Crítica de la respuesta del lector
El estructuralismo es un enfoque de mutualidad entre el texto y el lector. Cada uno de ellos espera transformar al otro. Sin embargo, desde finales de los 60 la crítica bíblica tomó cada vez más la dirección de la supremacía del lector sobre el texto. Esto es particularmente cierto en el complejo de enfoques conocidos en términos generales como crítica de la respuesta del lector. Por lo tanto han surgido distintos tipos de metodologías hermenéuticas y críticas, conocidas como postestructuralismo, teoría de la respuesta del lector o deconstrucción. Para nuestros propósitos, de aquí en adelante consideraremos la crítica de la respuesta del lector como la representativa del grupo, aunque hay otros muchos tipos de puntos de vista subjetivos y muchas variedades que van con este nombre general. De muchas maneras, se asemeja bastante a la deconstrucción, ya que es una secuela y en cierta manera una reacción contra el estructuralismo.
Estos distintos tipos de crítica posmoderna a menudo se consideran opuestos a la crítica histórica. En la actualidad muchos defensores los ven como suplementos más que como sucesores del método histórico. Sin embargo, Fred Burnett probablemente tiene razón cuando caracteriza la crítica histórica como una crítica que busca un conjunto aceptable de significados determinados para un texto, mientras que los estilos de lectura posmoderna enfatizan la “indeterminación, la producción de significados por parte del lector, y, en muchos casos, el rechazo a apelar al criterio del consenso para juzgar entre distintas lecturas.” Interpreta que la crítica histórica puede acomodar los enfoques centrados en el lector y sobrevivir, pero que tanto la crítica como el método requerirán metamorfosis.
A Stanley Fish, probablemente el más radical de los críticos de la crítica de la respuesta del lector, normalmente no se le asociaba con la escuela deconstructiva de Derrida, Foucault y los críticos de Yale, pero su crítica recuerda mucho la de ellos. Normalmente se le ve como el crítico más influyente de la crítica de la respuesta del lector que, según Burnett, “se ha convertido en la última ‘cámara de descompresión’ para los muchos críticos de la redacción antes de que salgan a la superficie de la crítica (post)moderna.” Fish argumenta fuertemente en contra de que el significado esté incrustado en el texto y que la tarea del lector sea extraerlo. Al principio Fish defendía la posición general de la respuesta del lector de que el significado surge en la relación dialéctica entre el texto, como objeto, y el lector como sujeto. Más tarde llegó a la conclusión de que esto era una equivocación. Hacia 1980, él había “superado” la ilusión de que hubiera un significado encerrado en el texto. Dice de su primer punto de vista: “Hice lo que siempre hacen los críticos: ‘vi’ lo que mis principios interpretativos me permitían o me conducían a ver, y después atribuí lo que había ‘visto’ a un texto y a una intención. Lo que mis principios me conducen a ver es que los lectores realizan actos.” Expuso su nueva posición de forma muy directa: “La respuesta del lector no surge del significado, es el significado.”
Sin embargo, Fish introduce la comunidad como un factor que él cree que es objetivo. Un lector individual no es libre para encontrar cualquier cosa en el texto, porque está constreñido por la comunidad de la que forma parte. Dice: “ellos [los significados] no serán subjetivos porque ese punto de vista siempre será social o institucional.”
La mayoría de los críticos y hermeneutas no han ido más allá de Fish en su enfoque hacia el texto. Algunos han utilizado elementos de la teoría de la respuesta del lector, pero han seguido más de cerca el enfoque de Wolfgang Iser, al cual Fish criticó duramente. Entre ellos están Susan Wittig James L. Resseguie, Robert Fowler, Jouette M. Bassler y Alan Culpepper. En algunos casos, como en la obra de Culpepper, el enfoque de la respuesta del lector es uno de los varios elementos dentro de la metodología interpretativa.
Algunos eruditos del Nuevo Testamento han empezado a dar más crédito a la crítica más radical de la respuesta del lector de Fish y de otros como Jeffrey Stout. Uno de estos es Stephen Fowl. Él señala que el enfoque usual en la interpretación bíblica es encontrar el significado del texto. Recurriendo al pensamiento de Fish y Stout, cree que la búsqueda del significado en los textos es fundamentalmente improductiva, porque la idea de lo que cuenta para el significado varía de forma tremenda, en parte dependiendo de dónde se realice el trabajo. Está de acuerdo con Stout en que no hay manera de juzgar entre los conceptos del significado del texto que están en competición, menos aún entre teorías de la interpretación. Él por lo tanto recomienda que los que hacen los estudios bíblicos “abandonen discusiones sobre el significado y adopten la posición de Stout de resolver las disputas sobre el significado explicando estas disputas como intereses interpretativos.”
Otro que comparte esta orientación general es Stanley Porter, que lamenta lo que parece una falta de utilización de la metodología de la respuesta del lector por parte de los eruditos del Nuevo Testamento. Comparte el punto de vista de Fish de que buscar un contexto extralingüístico relacionado con las situaciones que hay tras el texto es imprevisible y por lo tanto decepcionante. Critica a Petersen, Fowler, Resseguie, Staley y Culpepper, concluyendo que la crítica de la respuesta del lector...en los estudios del Nuevo Testamento...está rezagándose definitivamente de los desarrollos en el campo de la literatura secular. A la luz de esas voces que se alzan y de la creciente influencia de formas incluso más radicales de interpretación, como la deconstrucción, podemos anticipar que la fuerza de una crítica de la respuesta del lector más radical crecerá en los próximos años. De hecho, parece que esto ha estado sucediendo desde el ensayo lastimero de Porter.
Es necesario señalar algunas de las implicaciones de este punto de vista. Los críticos de la respuesta del lector han llamado la atención de forma encomiable sobre lo que en realidad a menudo es el caso, que es que los intereses del lector afectan a la comprensión de lo que dice el texto. Sin embargo, en lugar de preguntar cómo se puede neutralizar o reducir esto, estos intérpretes trabajan desde esa diversidad como algo dado y cambian la localización misma del significado. No obstante, surgen varios problemas.
1. La cuestión del significado se aplica no sólo al texto bíblico, sino a todos los textos, incluyendo la discusión sobre el significado de la crítica de la respuesta del lector y el texto bíblico.
2. Este enfoque parece dividir las teorías del significado en formalistas o contextual-pragmáticas. No obstante Wittgenstein, rechazando lo absoluto del formalismo, no encuentra necesario moverse completamente hacia una posición como la de Fish. Dice: “No hay que decir: ‘Debe haber...’ sino mirar a ver si hay.” En otras palabras, Fish parece ser culpable del mismo enfoque normativo hacia el lenguaje que caracterizaba al positivismo lógico.
3. El llamamiento a la comunidad no resuelve las tendencias inherentes al subjetivismo. La comunidad es sólo una visión más amplia del individuo. Desde luego, como señala Wittgenstein, en un nivel de sofisticación el individuo debe evaluar y escoger la comunidad de la que forma parte. De hecho, no ser ciudadano de una comunidad de ideas es lo que hace filósofo a un filósofo.
4. Si se toma en serio, esta filosofía, que Thiselton llama “filosofía socio-pragmática,” nunca podría ser más que una filosofía narrativa, contando la historia de una tradición filosófica particular. En teoría, este enfoque es únicamente una historia entre muchas. Sin embargo, como ha señalado Christopher Norris, hay un rechazo hacia otras historias de una naturaleza más definitiva o restrictiva: “Bajo las credenciales liberal-pluralistas, esta narrativa cierra muy cuidadosamente todas las salidas excepto la denominada ‘James y Dewey.’
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