Beneficios de la crítica de la redacción
¿No es beneficioso el uso prudente de la crítica de la redacción si los criterios de autenticidad se hacen más razonables y algunos de las suposiciones metodológicas subjetivas se eliminan o se restringen?
Hay por lo menos dos significados en la crítica de la redacción, uno más amplio y otro más estrecho. En el sentido más estrecho, se refiere a la escuela de eruditos alemanes cuyos miembros (no todos de nacionalidad alemana) se consideran a sí mismos como los sucesores de los críticos de las formas. En un sentido más amplio, incluye todas las obras en las que los Evangelistas no son tratados como meros compiladores, sino como autores con un punto de vista o incluso con una teología propia. En este último caso, ha habido críticos de la redacción a lo largo de gran parte de la historia de la iglesia, incluso antes de que surgieran los métodos modernos de la crítica. Ellos simplemente intentaron ver las formas distintivas en que cada autor adaptó y aplicó el material que había recibido.
Algunos eruditos evangélicos de la Biblia han abogado por un uso restringido de la crítica de la redacción. Señalan que el fallecido Ned B. Stonehouse del seminario de Westminster estaba utilizando sus métodos más sólidos incluso antes de que la escuela de la crítica de la redacción se desarrollara. Ellos apoyan el uso de sus técnicas, pero sobre la base de presuposiciones que estén en armonía con las afirmaciones de la Biblia. La crítica de la redacción se considera como un medio para dilucidar el significado de los pasajes de la Biblia, en lugar de un medio para hacer juicios negativos sobre la historicidad, autenticidad y cosas así. Grant Osborne enumera las siguientes aportaciones de la crítica de la redacción:
1. Una crítica de la redacción sana puede ayudar a refutar el uso destructivo de las herramientas de la crítica y confirmar la veracidad del texto.
2. Describir dónde está el énfasis en la redacción ayuda al erudito a determinar dónde ponían el énfasis particular los Evangelistas.
3. El uso de las herramientas de la redacción ayuda a resolver los problemas sinópticos.
4. Observando cómo un evangelista en particular adapta y aplica el material que ha recibido, podemos tener una idea de cómo el mensaje de Cristo se puede adaptar a las nuevas situaciones que afrontamos.
La actividad de los Evangelistas incluía, pues, la interpretación. Ellos estaban tomando las palabras de Jesús y las parafraseaban, ampliándolas o condensándolas. Sin embargo, seguían siendo fieles a las enseñanzas originales de Jesús. Al igual que hoy un predicador o un escritor pueden expresar lo mismo de una forma distinta, o variar la aplicación dependiendo de quién sea su audiencia, así los Evangelistas adaptaban, pero no distorsionaban, la tradición. Y hay que rechazar la idea de que ellos realmente estuvieran creando enseñanzas de Jesús, poniendo en su boca ideas y palabras que procedían de ellos mismos. No tenemos exactamente las palabras que Jesús dijo, pero tenemos la sustancia de lo que dijo. Tenemos lo que Jesús hubiera dicho si se estuviera dirigiendo al mismo grupo de personas al que se dirigía el evangelista. Por lo tanto los escritores de los Evangelios no pueden ser acusados de representar o interpretar mal lo que Jesús dijo.
Algo en lo que difiere la variedad más conservadora de la crítica de la redacción de la variedad más escéptica es en sus explicaciones sobre la naturaleza precisa de la obra de redacción del evangelista. Hay varias posturas posibles, por ejemplo, con respecto al origen de un dicho de Jesús que encontramos en uno de los Evangelios pero no en la tradición. Una postura es que este dicho debe representar una creación por parte del escritor, una imposición de su propio punto de vista sobre Jesús. Una segunda postura es que un dicho que se encuentra en la Biblia, pero no en la tradición, puede haber sido un intento de dar expresión a la experiencia vital de los creyentes con el Señor resucitado. Esto es, puede que haya sido un intento de relacionar el entendimiento que la iglesia primitiva tenía respecto de su situación directamente con la figura de Jesús. Una tercera posibilidad es que aunque el dicho en cuestión no fuera pronunciado por Jesús durante su ministerio en la tierra, no obstante fuera revelado especialmente por el Señor al evangelista. Una cuarta posibilidad es que el dicho fuera realmente pronunciado por Jesús durante su ministerio en la tierra, pero que la tradición no lo conservara. Era algo que el escritor del Evangelio conocía, pero no por la tradición. Podría ser gracias a otras fuentes, o si había sido testigo presencial, por lo que recordaba o por las notas tomadas, e incluso podría tratarse de una revelación directa de Dios. Sólo en el caso de las dos primeras posturas podría apreciarse un cuestionamiento sobre la veracidad de las Escrituras. Y donde las Escrituras, en contraste con lo que hemos estado discutiendo ahora mismo, reflejan realmente el material tradicional, pero de forma modificada, lo que tenemos no son cambios en las enseñanzas de Jesús, lo que se está haciendo es “destacar distintos matices de significado” dentro de esas enseñanzas.
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