Explicaciones inadecuadas
Debemos preguntarnos ¿En qué sentido se puede decir que Cristo está en nosotros y nosotros en él? ¿Estas expresiones son totalmente metafóricas o hay en ellas algún referente literal? Algunas de las explicaciones que se han dado anteriormente no explican adecuadamente lo que implica esta doctrina. Entre ellas están las siguientes:
1. La idea de que nuestra unión con Cristo es metafísica. La idea subyacente aquí es el concepto panteísta de que somos uno en esencia con Dios. No tenemos existencia si no es con Dios. Somos parte de la esencia divina. Cristo es uno con nosotros gracias a la creación más que a la redención. Esto significa que es uno con todos los miembros de la raza humana, no sólo con los creyentes. Sin embargo, esta explicación va más allá de la enseñanza de las Escrituras; todas las declaraciones bíblicas sobre la unión con Cristo pertenecen exclusivamente a los creyentes. Varios pasajes dejan claro que Cristo no vive e todos y que no todos están en Cristo (por ejemplo 2 Co. 5:17).
2. La idea de que nuestra unión con Cristo es mística. La relación entre el creyente y Jesús es tan profunda y absorbente que el creyente prácticamente pierde su propia individualidad. Jesús controla tanto la relación que la personalidad humana queda casi eliminada. Esta experiencia cristiana se puede comparar con la de los fanáticos de los deportes o los que asisten a conciertos cuya atención está tan concentrada en lo que ocurre en el campo o en el escenario que no son conscientes del paso del tiempo, ni del lugar en el que están ni siquiera de sí mismos. La relación no es tanto que el creyente lleve la vida que Jesús le conduciría a llevar como que en realidad Jesús esté al mando y viviendo la vida de esa persona. El creyente es tan susceptible a las órdenes del Señor que más bien parece estar casi hipnotizado.
Los que defienden esta teoría mantienen que la obediencia total a la voluntad del Señor es algo alcanzable en esta vida. Ese objetivo, por supuesto, es muy recomendable. Se debe señalar también que hay pasajes que parecen apoyar esta posición, por ejemplo Gálatas 2:20 donde Pablo dice: “ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”. Sin embargo, un examen más detenido revela que este texto no enseña que la personalidad individual queda eliminada, porque Pablo continúa diciendo: “lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. Aquí es Pablo el que vive: vive en la fe de Cristo. Otras referencias pertinentes incluyen las palabras de Jesús en Juan 14:12: “El que en mí cree, las obras que yo hago, él también las hará; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre”. De forma similar, en el momento en que va a irse de la tierra dice: “pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra” (Hch. 1:8). En estos pasajes Jesús no sugiere que él vaya a hacer el trabajo mientras los discípulos vayan a permanecer totalmente pasivos. Ellos lo harán, aunque con la energía que él proporcione. Estos y otros pasajes dejan claro que por fuerte que sea la influencia de Cristo en el creyente siempre seguirán siendo dos. No se fusionarán en una sola personalidad, ni la de uno absorberá la del otro.
3. Un tercer modelo ve nuestra unión con Cristo como la unión entre dos amigos o como la unión entre un maestro y un estudiante. Es la unidad psicológica resultante de compartir los mismos intereses y de estar comprometidos con los mismos ideales. Esto podría llamarse una unidad comprensiva. Es una unión externa. Uno influye en el otro principalmente a través del discurso o del ejemplo; por ejemplo, el profesor influye en el estudiante principalmente a través de la instrucción que imparte.
Si el segundo modelo falla al hacer la conexión entre Cristo y el creyente demasiado fuerte, el tercer modelo la hace demasiado débil. Porque considera que la relación entre el cristiano y Jesús no es de una clase diferente a la que podría haber tenido un creyente con el apóstol Pablo o con Juan el Bautista. Sin embargo, seguramente cuando Jesús prometió que permanecería con sus seguidores, tenía en mente algo más que sus enseñanzas. Por supuesto, en su último gran discurso a sus discípulos antes de su muerte, distinguió entre sus enseñanzas y su presencia personal: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada con él” (Jn. 14:23). Es obvio que estaba prometiendo una relación que iba más allá de la que Karl Marx o Sigmund Freud tenían con sus discípulos.
4. Un cuarto modelo es el sacramental: el creyente obtiene la gracia de Jesucristo recibiendo los sacramentos. De hecho, uno realmente toma a Cristo para sí participando en la Cena del Señor, comiendo la carne de Cristo y bebiendo su sangre. Este modelo se basa en una interpretación literal de las palabras de Jesús al instituir la Cena del Señor “esto es mi cuerpo...esto es mi sangre” (Mt. 26:26-28; Mr. 14:22-24; Lc. 22:19-20). Interpreta de forma similar las palabras de Jesús en Juan 6:53: “De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros”. En gran medida, el punto de vista sacramental de nuestra unión con Cristo se basa en una interpretación literal de estos versículos. Sin embargo, tomar estos pasajes en el sentido más literal parece equivocado y conduce a conclusiones casi ridículas (por ejemplo, que la carne y la sangre de Jesús son simultáneamente parte de su cuerpo y elementos de la eucaristía, tal como denominan a menudo a la Cena del Señor los sacramentalistas). Una dificultad añadida en el punto de vista sacramental de la unión es que un intermediario humano administra los sacramentos. Este concepto contradice las declaraciones de Hebreos 9:23-10:25 de que Jesús ha eliminado la necesidad de mediadores y que podemos acercarnos directamente a él.
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