Necesidad de repetición
Algunos teólogos mantienen que Jesús mismo instituyó la cena del Señor, pero no ordenó que se repitiera. Esta conclusión se basa en el hecho de que Mateo y Marcos no incluyeron la frase “haced esto en memoria de mí” en sus relatos. Algunos críticos de la redacción asumen que Lucas añadió este mandamiento, editándolo al texto, aunque no estaba en la tradición que él había recibido. Pero la ausencia en Marcos y Mateo no prueba que el mandato no fuera auténtico. Lucas podría haber tenido fuentes independientes. En cualquier caso, ya que Lucas escribía bajo la inspiración del Espíritu Santo, su carta es completamente la Palabra de Dios y, en consecuencia, en este punto en particular es autoritativa y obligatoria para nosotros. Además, el relato de Pablo incluye el mandato “haced esto... en memoria de mí” (1 Co. 11:24-25), y continúa: “Así pues, todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga” (v. 26). A estas consideraciones debemos añadir la práctica de la iglesia. Es evidente que los creyentes celebraron la cena del Señor desde una época muy temprana. Desde luego ya se observa en la iglesia en tiempos de la primera carta de Pablo a los corintios (aproximadamente en el 55 d.C.). Esta era la época en la que todavía vivían los testigos oculares, que podrían verificar la autenticidad del relato de Pablo sobre las palabras de Jesús. Estas consideraciones son un argumento a favor de que el mandato de repetir el sacramento procediese de Jesús.
También necesitamos preguntarnos cuál sería el significado de la cena del Señor si no hubiera habido un mandamiento de repetirlo. En ese caso, el pan y el vino habrían tenido importancia sólo para el grupo que estaba presente. Los elementos habrían constituido una especie de demostración práctica para los Once. Y el relato de la última cena se habría incorporado a los evangelios sólo como un hecho histórico. Sin embargo, sabemos que en el momento de los escritos de Marcos (aproximadamente 60-62 d.C.) ya no había una necesidad imperiosa de hacer un relato histórico de la última cena (al contrario de lo que ocurría con la mayoría de los otros hechos del ministerio de Jesús). El relato histórico detallado y didáctico de Pablo ya estaba en circulación. Que Marcos y los otros sinópticos decidieran incluir un relato de la última cena sugiere con fuerza que ellos consideraban que era algo más que un mero suceso histórico. Es razonable deducir que incluyeron la cena del Señor en sus evangelios porque Jesús pretendía que esta fuera una práctica que continuase en generaciones futuras. En ese caso, la inclusión de la cena del señor en las narraciones de Mateo y Marcos es evidencia de que el rito se debía repetir con regularidad, incluso aunque esos dos escritores no recojan ningún mandamiento sobre este particular.
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