El propósito de la creación: la gloria de Dios

Aunque Dios no tenía que crear, lo hizo por buenas y suficientes razones, y la creación cumple ese propósito. En particular, la creación glorifica a Dios llevando a cabo su voluntad. Tanto las cosas inanimadas (Sal. 19:1) como las animadas le glorifican. En la historia de Jonás, vemos esto de una forma muy vívida. Todos y todas las cosas (excepto Jonás) obedecieron el plan y la voluntad de Dios: la tormenta, los dados, los marineros, el gran pez, los ninivitas, el viento del este, la calabaza y el gusano. Cada parte de la creación es capaz de cumplir los propósitos de Dios, pero cada una de ellas obedece de una forma diferente. La creación inanimada lo hace mecánicamente, obedeciendo las leyes naturales que gobiernan el mundo físico. La creación animada lo hace instintivamente, respondiendo a impulsos internos. Sólo los humanos son capaces de obedecer a Dios conscientemente y por propia voluntad y por lo tanto son los que más glorifican a Dios.