, el mismo Jesús indicó claramente que un espíritu no tiene carne ni huesos (Lc. 24:39).
En los tiempos bíblicos, la doctrina de la espiritualidad de Dios era un mecanismo para combatir la práctica de la idolatría y el culto a la naturaleza. Dios, al ser espíritu, no se podía representar mediante objetos físicos o similares. Que él no esté restringido por su localización geográfica también contrarresta la idea de que Dios pueda ser contenido y controlado. En nuestros días, los mormones mantienen que no sólo Dios el Hijo tiene cuerpo físico, sino también el Padre, aunque el Espíritu Santo no. De hecho, el mormonismo sostiene que un cuerpo inmaterial no puede existir. Esto queda claramente contradicho por las enseñanzas de la Biblia sobre la espiritualidad de Dios.
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