Sensualidad

Una sugerencia es que el pecado es sensualidad. Esta era la idea de Friedrich Schleiermacher entre otros. Según este concepto, el pecado es una tendencia de la naturaleza más baja o naturaleza física que controla la naturaleza más alta o espiritual. Esto hace que las advertencias de Pablo en contra de vivir “de acuerdo a la carne” se toman de forma bastante literal, y se base el pecado en el aspecto físico o material del humano. Esta concepción, que a menudo asume que la materia es inherentemente mala, es también destacada en el pensamiento de Agustín; en su caso procede de su propia lucha contra la sensualidad.

Por llamativa que parezca esta idea por su simplicidad, sin embargo tiene puntos débiles significativos. Por una parte, parece descartar el hecho de que muchos pecados, y quizá los peores, no son físicos en su naturaleza. En el famoso catálogo de pecados de Pablo en Gálatas 5:19-21, muchos son desde luego “obras de la carne” en sentido literal: inmoralidad sexual, impureza, libertinaje, borrachera y orgías. Pero algunas son definitivamente más “espirituales” por su naturaleza: odio, discordia, celos, rabia, ambición, disensiones, intrigas y envidias. La idea de que el pecado es sensualidad tiene que mantener que el contacto del alma o el espíritu con un cuerpo corrupto produce esos pecados “espirituales”. Pero en este punto el significado de la sensualidad parece haberse estirado demasiado.

Además, el control rígido de nuestra naturaleza física no parece tener ningún efecto destacable en nuestro grado de pecaminosidad. Los ascetas intentan tener bajo control sus impulsos físicos, y a menudo lo consiguen en gran medida, sin embargo no por ello son menos pecadores. Puede haber otros pecados presentes, como el del orgullo. La naturaleza pecadora que se reprime en un área, simplemente obliga a expresarse en otras áreas. Esto suele ocurrir también con las personas mayores. Aunque sus pasiones físicas están considerablemente disminuidas, pueden presentar grandes muestras de irritabilidad, impaciencia o algo similar.

Es más, la idea de que el pecado es esencialmente sensualidad es una forma equivocada de entender el término “carne,” especialmente tal como lo utiliza Pablo. Por lo tanto, debemos concluir que la idea de que la sensualidad es el principio esencial del pecado es inadecuada.

 

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